“Ustedes deben dar testimonio de estas cosas”
¿Quieres educar a tu hijo? ¿Cómo hacerlo? Con el ejemplo.
Tu hijo no crecerá si tú permaneces quieto, inoperante, estático. Es verdad que al principio observará lo que haces, contemplará cada acto y tu modo de proceder; pero ese tiempo es pasajero, porque su verdadero crecimiento se manifestará en la acción.
La solemnidad de la Ascensión se celebra contemplando a Jesús; pero el mismo Jesús nos pide, en cierto sentido, “ascender a la tierra”: es decir, subir hacia los problemas de los pobres, hacia los retos de la vida, hacia la superación del miedo, hacia la acción, la misión y la evangelización.
Lo verdaderamente extraordinario de la Ascensión no es un hecho espectacular, como si Jesús se elevara al cielo entre efectos especiales. Lo esencial es que este acontecimiento confirma su divinidad y, por tanto, fortalece nuestra fe: una fe bien fundamentada, respaldada por el mismo Jesús y sostenida por el testimonio.
La Ascensión desborda toda medida geográfica. Ocurre en un lugar significativo: un espacio de reposo, de consuelo y de restauración corporal y espiritual; un lugar cercano al corazón de sus grandes amigos. Allí, donde nace el sol y el aire fresco deja percibir el susurro y la caricia de Dios. Así es: Jesús no asciende en Jerusalén, sino en Betania.
Ascender a la realidad de los pobres es un imperativo de la misión de la Iglesia. Así lo ha comprendido el papa Francisco, y así estamos llamados a vivirlo nosotros.


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