T.O. XXVI; A: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña ”

Hijos o esclavos


Los fariseos cuestionan a Jesús, obra de James Tissot que se encuentra en el Museo Brooklyn. En el marco de una controversia en la cual los sumos sacerdotes cuestionaron la autoridad de Jesús de Nazaret, él responde relatando la parábola de los dos hijos.


XXVI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

 

Hoy, un padre habla a sus hijos; les hace una invitación sincera, y les deja libres para responder.  Hoy, un padre, nuevamente resalta la humildad de un hijo para obedecer. Hoy, otra vez, su misericordia es la buena noticia y nos incluye en esta historia. 


El contexto del evangelio es familiar, íntimo. Un Padre, invita “hoy” ir a trabajar a la viña. Hoy, el padre, no el patrón, te invita a trabajar como hijo no como un sirviente.


Entonces, somos hijos invitados, hoy, a trabajar en la viña. Cada uno sabemos la calidad de hijo que somos, para que vea el público o para que vea Dios. 


Dos hijos que en la relación con el Padre ponen en evidencia la relación o la calidad de comunicación que tienen.


Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.


Como muchas veces hemos respondido mal o de una fea manera a nuestro Padre, aprovechándonos de su confianza, de su amor. Una confianza que te hace ser espontáneo, sincero. También sientes que la viña del padre es tuya. En esta viña, el trabajo de hoy y la providencia traerán los frutos. Entonces, terminas, con el corazón triste pero lleno del amor en la viña del Padre.


Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.


Voy Señor. El señor, es de mucho respeto. Es como el Patrón y yo su sirviente. El decir “Sí”, es más fácil. El Señor patrón, tiene palabras respetables, pero no mueven mi vida. El manual del trabajador vale dentro del centro de trabajo.


«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.  

Los pecadores entran en el reino de los cielos, antes que las autoridades religiosas del tiempo de Jesús, no porque son pecadores, sino porque son capaces de cambiar, de obedecer, de acoger la buena noticia.


La obediencia no está hecha de palabras estériles, sino de palabras concretas, de acciones precisas. “no todo el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de Dios, sino quien hace la voluntad del Padre”.


Finalmente, quiénes somos: como los sumo sacerdotes y ancianos sólo miramos las formalidades y apariencias. Como prostitutas o publicamos que finalmente descubrieron tesoros en sus corazones y a un Dios misericordioso. O como los hijos, comprometidos con los buenos frutos en la viña de nuestro Padre.

 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».



Poema: Hijos a Trabajar

 

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