A trabajar: hijos o esclavos

 Hijos o esclavos


 

Hoy te acercas a mí, a mi vecino, a mi hermana, …

Para hacernos parte del jornal de tu providente viña,

La pandemia ha dejado en el anciano y en aquella niña,

El dolor en el alma, el hambre y el azar del mañana.

 

Hoy se cultiva la uva en tu viña, y no ayer, ni mañana,

Mira el migrante postergado, el niño sin aula ni juegos,

El sacerdote sin fieles, y los hospitales sobrepoblados,

Mira, el trigo de la viuda se ahoga, la maleza se enmaraña.

 

Y ahora, mira, en la familia carecemos ya de alguna presencia.

Pero te acercas con ternura y nos dices “hijos” y no esclavos;

“hijos obedientes” con la humildad aprendida en pandemia,

Con nuestra sinceridad y/o apariencia de los tipos de hermanos.

 

Ahora soy tu hijo, sí, lleno de reclamos y berrinches,

Con palabras espontáneas de enojo, ¿será por la confianza?

Pero pronto llegaron tus palabras a mi corazón, y pensé:

Es también mi viña, tu sangre, el pan y nuestra esperanza.

 

También soy tu hijo, pero te veo como a un Señor, lejano,

Me siento tu esclavo, reniego, pero no pierdo los modales,

Es más fácil decirte “Sí” y seguir mi vida, sólo, mi camino,

Voy perdiendo la viña, el cosmos, un Padre y familiares.

 

Hoy, que las prostitutas llegan primero al cielo,

No por sus pecados sino por su arrepentimiento,

No maquillaron su alma ni su corazón contrito,

Recíbeme padre, otra vez, como al pródigo hijo.

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