V Domingo del tiempo ordinario, C: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres»

  Abandonar las redes


Asuntos de la vida de Jesús y los apóstoles: la pesca milagrosa.Siglo XVI. Óleo sobre lienzo, 130 x 175 cm Depósito en otra institución

 

V Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

 


 

“Este es mi último mensaje por este medio, las redes me están quitando mucho tiempo valioso de estudio y de convivencia familiar. Gracias por su comprensión. Deshabilitaré mi cuenta, y me comunicaré por el teléfono,…”

 

Un día encontré este mensaje de una amiga de Facebook. Yo, no contesté el mensaje porque seguro era obvio el ‘corte’ de comunicación. La amiga estudiaba derecho, publicaba selfies y fotografías de sus reuniones y mascotas. La decisión fue como ponerse lejos de la orilla del río digital para observar cómo había postergado estudios, esposo, e hijos. Se había sometido a la tarea de lavar sus propias redes, improductivas y vanas, de noches frías y apesadumbradas.

 

Dejar las redes puede ser una oportunidad para tomar el timón de tu propia vida y seguir el faro, darle el sentido a la vida. Y no sólo la vida, la paz interior, sino también la fe, en qué y en quién confías, cómo vas en el amor y en la resolución de conflictos, qué piensas de la muerte en pandemia.

 

Aguas superficiales

Ponte a mirar tu vida, cómo hablas con tu hermano y cómo lo haces con tus amigos, cuánto inviertes en tus amigos y cuánto en tu madre. ¿Quién lo necesita más? A la orilla hay gente triste, con hambre, pero sedienta de escuchar las palabras que transformen la soledad y la insignificancia. Tienes la opción de lavar redes vacías, mal olientes, o de tener palabras de esperanza, de fortaleza, aquellas que despierten la confianza.

 

La conexión de la tierra con el mar no sólo es el viento y el sonido de las olas, en la escena de los pescadores, está el mismo Jesús dándoles palabras de vida eterna y también les dará peces. Sin la fe la pobreza se hace más cruda y desnutre la esperanza.

 

Aguas profundas

Nos da miedo entrar en lo más profundo de nuestra vida. Incluso, tenemos poca práctica de adentrarnos en nosotros mismos. Conectar el cerebro con el corazón no es fácil, lograrlo ya roza con la felicidad. La amiga que inhabilitó sus redes estaba a las puertas del divorcio, su hija tenía problemas de conducta y ella cursaba la depresión y el ‘descontento crónico’ de “tanto bregar toda la noche”, etc. 

 

¿Alguna vez has tenido la oportunidad de pedir a Dios para no seguir diciendo o haciendo estupideces? Quizá sea difícil identificar las aguas profundas. Te propongo por ejemplo la confianza. Cuentan que una vez una pareja se compró un carro de alta gama, manejaba el esposo, un día se fracturó la pierna y le aconsejaron sus amigos que le permita a la “empleada del hogar” manejar. El hombre fracturado dijo que su carro no lo dejaría conducir a nadie, y si le choca, o no le cambia el aceite a tiempo, etc. Entonces le respondieron: “pero confías el cuidado de tus dos hijos”. Ubica tu confianza y el valor que das a las personas.

 

La confianza de un experto pescador

Si hablamos de pescadores, Pedro era un experto, sabía dónde echar las redes, la hora precisa, y de hecho nunca metería las redes a plena luz del sol. Pero, en esta escena muestra una confianza inusual, después de todo ya había fracasado en la oscuridad y en aguas profundas. 

 

La pesca abundante es por ello sorprendente, los peces no han huido, también se agolparon a las redes, en más cantidad que la multitud de personas deseosas de conocer las aguas profundas. 

 

Pedro y los pescadores han sido interpelados. Así como Isaías y Pablo, o como la que usa el tiempo de las redes para devolver el amor a la familia. Esa palabra de confianza en aguas profundas les hizo cambiar de horizontes, lo inusual les llevó más allá de las maldiciones e insatisfacciones.

 
Pesca de pescadores

Estos lobos marinos tienen la fuerza para enfrentar tempestades. Son astutos para llevar pescado a la mesa de su pueblo y por ello deben ayudar en la alimentación de algo más sublime, divino, eterno.

 

Los pescadores curtidos han sido pescados por una palabra que transporta más allá de las profundidades marinas. Ya con Jesús en la barca no hay fracasos. Lo entretenido del itinerario de su fe recién comienza, con suficiente horizonte en sus mentes. Si no fue impactante por qué dejaron sus redes y la pesca milagrosa, yo hubiera pensado vender la abundancia y después darle el alcance a Jesús.

 

Si bregas noches oscuras buscando alimentar tu cuerpo, vida, familia y te sigue dando sensación de hambre, inconformidad, inutilidad, esclavitud, … Entonces, queda confiar y echar las redes en “su nombre” aunque creas que eres un experto o una sagaz pescadora. En todo caso, la deriva desespera, y no hay puerto seguro si no tienes un Faro.

 
Palabra del Papa Francisco

 

El evangelio de hoy narra como Pedro confía en el Señor y tira las redes obteniendo una pesca milagrosa, tras una noche de trabajo en vano. La fe es un encuentro con Jesús y me gusta pensar que Jesús pasaba la mayor parte de su tiempo en las calles, con la gente, y al anochecer se retiraba solo a rezar.

 

El evangelio usa la misma palabra sobre esta gente, sobre el pueblo, los apóstoles, y Pedro: se quedaron asombrados. Y el pueblo sentía este estupor y decía: Él habla con autoridad. Nunca un hombre ha hablado así.

 

En cambio entre los que encontraban a Jesús había otro grupo que no dejaba entrar en sus corazones al asombro. Los doctores de la Ley hacían sus cálculos, tomaban distancia y decían; 'es inteligente, dice cosas verdaderas, pero a nosotros no nos conviene'.

 

Los mismos demonios confesaban que Jesús era el 'Hijo de Dios', pero como los doctores de la Ley y los malos fariseos no tenían la capacidad de asombrarse, estaban cerrados en su autosuficiencia, en su soberbia. Pedro reconoce que Jesús es el Mesías, pero confiesa que es un pecador. Los demonios llegan a decir la verdad sobre él. Mientras que los doctores de la Ley si bien dicen es inteligente, es un rabino capaz, hace milagros, no dicen somos soberbios, somos autosuficientes, somos pecadores. La incapacidad de reconocerse pecadores nos aleja de la verdadera confesión de Jesucristo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2015, en Santa Marta).

 

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».
Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Y Jesús dijo a Simón:
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

PINTURA:





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