XXVIII Domingo del tiempo ordinario (C): «tu fe te ha salvado». Jesús sana a 10 leprosos

Jesús sana a todos los leprosos, sin discriminar ni importar las respuestas. Les ha mandado a ver al sacerdote para ser limpiados, pero sólo uno ha regresado al sacerdote eterno y ha recibido la auténtica salvación.



James Tissot - La curación de diez leprosos - Museo de Brooklyn

XXVIII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

 

El leproso agradecido

 

No estigmatizar ni discriminar

La viruela del mono es una enfermedad muy comentada y temida porque aparecieron brotes en varios países. Se origina en África por un virus que ocasiona erupciones en la piel, parecidas a granos o ampollas. Cualquier persona puede contagiarse si tiene contacto estrecho y personal, a menudo piel a piel, con alguien que tenga el virus.

 

Ante el miedo y los comentarios, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha explicado los riesgos, deteniéndose sobre todo en un llamado a no estigmatizar a las personas por una enfermedad. Es decir, un problema de salud resulta ser también un conflicto con implicancias homofóbicas, xenofóbicas. Algo parecido, sigue sucediendo con mitos e ideas equivocadas sobre el VIH Sida, después de 40 años de pandemia, por ejemplo, en una encuesta realizada a 55.000 personas en 50 países revela que sólo una de cada dos personas sabe que el VIH no se transmite al compartir el baño; cuatro de cada diez cree que no se debería permitir a las personas que viven con el VIH trabajar directamente con quienes no lo tienen, y hasta seis de cada diez personas apoyan la obligatoriedad de las pruebas del VIH antes de poder trabajar.

 

Los organismos de salud suelen pedir a todos la prevención y educación ante las enfermedades, las pandemias. No sólo la salud corporal, sino también la buena convivencia, el respeto. Y ahora, en la parábola de los 10 leprosos los ojos de Jesús miran y sus palabras se dirigen a todos por igual, aunque sólo uno resulta ser agradecido, fue más allá de clamar por la salud, penetró en el misterio de la salud espiritual, donde la humildad le posibilita sanar ‘las pestes’ que están muy legadas a la vida cotidiana.

 

Un mal interior - lepra

¿Estigmatizar a los enfermos tiene que ver con una búsqueda de las causas? La lepra se veía como una manifestación exterior de la impureza interior. La connotación religiosa de pureza estaba asociada a la enfermedad. Es decir, la lepra implicaba la discriminación total, una cruel muerte lenta sin familia, sin preocupación de los pastores religiosos y menos de los líderes políticos.

 

La prueba de que los leprosos no se olvidan de Dios es que gritan: "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros". Por ello, el prejuicio de que la lepra era consecuencia de la ausencia de Dios era falso, ellos son sanados por Jesús, sin importar que algunos sigan con otra versión de lepra corrosiva para la convivencia humana.

 
Un mal interior detrás de los “mal agradecidos”

El utilitarismo se ve inmediatamente en los que apenas tienen el servicio se olvidan del servidor. O en los que tienen voces para clamar ayuda, y al recibirla se alejan. Es como que la gratuidad no les mueve.

 

La compasión les decoró la piel, pero interiormente siguen con los resentimientos sin motivos ni causas. El problema en su cerebro son los demás, concentrados en su ‘yo y solo yo’, no mueven una aguja si no ven su propio beneficio. Es decir, si no agradecen la solidaridad menos podrán ser auténticamente solidarios. Conocen la gratuidad y nada lo dan gratis.

 

Cada uno podrá identificar las “lepras contemporáneas”: recibir los bienes de Dios y no agradecerle; exponer familias a causa del lavado de activos; arruinar hogares con amoríos fugaces; frustrar sueños a cambio de unas monedas de la corrupción; ganar bienes dejando con astucia e injusticia; etc.

 

No pierdas la fe

Esta fe es un motor para la alabanza, la emoción, el agradecimiento. Pero no es sólo un momento, sino en muchos vitales. La fe les ha sanado las heridas a 10 leprosos, pero la fe en el eterno sacerdote le ha sanado a uno solo en el sentido pleno de la palabra: la gracia, ser agradecido, ser curado, alabar, bendecir, predicar. La fe ya no queda en el secreto de su corazón, sino que es anunciada con mucha alegría.

 

Que tengas un día de acción de gracias a Dios y a quienes te acompañan en el camino de la vida, especialmente a superar las lepras contemporáneas. El domingo 9 de octubre será canonizado en San Pedro el apóstol de los trabajadores obligados a abandonar su patria: Giovanni Battista Scalabrini, el obispo que luchó contra la miseria y la explotación.


De hecho, el nuevo santo fue uno de los primeros en teorizar, como muestra un pasaje de la Antología: una voz viva (scalabriniani.org/giovanni-battista-scalabrini-scritti), el "derecho natural" de los hombres a emigrar. Una tesis también cantada a finales del siglo XIX por anarquistas como Francesco Bertelli ("La casa es de quien la habita/ quien la ignora es un cobarde/ el tiempo es de los filósofos/ quien trabaja lo conservará"), pero quizá nunca resumida con la profundidad y la fe del obispo emilianense.

 

Felicidades a la comunidad escalabriniana, encargada de la pastoral del migrante en Roma. Dios les siga bendiciendo con las estrategias pastorales adecuadas para acompañar con la esperanza y la fe a los migrantes en el mundo.




 
Palabra del papa Francisco

Para saber agradecer se necesita también la humildad. En la primera lectura hemos escuchado el episodio singular de Naamán, comandante del ejército del rey de Aram (cf. 2 R 5,14-17). Enfermo de lepra, acepta la sugerencia de una pobre esclava y se encomienda a los cuidados del profeta Eliseo, que para él es un enemigo. Sin embargo, Naamán está dispuesto a humillarse. Y Eliseo no pretende nada de él, sólo le ordena que se sumerja en las aguas del río Jordán. Esa indicación desconcierta a Naamán, más aún, lo decepciona: ¿Pero puede ser realmente Dios uno que pide cosas tan insignificantes? Quisiera irse, pero después acepta bañarse en el Jordán, e inmediatamente se curó.

El corazón de María, más que ningún otro, es un corazón humilde y capaz de acoger los dones de Dios. Y Dios, para hacerse hombre, la eligió precisamente a ella, a una simple joven de Nazaret, que no vivía en los palacios del poder y de la riqueza, que no había hecho obras extraordinarias. Preguntémonos nos hará bien si estamos dispuestos a recibir los dones de Dios o si, por el contrario, preferimos encerrarnos en las seguridades materiales, en las seguridades intelectuales, en las seguridades de nuestros proyectos.

Es significativo que Naamán y el samaritano sean dos extranjeros. Cuántos extranjeros, e incluso personas de otras religiones, nos dan ejemplo de valores que nosotros a veces olvidamos o descuidamos. El que vive a nuestro lado, tal vez despreciado y discriminado por ser extranjero, puede en cambio enseñarnos cómo avanzar por el camino que el Señor quiere. También la Madre de Dios, con su esposo José, experimentó el estar lejos de su tierra. También ella fue extranjera en Egipto durante un largo tiempo, lejos de parientes y amigos. Su fe, sin embargo, fue capaz de superar las dificultades. Aferrémonos fuertemente a esta fe sencilla de la Santa Madre de Dios; pidámosle que nos enseñe a regresar siempre a Jesús y a darle gracias por los innumerables beneficios de su misericordia.

(9 de octubre de 2016

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».
Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».


Pintura

James Tissot - La curación de diez leprososMuseo de Brooklyn

El lugar donde se lleva a cabo este milagro explica el que unos judíos convivieran con un samaritano. Entre unos y otros había una gran antipatía pero, en este caso, el dolor unía a los diez leprosos superando las diferencias de raza y religión. La ley de Moisés mandaba que los leprosostenían que vivir alejados de la gente para evitar los contagios así como hacerse visibles para evitarlos.Lev 13:45-46 Es por esto por lo que los leprosos no se acercaron a Jesús e hicieron sus peticiones a gritos. Jesús, antes de curarlos, los manda que vayan a los sacerdotes para que estos certifiquen la curación y cumplan con los ritos previstos.Lev 14:2-ss Sin dudarlo y manteniendo la fe en las palabras de Jesús, se pusieron en marcha y, precisamente por su fe, quedaron curados por el camino.

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