XXVII Domingo del tiempo ordinario (C): "Si tuvieras fe como un granito de mostaza"

Siervos inútiles deben hacer lo que les corresponde como Dios manda, y tener la fe como un granito de mostaza que se transforma en un gran árbol capaz de crecer en el mar. Así, les vuelve locos a los biólogos, es el creador.


Grabado de Jan Luyken que ilustra la parábola de la Biblia Bowyer

 XXVII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

 

 "Auméntanos la fe"

 Cómo te va con la fe, si gustas puedes iniciar por la fe en ti mismo. ¿Crees en ti? Estoy seguro de que pones todo de tu parte para creer en ti. Pero, ojo, el cristianismo no se queda en ejercicios de autoayuda ni en concentraciones mágicas. No eres “sólo tú”, tenemos la responsabilidad de usar los medios, pero es un regalo, no un beneficio ganado.

 

La certeza o eficacia de tu fe no se manifiesta sólo en los momentos más urgentes o en los de desesperación. Tiene la cualidad de traspasar y transformar la vida, eso sí. Pero, te sugiero iniciar por una oración sencilla, ¿te suena?:

 

¿Qué responder Señor?

Si mis adversarios me gritan: ¿Dónde está tu Dios?

Y, yo, grito con mis entrañas: ¿hasta cuándo Señor, llamaré y no me escucharás?

Y la duda como saliva espesa, ¿Puedes Señor con esto …?

Tu respuesta es un aire frío: ¿crees que puedo, es posible?

Y de nuevo ante la tempestad: ¿Señor, no te interesa que moramos?

Ahora necesito de una mano: Sálvame señor, me hundo.

¿Qué por qué he dudado? Sí, ¿por qué?

Recuerda, incluso tú: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Cómo lo haces, me es difícil decir: "Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya

Somos seres de fe, pero “Auméntanos la fe (Lc 17,7).

Necesitamos un poco de ti  en nuestras vidas

Que aumente con la insignificancia del grano de mostaza,

Traspase algo más absurdo que un árbol en las aguas del mar

Que haga más allá de sólo lo que corresponda,

Un servicio más allá de los méritos, ya no es cantidad, es calidad.

Amén.

 

La fe no evita los sufrimientos

Hay tormentas, vientos fuertes y temblores en nuestras vidas, no podríamos concebir nuestra existencia con la ausencia de los fenómenos naturales y los ordinarios. El gran problema es cuando generamos terremotos corrosivos a la vida de los demás y a la propia. Ante estas realidades sufrientes hay que tener la fe capaz de plantar un árbol en el mar, hacer más allá de los posibles, con una confianza y fuerza para hacer de ese árbol un mástil en medio de las tormentas.

 

La fe echa raíces

Las raíces no evitan los vientos, pero son un gran sostén para enfrentarlos. Dios nos dio no un espíritu de temor sino de amor y templanza, menos es para avergonzarse del testimonio de Jesucristo, es más bien, la fuerza de Dios. (cf. Tim 1, 6-8.13-14)

 

“Auméntanos la fe” (Lc 17,6)

Pedir aumento suena tentador, pero la raíz de la crisis no está en la cantidad de fe sino en la calidad, en su autenticidad. La fe no es matemática pura. Pero, te invito a observar lo que pueda existir en el fondo de esta petición:

-       La conciencia de una fe precaria, tan pobre que no mueve ni su propia voluntad.

-       No es un salto al vacío, tampoco es un cálculo estadístico. Y estimula las preguntas, la búsqueda de la verdad.

-       Abrumarse con las dudas es contrario a la fe. La oración, la Sagrada Escritura y los testimonios de los creyentes ayudarán a confiar más.

-       Pero la injusticia y la maldad continúan, ¿triunfaron? No, Dios no permanece indiferente, sigue cuestionando la fe del hombre (cf. Hab 2,2-4).

-       La fe no te convierte en amo, sino en servidor. Los siervos hacen lo que está contemplado en el Reino de Dios, si no sería un utilitarismo que anule la oblación, ell amor, la gratuidad.

Que la fe, el amor y la esperanza iluminen tu día.

 

Señor,

ven delante de nosotros para guiarnos,

ven detrás de nosotros para impulsarnos,

ven debajo de nosotros para levantarnos,

ven sobre nosotros para bendecirnos,

ven alrededor de nosotros para protegernos,

ven dentro de nosotros para que, con cuerpo y alma,

te sirvamos para gloria de tu nombre. AMÉN

 

Palabra del papa Francisco:

En este mes de octubre, dedicado en especial a las misiones, pensemos en los numerosos misioneros, hombres y mujeres, que para llevar el Evangelio han superado todo tipo de obstáculos, han entregado verdaderamente la vida; como dice san Pablo a Timoteo: «No te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1, 8). Esto, sin embargo, nos atañe a todos: cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe. Con la pequeñísima fe que tenemos, pero que es fuerte. Con esta fuerza dar testimonio de Jesucristo, ser cristianos con la vida, con nuestro testimonio.

¿Cómo conseguimos esta fuerza? La tomamos de Dios en la oración. La oración es el respiro de la fe: en una relación de confianza, en una relación de amor, no puede faltar el diálogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios. Octubre es también el mes del Rosario, y en este primer domingo es tradición recitar la Súplica a la Virgen de Pompeya, la Bienaventurada Virgen María del Santo Rosario. Nos unimos espiritualmente a este acto de confianza en nuestra Madre, y recibamos de sus manos el Rosario: el Rosario es una escuela de oración, el Rosario es una escuela de fe.

Ángelus (06-10-2013): Fe pequeña y auténtica

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 5-10

En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:
“Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.
¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?
¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?
¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:
“Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».


Pintura:

Grabado de Jan Luyken que ilustra la parábola de la Biblia Bowyer

La parábola del grano de mostaza es una comparación (mashal) de Jesús de Nazaret transmitida en el Nuevo Testamento por los Evangelios de Mateo(13:31-32), Marcos (4:30-32) y Lucas (13:18-19).

 

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