XXIX Domingo del tiempo ordinario (C): “Orar siempre sin desanimarse” La viuda y el juez

La tenacidad en la oración



Avenge me of mine adversary, anonymous, contracted by Pacific Press Publishing Company (1900)


XXIX Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)


La corrupción de los jueces parece muy conocida en la historia que hasta la encontramos en una parábola de Jesucristo. Además, destaca el juez por ser inicuo y tener un corazón duro. La viuda pobre no tiene más riqueza que su palabra, sus peticiones incómodas, su insistencia en el clamor de la justicia.

El juez tiene un monólogo interesante y confesión de parte: ‘Aunque ni temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, la voy a defender, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia’.

Voces perseverantes

Las voces de las mujeres en su lucha a favor de la igualdad en la sociedad, las del derecho a la propiedad, las de los niños a tener una familia, la de los ancianos a un seguro médico, etc. Este mundo frenético reducido a un click nos ha hecho perder de vista el proceso, la paciencia, el saber esperar para lograr ser escuchados, la justicia.

En tu vida hay voces insistentes como las de tus padres, maestros, familia. Esas voces que te enseñaron las normas básicas para enfrentar la vida y resolver problemas. Sin embargo, nuestra conciencia, cual juez injusto aveces nos empuja a caminar contracorriente, a no cuidar las buenas relaciones, a improvisar lo que pide nuestro egoismo y orgullo, a no creer en Dios ni en los hombres.

Saber esperar

Recuerdo que de niño mi padre me hablaba del agua que es buena para el corazón. Se refería a una pequeña catarata en una montaña rocosa. Alguna vez, el vehículo hizo una parada, bajé rápido para saber por qué la atribuían el milagro. Al llegar encontré unas rocas perforadas por las gotas de agua que caían por muchos años. El agua era fresca, venía de un manantial, y la magia de su perseverante goteo hizo hermosas tinajas rocosas.

El “metaverso” llegará con tanta velocidad como llegó tu adolescencia o juventud. Esas expresiones de adolescentes que manifiestan los niños, o las de adulto en los adolescentes muestran cómo estamos siempre a la carrera, quemando etapas, pero a nadie le gusta la vejez precoz.

En la delirante prisa le pides muchas cosas a Dios y parece estar sordo, pero en realidad te escucha bien, debes revisar si tus peticiones merecen respuestas. Todo llega en el tiempo justo, el niño necesita madurar física y psicológicamente para asumir los desafíos de un joven, o las de un adulto, un anciano. El crecimiento interno requiere tiempo y a veces no se nota. Ya quisiéramos tener la varita mágica para aprendernos los mejores libros en poco tiempo, pero necesitas horas y horas para pulir la comprensión, aprender a leer y escribir.

Sin embargo, hay situaciones en las que parece que nada está sucediendo, por ejemplo, la lucha contra la corrupción, la educación de calidad, el cuidado del medio ambiente, las enfermedades terminales, etc. Es frustrante tener historias repetidas, pero no podemos abandonar las luchas, el triunfo lleva tiempo, los procesos dedicación, y el futuro esperanza y fe. Como dice el refrán popular: “A Dios rogando, con el mazo dando”

¿Dios encontrará fe en la tierra?

Pero, la parábola de hoy no es una autoayuda, eso sería idolatrar tu ego. Modelos de perseverancia los encuentras en todo ámbito, y valen, “el que la sigue la consigue”. Son muy motivadores, pero no siempre salvadores; son acciones para sacarte de encima un problema, pero no para superar el verdadero problema; Jesús no es el juez, es el salvador; no se trata del libre albedrío personal sino de la justicia; Dios no es juez, es Padre.

En este sentido fijemos el aporte de la viuda, joven o vieja, pero seguro es la voz de los sufrientes, ha muerto quien la defiende ante el marco social, tiene un agresor, sufre injusticia. Su gran arma es la Palabra.

Esta relación estrecha entre palabra y perseverancia es como la salida de una mujer con fe. Su oración no se queda en su esfera personal, es una petición insistente por la justicia. Su tenacidad la hace notable, su insignificancia social es superada al hacerse escuchar.
 
La palabra de la viuda no es una proyección neurótica, es legítima y acorde a la escritura como marco legal de su tiempo. Están entrelazadas: palabra-oración-vida-fe. 

La pregunta final es desconcertante: "El Hijo del Hombre, cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra?" (Lc 18,8). La conclusión del Evangelio parece ser una advertencia de gran concreción: no te preocupes por lo que hace Dios. Preocúpate más bien de guardar y cuidar tu fe.

Finalmente, sólo debes insistir en la oración, “con fe hermana”, “con punche hermano”. La confianza inquebrantable en el Dios de la justicia incluso ante las burlas de los jueces. No olvides, de tener fe en ti, tu fe puede ayudar a la reflexión y oído de los más inicuos. Con perseverancia en la fe llega el cambio.

Palabra del papa Francisco:

En el Evangelio de Lucas, Jesús plantea una pregunta dramática que siempre nos hace reflexionar: «Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» (Lc 18,8), ¿o encontrará solamente organizaciones, como un grupo de “empresarios de la fe”, todos bien organizados, que hacen beneficencia, muchas cosas…, o encontrará fe? «Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?». Esta pregunta está al final de una parábola que muestra la necesidad de rezar con perseverancia, sin cansarse (cfr. vv. 1-8). Por tanto, podemos concluir que la lámpara de la fe estará siempre encendida sobre la tierra mientras esté el aceite de la oración. La lámpara de la verdadera fe de la Iglesia estará siempre encendida en la tierra mientras esté el aceite de la oración. Es eso que lleva adelante la fe y lleva adelante nuestra pobre vida, débil, pecadora, pero la oración la lleva adelante con seguridad. Es una pregunta que nosotros cristianos tenemos que hacernos: ¿rezo? ¿Rezamos? ¿Cómo rezo? 
(Audiencia General, 14 abril 2021)


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
“Hazme justicia frente a mi adversario”.
Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:
“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».
Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Pintura
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