III Domingo de Adviento (A): “Yo envío mi mensajero delante de ti"

La alegría del rostro de Jesucristo


Johannes der Täufer por Bartolomé González, hacia 1600


III Domingo de Adviento

Año litúrgico 2022 - 2023 - (Ciclo A).

 

-¿Ya colocaron el árbol de navidad en el Vaticano?

-Estoy alistando la navidad y me faltan colocar las luces

-Quiero vacaciones de navidad

-En navidad extraño más a mi familia

-La navidad la celebrábamos en casa, …

 

Podría seguir la lista de frases durante el tiempo de adviento, me sorprende ese anhelo casi melancólico producido por la cercanía de navidad. Es como ver el amanecer y no el sol. Yo estoy entre los pesimistas, no me preocupan los árboles de navidad, siempre son los mismos plásticos de fantasía; es la fiesta mundial en la que creyentes y ateos no dudan en aprovechar las vacaciones laborales. Pero más allá de los que celebran y no lo viven o de quienes utilizarán el saludo para selfis existe en el fondo la palpitación de humanidad, la ilusión de esperar algo nuevo, distinto, digno, capaz de felicidad.

 

Los rastros de un Dios creador

Llega la palabra Navidad y muchos piensan en acciones solidarias. En el fondo interior se revela la acción caritativa, inspirada por el amor; las semillas cristianas se van expresando. Es decir, la ilusión o alegría de navidad, aunque parezca fantasiosa, se une a la caridad, el impulso del corazón que quiere ser sensible ante el dolor. Por ello, el tiempo de adviento es una preparación para ver la presencia del sol y no sólo las luces que adornan los árboles artificiales. Necesitamos seguir cada rastro de bondad quizá así encontremos al niño Dios en nuestro corazón, en pañales, pero nacido.

 

En este domingo gaudete, de alegría, Juan el Bautista aclara sus dudas. ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?. La espera del Mesías, Jesús, el Emmanuel, el Salvador. Las acciones de Jesús causaron preguntas al Bautista. Necesita de una descripción precisa, de quién es o qué hace el Ungido: “los ciegos ven, y los cojos andanlos leprosos quedan limpios y los sordos oyenlos muertos resucitan y los pobres son evangelizados.

 

La pregunta de Juan resulta vigente ante los impostores. Los falsos salvadores llegan en todas las épocas y lugares. Incluso, tenemos también el riesgo de ser impostores. La pregunta es decisiva porque conduce, en el texto evangélico, a la revelación del quien anuncia la palabra y de quien es la Palabra.

 
El rostro de Juan Bautista

Juan ha sido ya encarcelado y la respuesta de Jesús es la alegría más grande, pues toda su predicación en el desierto ha tenido sentido.  Jesús mismo lo exalta como el profeta, la coherencia y sencillez de sus vestidos, comida, palabras, acciones. Yo te envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino. Su misión ha sido prepara el camino de Jesús. Es la misión de los profetas de hoy: señalar la presencia de Jesús entre nosotros, mostrar la luz de la justicia y de la paz.

 

El rostro de Jesús

El rostro de Dios es el tuyo. Es la revelación en Navidad: tu rostro revela el rostro de Dios; dicho de otra manera, tu forma de ser y actuar revela a un Jesús convencido de que el ser humano es digno, es hermano, es amigo. No te sientas un impostor, por la creación ya eres imagen y semejanza. Tampoco seas escéptico a descubrir los rostros del niño Dios. La cereza del pastel está en que la gente lo reconozca, valore tu coherencia, calidad humana, luz auténtica de Navidad.

 

Alegría de los profetas

La alegría del adviento está en la alegría de la espera, es la actitud de la madre que espera el nacimiento de su hijo. Hoy, Juan el bautista tiene la gran alegría de que su misión es auténtica y anunciaba al real Mesías, ya no le importa la muerte, el mismo Jesús lo exalta como el gran profeta. La alegría manifestada como semillas opacas en los actos de generosidad de muchas personas. La alegría de que tú eres imagen y semejanza y estás llamado a brillar la fuerza de la luz, Cristo. Es mejor un profeta coherente y alegre que una Navidad sin niño Dios. La alegría de que los árboles y luces sean símbolos de los corazones en búsqueda de Jesús y no de esperar a otro.

 

¿Cómo podemos ocultar esta alegría cuando se acerca la Navidad? Debemos decírnoslo a nosotros mismos, cantarlo, celebrarlo, proclamarlo y, sobre todo, hacerlo activo, transmitirlo a todos los que sufren, que están agobiados porque no encuentran sentido a la vida, porque les pesa el silencio de Dios. Esta alegría que tenemos debe convertirse en caridad, ayuda mutua y testimonio de esta realidad que es mucho más grande que nosotros y que vive dentro de nosotros.


Que esta poesía te ayude en tus oraciones:

 

Hay alegría que viene de dentro y alegría que viene de fuera.

Me gustaría que ambos fueran tuyos,

Que llenen las horas de tu día, y los días de tu vida; 

Porque cuando los dos se encuentran y se unen, hay tal canto de alegría que ni el canto de la golondrina ni el del ruiseñor pueden compararse.

Pero si sólo uno te perteneciera,

Si por ti tuviera que elegir,

Elegiría la alegría que viene de dentro.

Porque la alegría que viene de fuera es como el sol que sale por la mañana y se pone por la tarde. Como el arco iris que aparece y desaparece; 

Como el calor del verano que va y viene; 

Como el viento que sopla y pasa; 

Como el fuego que arde y se apaga...

Demasiado efímero, demasiado fugaz...

Me encantan las alegrías del exterior. No niego ninguna de ellas. Todos llegaron a mi vida cuando los necesitaba...

Pero necesito algo que dure; Algo que no tenga fin; Que no pueda acabar.

Y la alegría que viene de dentro no puede terminar.

Es como un río tranquilo, siempre el mismo; siempre presente.

Es como la roca,

Como el cielo y la tierra que no pueden cambiar ni pasar. 

La encuentro en las horas de silencio, en las horas de abandono.

Su canción viene a mí a través de mi tristeza y cansancio; Ella nunca me ha abandonado.

Es Dios; es el canto de Dios en mí,

Esa fuerza tranquila que gobierna los mundos y guía a los hombres; y que no tiene fin, que no puede acabar.

Está la alegría que viene de dentro y está la alegría que viene de fuera.

Me gustaría que ambos fueran tuyos.

Deja que llenen las horas de tu día y los días de tu vida...

Pero si sólo uno te perteneciera

Si por ti tuviera que elegir,

Elegiría la alegría que viene de dentro 

(Traducido del francés: Le Moine ruminant)

 

Palabra del papa Francisco

El Evangelio según San Juan hoy presentó la figura bíblica que -a excepción de la Virgen y de San José- “fue la primera y la más experimentada en la espera del Mesías y en la alegría de verlo venir:  Juan el Bautista.

Francisco recordó que el Bautista es el primer testigo de Jesús, con la palabra y con el don de la vida. Todos los Evangelios coinciden en mostrar “cómo cumplió su misión señalando a Jesús como el Cristo, el Mensajero de Dios prometido por los profetas”. Juan fue un líder en su tiempo, era famoso en toda Judea y más allá hasta Galilea. “Pero no cedió ni por un momento a la tentación de llamar la atención sobre sí mismo: siempre la dirigió a Aquel que iba a venir”, cuando anunció la venida de Jesús, dijo: "A él no soy digno de desatar la correa de la sandalia".

 (ángelus, 13 de diciembre de 2020)

 


 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:
«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Jesús les respondió:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo:
los ciegos ven, y los cojos andan;
los leprosos quedan limpios y los sordos oyen;
los muertos resucitan
y los pobres son evangelizados.
¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?
Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito:
“Yo envío mi mensajero delante de ti,
el cual preparará tu camino ante ti”.
En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

 Pintura:

La predicación de Jun Bautista. Johannes der Täufer por Bartolomé González, hacia 1600

Obras sobre Juan Bautista


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