Jueves Santo (B): el lavatorio de los pies

«No todos están limpios»

Hoy me alegró recibir el saludo por el “día del sacerdote”. Sucede algo parecido el día de San José. Especialmente me alegraron las personas que dedicaron unas palabras de saludo personal. Gracias por sus oraciones, las necesito hoy y mañana.

 

El beso de judas

El arresto de Cristo (El beso de Judas), fresco obra de Giotto,1304. Capilla de los Scrovegni, Padua.


Hoy, en realidad se conmemora la última de muchas cenas de Jesucristo con sus apóstoles. Aquellas palabras del mismo Jesús al partir el vino y el pan. Luego la reflexión teológica ha solidificado bases para hablar de la transubstanciación.

 

Así, el Evangelio de San Mateo narra que durante la celebración Jesús tomó el pan, lo partió y se lo dio a sus discípulos mientras decía "tomad y comed, este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros". Después tomó un cáliz lleno de vino y lo ofreció sus discípulos con estas palabras: "Tomad y bebed todos de él, porque esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía" .

 

En el mismo sentido, el Evangelista Juan narra que Jesús lava los pies a sus discípulos. Ejemplo de purificación y servicio.

 

A estas alturas, ya se darán cuenta que felicitar a un sacerdote en este día puede tener estos ángulos: el servicio, conmemorar la última cena. Además, el evangelista Mateo narra que Jesús pone en evidencia a Pedro, negando a Dios, y a Judas, vendiendo a Dios. Queda un dicho universal: “quien a hierro mata a hierro muere” ( "Qui gladio ferit gladio perit")

 

Se dice también que es el día sacerdotal, por los sacerdotes que son “Otros Cristos”, quizá sea más preciso decir que durante la celebración sacramental actúa “in persona Christi”. Pero el Jueves Santo es un día de oración, de contemplación en el Huerto de los Olivos, del sufrimiento de los otros Cristos: los perseguidos, calumniados, difamados, olvidados, descartados, marginados, pobres, enfermos, ‘endemoniados’ …  Hoy, no sólo sacerdotes, se amplía a quienes optaron por una vida consagrada, en general para quienes buscan vivir la coherencia y honestidad en sus estilos de vida.

 

Ser cuerpo y sangre de Cristo traslada a otro ejercicio sacerdotal: alimentar, dar vida, servir, amar, vivir para la eternidad. Si la Eucaristía se concentra en el Jueves Santo, quizá no estemos dispuestos a vivir para la cruz, al vinagre del desprecio, al latigazo del soldado, a las dudas sobre la Verdad de Poncio Pilato, al sacrificio injusto de Caifás, a la soberbia de Barrabás, … La pasión de Cristo apenas ha iniciado. En cada Eucaristía está presente todo le misterio pascual. Nos gustaría tener la cena celestial, la resurrección.

 

Sin duda, los sacerdotes somos llamados, pero no santos, en camino de santidad puede ser, la crisis intraeclesial nos dibuja. Cómo comprender que yo sea llamado por Dios, es un misterio. Pero también es una gracia inmerecida, una provocación a la autoevaluación, a unas preguntas sencillas: ¿ayudo a las personas a reencontrarse con Dios? ¿somos útiles los sacerdotes para la sociedad? ¿los sacerdotes buenos y los malos sabemos lo que somos? ¿Es un ‘privilegio’ ser sacerdote? ¿Lucho o me subo al caballo de los pensamientos y hábitos clericalistas?  

 

Finalmente, yo también he saludado en automático a mis hermanos sacerdotes. Los conozco y sé de sus grandes sacrificios y luchas en el camino a la autenticidad. Algunos son testimonio de santidad. Los admiro y valoro. Por ello, las oraciones van bien y como para todo se le busca un día, por qué no otorgarle un día al Sacerdote. Y distraer una pizca de sentido al Jueves Santo, no queda mucho tiempo para la celebración.

 

En sus oraciones pidan por aquellos sacerdotes que necesitamos sanar, superar dudas, ser consecuentes, etc. Amar hasta el extremo.  

 

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».

Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».

Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».

Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».

Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».

Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

 

 

 

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