Cuaresma III: Jesús y la Samaritana

¡Basta de tanto barro!
III Domingo de Cuaresma
Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

Jesus and the Samaritan Woman at the Well. Giovanni Francesco Barbieri, Il Guercino

“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”

Homilía y Reflexión,  
“Dame de beber” dice Jesús, cansado, con los labios resecos en su caminar por el desierto. Se encuentra, de manera fortuita e incómoda, con una mujer que tiene los instrumentos para saciar su sed pero no es feliz. Le espera al borde del pozo un hombre extraño pero dialogante, sin instrumentos para sacar agua, pero con palabras para hacer brotar (o liberarla) del barro, para romper las barreras histórica religiosa de dos pueblos, la soledad y los amores corrosivos de su vida.

En nuestro mundo del descarte, preferimos beber barro filtrado a buscar el torrente de agua viva -‘De su seno correrán ríos de agua viva’» (Jn 7,37b-38)-  y saboreamos mejor lo que divide y mata.

Con humildad nos unimos a la petición de la Samaritana: “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”. Pero, allí no termina el diálogo, porque Jesús frente a nuestro pozo nos ayuda a sacar lo tóxico de la intimidad: los amores esclavizantes, las negaciones de nuestros reales problemas.

A propósito, algunas pistas para reflexionar:

- “Dame de beber”. Hoy queremos tener las defensas inmunológicas y lavándonos las manos y bebiendo un te caliente podemos hacer frente al Coronavirus.

- “Dame de beber” ante el 2019 que fue el segundo año más cálido jamás registrado y las consecuencias que vienen en los próximos años. (ver: Organización Metereológica Mundial)

- “Dame de comer” porque aumentó el hambre de mas de 820 millones de personas (Estudios hasta 2018).

- “Dame de beber” pero sin precipitaciones inusuales que arruinaron los sembríos e hicieron brotar las langostas de la región del Cuerno de África y se extenderán hasta junio de 2020.

- “Dame de beber” del culto en “Espíritu y verdad” ante la prohibición de las celebraciones litúrgicas multitudinarias. El Papa Francisco dijo: “En estos días nos unimos a los enfermos, a las familias que sufren esta pandemia. Quisiera rezar hoy por los pastores que deben acompañar al pueblo de Dios en esta crisis, que el Señor les de la fuerza y también la capacidad de elegir los mejores medios para ayudar. Las medidas drásticas no siempre son buenas, por esto rezamos para que el Espíritu Santo dé a los pastores la capacidad, el discernimiento pastoral, para que provean medidas que no dejen solo al santo pueblo fiel de Dios, que el pueblo de Dios se sienta acompañado por los pastores y por la consolación de la Palabra de Dios, por los sacramentos y por la oración(Papa Francisco)

“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”. Señor limpia mi pozo para amarte y servirte en los hermanos, basta de tanto barro.


 Homilía y Reflexión, 

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42

EN aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».
Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».
La mujer le contesta:
«No tengo marido».
Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».
Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».
Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».
Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Homilía y Reflexión, 

Recomiendo para la lectura exegética:





Dame de beber


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