T.O. XXXI, A: Las bienaventuranzas. Todos Los Santos


Un mundano divino

Una divina mundanalidad

 

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Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

Domingo XXXI Ordinario – Ciclo A (Mateo 23, 1-12) – 1 de noviembre de 2020

 

Tú vives acá, bajo el mismo sol, luna, aire, tempestad, … Pasan los años, tienes sentimientos, anhelos, y siempre el sueño de una “nueva humanidad”. Y, decides, a todo pulmón, realizar tus sueños, ser parte de las “personas buenas”.

 

Al ser parte de la construcción de una “nueva humanidad” sabes que no estás solo. Incluso, si por auto referencia te afanas en tu “propia humanidad” necesitas ser parte de: una comunidad, una familia, una sociedad.

 

En este valle de “dependencias” podrás caminar con tus propias piernas, pero sobre un camino, hacia un lugar donde te espera alguien. Eres libre de caminar a dónde quieras y con quien te dé la gana. Y te entusiasmas por los sueños de una nueva humanidad que también buscan sedientos los demás. Puedes correr, juntos, pero primero responde: ¿Qué le hace nueva a esa humanidad? ¿Quién te podrá acompañar?

 

¿El hombre es capaz de cometer horrorosas y terroríficas escenas? Sí. Pero tú decides usar bien tu inteligencia y tu corazón. Y te comprometes a trabajar para evitar todo tipo de violencia. Así, aseguras que mañana tus hijos puedan heredar la tierra en paz.

 

¿Mucha gente está llorando en este mismo momento? Sí. Pero tú decides limpiar lágrimas, consolarlos. Y te comprometes a evitarlas en los corazones inocentes, en los desnutridos y en los que están o se sienten más solos: enfermos y ancianos.

 

¿Muchas mujeres y migrantes son maltratados y víctimas de tráfico? Sí. Miles de ellos sólo significan millones para los traficantes. Y tú decides arriesgar tu vida para denunciar las injusticias, recuerda que los profetas nunca ven los frutos de su trabajo, no les interesa, pero responden a esa intuición, a su fe, a Dios. Mira Jesús y las vidas de los santos defensores de los pobres.

 

¿En tu casa sabes si alguien está triste, obsesionado, desesperado, …? Sí. NO. Allí comienza la “divina humanidad”. Allí puedes sacar brillo a: la mansedumbre, a la misericordia, a la limpieza de corazón, a la justicia, confianza, … Quizá, tú estás esperando una palabra, un abrazo, oxígeno fraterno, y obviamente, al gran Médico del alma.

 

¿Has descubierto a los santos y santas? Sí. No. Y decides identificarlos, valorarlos. Y te comprometes a la santidad, la “nueva humanidad”. ¡Feliz día! ¡procuraré que también nos veamos en el cielo! 

 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».


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