Cuaresma I (B): Las tentaciones y el inicio de la predicación de Jesús

 “ Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio ”

 

I Domingo de Cuaresma

Año litúrgico 2020 - 2021 - (Ciclo B)

 

Cuaresma y el virus sigue matando

 

Hace ya más de un año que iniciamos cuarentena en Italia. Con todos los descubrimientos de personalidades, de calidad familiar y de seguridad sanitaria. La cuarentena todavía sigue pintando de amarillo y rojo. 

 

El 2020, un 19 de febrero se jugaba una partido de futbol de la liga de campeones, con 50 mil espectadores, en una de las ciudades que será la más afectada por el “virus chino” (San Siro); aunque ya el 11 de febrero la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo había denominado, oficialmente, COVID-19 del acrónimo de Co (Corona), Vi (Virus), D (enfermedad), 19 (año de identificación del virus). A los 2 días, un residente de Codogno, 38 años de edad, resulta positivo al COVID-19. Y la primera víctima del virus en la historia italiana es Adriano Trevisan, de 78 años, muere en la terapia intensiva (21/2/2020)

 

Esta cuarentena, la más larga cuaresma, el desierto como medida de sanidad nos ha puesto en evidencia las grandes tentaciones:

 

Muchos decían “el virus llegó y mata”, lo minimizamos, nos burlamos en las redes, y no imaginábamos que nos revolucionaría la vida, con mascarillas y sin máscaras, con alcohol y sin embriagarnos. Y especialmente, vivir sin Dios y resultar necesitados de Dios, la familia, al amor, a la vida, al cuidado del medio ambiente.

 

La tentación de renegar de Dios y criticar la fe. La tentación de sentirse ‘justos’ y echar la culpa a los desobedientes. De refugiarse sólo en Dios descuidando al hermano, darle la responsabilidad a Dios al margen de la inteligencia de los mismos hombres.

 

Tentados a “nacionalismos”, criticar a los ‘chinos’, italianos, americanos, brasileños, mexicanos, y así el virus iba pintando el planeta con las carencias de la disciplina personal, la corresponsabilidad social, la defensa del bien común. Pero la cuarentena nos hizo cantar un “Happy Birthday” durante el lavado de manos, llenarnos de miedo ante la guadaña de la muerte y estar disponibles, a lo que sea, con tal de no clamar por oxígeno. Y el virus sigue matando.

 

Criticamos tanto a los otros “despreocupados”, “contagiados”. Pero el hambre hizo calzarnos aquellos zapatos o recorrer descalzos para buscar solidaridad y caridad. Hoy, la tentación de robar, de estafar, explotar, … todavía cuestan lágrimas. Y el virus sigue matando.

 

La tentación de sentirnos “sanos”, fuertes, ‘dioses’. Del ‘no necesitamos de los otros”. Y también la tentación de sentirse vulnerables, indefensos,…estresados, en los momentos que más necesitamos del optimismo y la esperanza, de la alegría y la reconciliación. Y el virus sigue matando.

 

La tentación de escapar de los problemas, de las verdades, de “negar realidades y dependencias”. De huir de enfrentarse en nuestra pequeña habitación a nuestro enorme “yo”. De buscar evitar a la familia y luego necesitarla desesperadamente.  Y el virus sigue matando.

 

La tentación de burlarnos de las oraciones elevadas a Dios. La tentación de no creer que la plata no todo lo compra. Y el virus sigue matando.

 

La tentación de alejarnos de nuestras convicciones, de quienes amamos, de cuidar a quienes debemos. Y el virus sigue matando.

 

Hay tantas tentaciones en el mundo. Superarlas es como tener estrategias para escapar del golpe de las olas sin ser arrastrado a las profundidades del mar. Los remolinos del desierto, la arena movediza, la soledad y el temor no deben evitar reiniciar la vida, pensarla, y, como Jesús, después de las tentaciones en el desierto iniciar una vida al servicio de otros, edificar vidas, levantar caídos y salvar perdidos.

 

Y el virus seguirá matando mientras no nos sigamos cuidando. Que la cuaresma sirva para pensar mejor en cómo regresamos a Dios.


 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

 

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