Pascua III, B: “Se proclamará la conversión para el perdón”

Testigos del Resucitado


La pesca miracolosa dei 153 pesci di DuccioXIV secolo. Gesù è a sinistra, nella quarta apparizione del Vangelo di Giovanni.

 

III Domingo de Pascua

Año litúrgico 2020 - 2021 - (Ciclo B)

 

“Si dudas no lo hagas”, pero responde: ¿Qué dudas tienes en tu corazón? ¿Te asusta el futuro, tienes miedo a los fantasmas del mañana? 


Superando temores. Habrás experimentado el estado de temor, pero también la intuición para la acción. Se agrava la situación cuando hay temas que te rompen la cabeza: has tenido la experiencia, pero no controlas sus efectos profundos; tus sentidos han palpado y tu razonamiento ha sido sobrepasado. En este punto, tienes un gozo que supera el miedo, una certeza inexplicable, unas palabras candentes traspasando tus anhelos, y así, comienzas a actuar, aunque el piso parezca resbaladizo.


El auto referente. Después puedes sentirte seguro. Hablar con autoridad. Tener convicciones. Saber lo que buscas. Un ejemplo: Pedro, dice estar disponible a morir por Jesús y les “condena” a las autoridades judías: “han matado al autor de la vida”. Pero si retrocedemos, Pedro también es referente de miedo, dudas, pasó por la negación a Dios. Sin embargo, esta historia le hace comprender el miedo al dolor y la muerte.


Estas vivo y no eres fantasma. No temas, no dudes, tu poca fe. Pedro, regresó a pescar. Pero especialmente los discípulos pasan por el mismo proceso de una percepción sensorial. Ya no tienen que moldear Jesús a su vida, sino su vida a lo que les pida el Resucitado. Su fe, sus experiencias, escucharse y escuchar les hace comprender una presencia real, indudable, más allá de comer el pan o el pescado. Como el agua sacia la sed, así la presencia real resuelve toda duda, el resucitado traspasa la vida.


Testigos innegables. Con 40 días de arrolladores signos reales de vida, cómo no se va registrar la marca sacramental de quien come contigo, resuelve tus dudas, te explica hasta quemar el corazón, te fortalece en tus objetivos, y además su crucifixión te impactó de miedo y ahora, su resurrección de júbilo. Es casi imposible no querer testificar tremenda experiencia. Ya no es un fantasma, es el Resucitado.


Salvados y perdonados. Los testigos testifican, no para probar que su palabra es verdad, sino para decirnos que esa palabra es una oportunidad para buscar la justicia, la paz, el amor, la libertad y todo valor que lleve a vivir sanos espiritualmente, en comunión. Es decir, los discípulos ya no dudan de que el mundo necesita resolver su existencia con la palabra del Resucitado.


Tu puedes revolucionar la existencia. Esos hombres de fe revolucionaron las relaciones humanas porque a éstas sólo se las podrás salvar con el perdón. El binomio perdón-salvación será la alegría interminable de los corazones humildes. No temas, mira tus dudas y temores para superarlos, para hacer real una misión, de tal manera que tu existencia no sea de fantasma sino de un Resucitado.



El pasaje evangélico sugiere que el miedo a la alegría sea una enfermedad de los discípulos. También a veces nosotros tenemos miedo a la alegría y creemos que sea mejor pensar: 'muy bien, Dios existe, pero que se quede allí', 'Jesús ha resucitado, ¡que siga allá!' Como si quisiéramos mantener un poco de distancia cuando tenemos miedo de la cercanía de Jesús resucitado, pues nos parece ver un fantasma o pensamos que Jesús sea una simple forma de actuar. Nos convencemos de que '¡los cristianos debemos actuar así!'. [...] En cambio, deberíamos preguntarnos: ‘¿Hablo con Jesús?’ ¿Le digo: 'Jesús, creo que vives, que has resucitado, que estás cerca de mí, que no me abandonas?' Este es el diálogo con Jesús resucitado propio de la vida cristiana, animado por la conciencia de que Jesús vive y que está siempre con nosotros; que nos acompaña siempre en medio de nuestros problemas, de nuestras dificultades y de nuestras buenas obras. (Homilía desde Santa Marta - 24 de abril de 2014)


 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:
«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo:

«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

«¿Tenéis ahí algo de comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:

«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo:

«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».
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