Adviento I, ciclo C: "Estén, pues, despiertos en todo tiempo"

 Adviento - Llegada, Esperanza



Icono de Jesús entronizado en un pendón maniqueo, descubierto en Kocho, siglo 

10 datos de Adviento

 

1)    Adviento: “llegada” de Jesús.

2)    Tema central: esperanza. Espíritu de vigilancia y preparación.

3)    ValoresEsperanza, Conversión, Alegría, amor.

4)    Color: Morado

5)    Ciclo: inicia litúrgicamente el ciclo C

6)    Evangelista: Lucas. El Evangelio según San Lucas es leído durante el Ciclo C.

 

7)    Primer Domingo de Adviento

¡Despierta! Lc. 21,25-28.34-36“Estad siempre despiertos”.

 

8)    Segundo Domingo de Adviento

¡Ponte en camino! Lc. 3,1-6“Preparad el camino al Señor”

 

9)    Tercer Domingo de Adviento

¡Busca como servir! Lc. (3,10-18: La gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿qué debemos hacer?”.

 

10) Cuarto Domingo de Adviento

¡Un Corazón que acoge!. Lc. 1,26-38“…y bendito el fruto de tu vientre”.


“Estén en vela”

Estar en vela o “vigilar” nos lleva a la imagen de una persona encargada de la seguridad. El vigilante está atento a las personas que ingresan, cómo se comportan, qué traen y llevan. Pero también está vigilante el médico de los síntomas de su paciente. En el sentido de adviento, no es el pánico sino la esperanza, es estar vigilante del gran médico que llega para curar tus heridas. 


En el adviento, “llegada”, entonces se centra en una actitud de mantener abiertos los ojos del alma, corazón y vida. La clave es la oración contemplativa ante las grandes decisiones de la vida. Es decir, esperar, no con temor, sino con alegría, vigilantes y seguros de que Dios viene por nosotros, sólo por amor.


El camino contemplativo del Adviento nos pone en pie a un tiempo durante el cual esperamos la vida, y paradójicamente nos preparamos para la muerte. Esperamos a Jesús que nazca, pero hoy ponemos nuestros ojos en el Jesús que viene como Rey del universo. Es el nacimiento y la muerte. La muerte nos da temor, pero el sentido resulta ser liberador, de alegría, de esperanza.


La fortaleza y esperanza nos vienen bien en el contexto de un mundo con crisis económica y sanitaria. La esperanza en que la humanidad se esfuerza por ser más honesta, justa y aman la vida.


Palabra del Papa Francisco:

Hoy empieza el Adviento, el tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad, invitándonos a levantar la mirada y abrir nuestros corazones para recibir a Jesús. En Adviento, no vivimos solamente la espera navideña, también estamos invitados a despertar la espera del glorioso regreso de Cristo —cuando volverá al final de los tiempos— preparándonos para el encuentro final con él mediante decisiones coherentes y valientes. Recordamos la Navidad, esperamos el glorioso regreso de Cristo y también nuestro encuentro personal: el día que el Señor nos llame. Durante estas cuatro semanas, estamos llamados a despojarnos de una forma de vida resignada y rutinaria y a salir alimentando esperanzas, alimentando sueños para un futuro nuevo. […] El sueño interno viene siempre de dar siempre vueltas en torno a nosotros mismos, y del permanecer encerrados en nuestra propia vida con sus problemas, alegrías y dolores, pero siempre dando vueltas en torno a nosotros mismos. Y eso cansa, eso aburre, esto cierra a la esperanza. Esta es la raíz del letargo y de la pereza de las que habla el Evangelio. El Adviento nos invita a un esfuerzo de vigilancia, mirando más allá de nosotros mismos, alargando la mente y el corazón para abrirnos a las necesidades de la gente, de los hermanos y al deseo de un mundo nuevo. Es el deseo de tantos pueblos martirizados por el hambre, por la injusticia, por la guerra; es el deseo de los pobres, de los débiles, de los abandonados. Este es un tiempo oportuno para abrir nuestros corazones, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y por quién gastamos nuestras vidas. ÁNGELUS, 2 de diciembre de 2018


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21,25-28.34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».


Historia de la ícono: 

Jesús en las religiones gnósticas

Icono de Jesús entronizado en un pendón maniqueo, descubierto en Kocho, siglo .

El gnosticismo es un conjunto de religiones heterogéneas que florecieron cuando las religiones locales de Asia entraron en contacto con el helenismo. A pesar de su diversidad de contenidos, comparten algunos rasgos, a veces de estilo y, a veces, de contenido. Por ejemplo, era muy común en ellas atribuir al mundo un origen maligno o defectuoso. Para algunas religiones gnósticas, el mundo había sido creado por malignos demiurgos que tenían al hombre encerrado en la existencia terrenal e ignorante de su condición de prisionero. Para otras, el mundo era el fruto de un fracaso o tragedia creativos. Los que conocían (gnosis) esta verdad podían intentar escapar. 

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