II Domingo del tiempo ordinario, (Ciclo C): «Hagan lo que él les diga» Las bodas de Caná

Una fiesta sin vino no es fiesta 

 


Las bodas de Caná. BASSANO, LEANDRO . Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado


II Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

 

Cosas importantes para la fiesta

¿Cuáles son las cosas más importantes, qué no debes olvidar, en la celebración de tu boda? La ropa, la comida, la bebida, la música, etc. Y, de acuerdo a tu cultura, seguro tienes costumbres que incluyen elementos y ritos importantes como: los padrinos, los testigos, las damas, los regalos, los templos, las locaciones, etc. 

 

En las Bodas de Caná falta el vino. La bebida sacia la sed y también genera alegría e interrelaciones. El vino es la alegría, el zumo del amor. Si el novio no compró suficiente vino será criticado socialmente, es como un mal augurio para su hogar. Pero atención, en estas bodas, un invitado termina siendo el personaje principal, junto a “la madre” que con seguridad dice: “hagan lo que él les diga”. De esta manera, el 'vino mejor' (catado) ha sido multiplicado y servido, ese zumo ha salvado al matrimonio, han bebido todos, se han saciado.

 

¿Invitado o novio?

En la medida del vino caben muchos significados. No se trata sólo de una bebida importante, sino que Jesús despliega un manto de historia salvadora en ese momento. Multiplica el vino faltante en una boda, predica el amor en una religión que va perdiendo el espíritu, su palabra abarca realidades que necesitan de la alegría. Sin amor es difícil celebrar la boda, sin Jesús no hay suficiente alegría.

 

La realidad de la boda no se proyecta a la fiesta de una semana, sino para toda la vida o también para la eternidad. Amarse durante toda la vida es una bendición de Dios donde se derrama entrega, generosidad, madurez. El tonel de la vida no debe agriar el vino sino darle consistencia y calidad.


En esta boda, la abundancia del vino es imagen de la generosidad de amor capaz de llegar a la cruz. Derramara sangre y agua por amor. Por ello, en el texto, el invitado Jesús resulta ser el novio que derramará su sangre para la salvación de todos; de esa sangre hemos bebido, como en la boda, hasta saciarnos, con el gozo de que somos redimidos y gratos a los ojos de Dios.

 

Estas bodas también son las nuestras. ¿vivimos la alegría? La esperanza no ha muerto. Las tinajas que eran usadas para lavarse, ahora resultan significativas de algo nuevo que está sucediendo. El amor se debe actualizar, los contenidos son salvadores, beber y beber de la Palabra salida del mismo Jesús.


Finalmente, el vino es signo del amor. En estas bodas el alma de la alegría es Jesús. La madre, la iglesia, identifica las necesidades y pide con seguridad a Jesús la generosidad de aumentar la alegría. El cristianismo es la religión del amor. Un cristiano no puede hacer la guerra.


Odres nuevos

Jesús lo dijo: vino nuevo en odres nuevos. Quizá ya sintamos viejos los odres o no tengamos vino nuevo. La nueva sangre para una religión nueva, la abundancia de la misericordia, la alegría del perdón, el reto de no perder la alegría, de vivir sin perder el amor, de orar sin detener el espíritu. Buen domingo de la abundante alegría. 


No olvides que la petición de "la madre" hizo posible dibujar la pascua de la sangre de Cristo, ella sabe de amor, no la margines cuando te falta sal en la vida.

 

Palabra del Papa Francisco:

 

«Dando inicio a su ministerio público en las bodas de Caná, Jesús se manifiesta como el esposo del pueblo de Dios, anunciado por los profetas, y nos revela la profundidad de la relación que nos une a Él: es una nueva Alianza de amor», dijo el Papa. «¿Qué cosa hay en el fundamento de nuestra fe? Un acto de misericordia con el cual Jesús nos ha ligado a sí. Y la vida cristiana es la respuesta a este amor, es como la historia de dos enamorados. Dios y el hombre se encuentran, se buscan, se hallan, se celebran y se aman: exactamente como el amado y la amada del Cantar de los Cantares. Todo lo demás viene como consecuencia de esta relación. La Iglesia es la familia de Jesús en el cual se vierte su amor; es este amor que la Iglesia cuida y quiere donar a todos. En el contexto de la Alianza se comprende también la observación de la Virgen: ‘No tienen vino’. ¿Cómo es posible celebrar la boda y hacer fiesta si falta aquello que los profetas indicaban como un elemento típico del banquete mesiánico? El agua es necesaria para vivir, pero el vino expresa la abundancia del banquete y la alegría de la fiesta. Es una fiesta de bodas en la cual falta el vino; los nuevos esposos pasan vergüenza, sienten vergüenza y se avergüenzan de esto. ¡Imagínense acabar una fiesta de bodas tomando té!; sería una vergüenza. El vino es necesario para la fiesta. Transformando en vino el agua de las tinajas destinadas ‘a los ritos de purificación de los Judíos’, Jesús realiza un signo elocuente: transforma la Ley de Moisés en Evangelio, portador de alegría. Como dice en otro pasaje el mismo Juan: ‘La Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo’». (Papa Francisco, no se puede hacer fiesta con te, 8 de junio 2016)

 

 

Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.


👉 La pintura de las Bodas de Caná

Siglo XVI. Óleo sobre lienzo, 127 x 203 cm No expuesto

Existe una estampa de Pietro Monaco (1707-1772), editada por Guglielmo Zerletti en Venecia en 1763, que reproduce una pintura con las Bodas de Caná entonces atribuida a Jacopo en poder del abogado Giulio Crivellari. En España, una composición homónima aunque de menor tamaño (112 x 84 cm aproximadamente), se inventarió en 1711 entre los bienes del IX Duque de Medinaceli. No se conserva el original, probablemente de Francesco, del que derivaría la composición, pero sí varias versiones con pequeñas variaciones: la del Museo del Louvre (252 x 214 cm), fue adscrita por Ballarin a la etapa juvenil de Leandro, cuando colaboraba con su padre en Bassano, aunque algunas figuras acusan una factura distinta. Se conservan otras versiones muy similares a la del Louvre en Kromeríz y Vicenza (Museo Cívico). 


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