Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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"Has salvado a tu hermano"

Necesitamos humildad para aceptar las correcciones. Dios no quiere humillarnos, sino ayudarnos a recuperar la comunión. El problema de mi hermano también me concierne, porque pertenecemos a una misma comunidad y nuestras acciones, incluso las personales, tienen consecuencias sobre los demás.

Los Siete Pecados Capitales: Ira. El Bosco
Los Siete Pecados Capitales: Ira. El Bosco

XXIII Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)- Mateo 18, 15-20

En esta reflexión, te pido disculpas - lector o lectora- porque leerás un texto largo; pero siento que, en algunos momentos, sufrimos ser piedra de tropiezo o tener un hermano conflictivo por quien orar y buscar la reconciliación. Evitemos perder la paz.

Sin escucha no hay respuesta 👂👂

Escuchar es un acto de respeto y de buena voluntad que permite comprender a la otra persona antes de responder. Cuando dejamos de escucharnos, el diálogo se convierte fácilmente en confrontación. Personas que hablan sin escuchar terminan interpretando las palabras del otro desde sus propios prejuicios, intereses o heridas.
Basta observar una conversación en la que alguien permanece distraído con el teléfono celular mientras el otro habla.🚦 Las palabras pueden llegar a sus oídos, pero difícilmente alcanzarán su interior. Sin escucha no hay verdadera comunicación; solo hay ruido.
La escucha también pertenece al ámbito de la fe. Si no escuchamos a Dios, difícilmente podremos responderle. La fe es, en esencia, una respuesta libre a una iniciativa de Dios que nos habla. Por eso, la vida cristiana exige aprender a escuchar: a Dios, a los demás y también aquello que sucede dentro de nosotros.
Una comunidad que escucha puede reconocer sus conflictos antes de que se conviertan en divisiones. Una comunidad que deja de escucharse termina alimentando sospechas, celos, disputas y heridas que deterioran la caridad.

Dar el primer paso 👪👫

Mateo propone un camino gradual para afrontar el conflicto: primero el diálogo personal; después, la participación de una o dos personas; finalmente, la intervención de la comunidad. El objetivo es claro: «si te escucha, has ganado a tu hermano».
Jesús no dice: «has demostrado que tienes razón». Tampoco dice: «has derrotado al que te hizo daño». Dice: «has ganado a tu hermano».
La finalidad de la corrección fraterna es recuperar a la persona y restaurar la comunión. Por eso, la comunidad cristiana debe cuidar simultáneamente la verdad y la dignidad de quien ha cometido una falta. El mal de uno no puede convertirse en una excusa para destruir al otro.
Aquí surge una pregunta incómoda: ¿quién debe dar el primer paso?
Nuestra tendencia suele ser esperar que sea el otro quien se acerque, reconozca su error y pida perdón. Cuando alguien ha actuado con soberbia, violencia o injusticia, podemos pensar que no nos corresponde hacer nada. Incluso podemos optar por ignorarlo, aplicar la llamada «ley del hielo» o apartarlo de nuestra vida.
Pero el Evangelio propone algo diferente. Jesús pide que demos el primer paso hacia la reconciliación.
Esto no significa justificar el mal, negar el daño sufrido ni exponerse nuevamente a situaciones de abuso. Significa no permitir que el conflicto tenga la última palabra. Perdonar no equivale a aprobar lo ocurrido; significa renunciar a la venganza y buscar, cuando sea posible y prudente, un camino hacia la verdad y la reconciliación.
Y el Evangelio también nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. Antes de preguntarnos quién es el problemático de nuestra comunidad, deberíamos preguntarnos: ¿podría ser yo esa persona? ¿Soy capaz de reconocer cómo mis palabras, decisiones o actitudes afectan a los demás?
Esta pregunta funciona como un verdadero termómetro de nuestra vida cristiana.

Corregir sin humillar

Jesús dice: «Ve y corrígelo a solas». Esta indicación excluye la murmuración, la exposición innecesaria y los mensajes indirectos. La corrección cristiana comienza en la privacidad porque busca proteger la dignidad de la persona.
Antes de corregir, conviene preguntarnos: ¿busco realmente el bien del otro o solamente quiero descargar mi enojo? ¿Estoy dispuesto también a escuchar su versión? ¿Aceptaría que alguien me corrigiera de la misma manera en que pretendo corregirlo?
La corrección fraterna no es una acusación pública ni una oportunidad para demostrar superioridad moral. Es una ayuda ofrecida desde la caridad y la humildad.
Santo Tomás de Aquino consideraba que la corrección fraterna pertenece a la caridad, porque busca el bien espiritual del hermano. Por eso requiere prudencia: no toda corrección es necesaria, no toda corrección debe hacerse inmediatamente y no toda persona está en condiciones de corregir cualquier situación.

Ganar al hermano

La expresión de Jesús es decisiva: «has ganado a tu hermano».
La meta no es ganar una discusión, sino recuperar una relación. Mientras permanece la enemistad, ambas partes pierden algo: uno ha perdido a su hermano y el otro ha perdido la paz.
Por eso, la reconciliación exige más que reconocer quién tiene la razón. Exige disposición para escuchar, humildad para reconocer los propios errores, capacidad para pedir perdón y generosidad para perdonar.
La verdad y la caridad no son caminos opuestos. La verdad sin caridad puede convertirse en violencia; la caridad sin verdad puede terminar justificando el mal. La corrección cristiana busca mantener unidas ambas dimensiones.

«Atar y desatar»: una autoridad al servicio de la comunión

Cuando Mateo habla de «atar y desatar», introduce también una reflexión sobre la autoridad dentro de la comunidad cristiana. No se trata de un poder arbitrario, sino de una responsabilidad ejercida al servicio de la verdad, la justicia, la reconciliación y la salvación.
La autoridad eclesial no existe para alimentar conflictos ni para proteger intereses personales. Su finalidad es ayudar a discernir, reparar el daño y preservar la comunión de la comunidad.
Por eso, cualquier decisión sobre las personas debe estar guiada simultáneamente por la verdad y la caridad. La autoridad cristiana no puede convertirse en instrumento de venganza, exclusión o favoritismo.

«Donde dos o tres están reunidos en mi nombre»

Jesús concluye con una de las promesas más consoladoras del Evangelio: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
No promete una comunidad sin conflictos. Promete su presencia en medio de una comunidad que intenta afrontar sus conflictos desde el Evangelio.
Por eso, antes de corregir, discutir o tomar una decisión sobre otra persona, necesitamos orar:
Jesús, tú que nos llamas amigos y hermanos, dame caridad para corregir sin insultar ni exagerar; mansedumbre para escuchar la versión del otro; humildad para reconocer mis propios errores; sabiduría para buscar ayuda cuando el conflicto lo requiera; y tu Espíritu para orar por quien me ha herido sin buscar venganza. Enséñame a comprender que perdonar no significa aprobar el mal, sino renunciar al odio y buscar, cuando sea posible, la verdad, la justicia y la reconciliación.
Una comunidad cristiana no es una comunidad sin problemas. Es una comunidad que aprende a afrontar sus problemas según el Evangelio: con verdad, escucha, paciencia, corrección fraterna, oración y caridad.
Cuando dejamos de intentar vencer al otro y comenzamos a buscar cómo ganar al hermano, entonces comprendemos verdaderamente las palabras de Jesús: «allí estoy yo en medio de ellos».
 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
javierabantosilva@gmail.com

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