XX Domingo del tiempo ordinario (A): Una fe que rompe las fronteras

"Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas"

La mujer del Evangelio puede tener hoy muchos rostros: puede ser la cananea, la fenicia, la migrante, la extranjera o cualquier persona que se encuentra frente a gestos y palabras intransigentes. Pero su rostro fundamental es el de una madre que suplica por la vida de su hija. 

Jesús y la Cananea

Jean Germain Drouais (1763-1788), Cristo e la Cananea, Museo del Louvre, Parigi

XX Domingo del Tiempo Ordinario - Año litúrgico 2025-2026 — Ciclo A - Mateo 15, 21-28

Una mujer incómoda

La cananea resulta incómoda porque pone en evidencia una mentalidad construida sobre prejuicios y divisiones. Los discípulos quieren que Jesús la despida: «Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros». No parecen preocupados por su sufrimiento, sino por quitarse de encima una presencia molesta.

Ella es extranjera, mujer y pagana. Desde la mentalidad religiosa de aquel tiempo, pertenece a quienes están fuera. Por eso las palabras de Jesús sobre «el pan de los hijos» y «los perritos» resultan duras. El Evangelio no necesita ocultar la crudeza de la escena: pone delante de nosotros una mentalidad que debe ser confrontada y transformada.

También hoy podemos construir fronteras en nombre de la religión, de la cultura, de la nacionalidad o de nuestras propias certezas. Podemos terminar creyendo que Dios pertenece a nuestro grupo y que los demás deben permanecer fuera.

Una fe inteligente y perseverante

La mujer no responde con violencia. Se acerca, se postra y dice simplemente:

«Señor, ayúdame».

Su oración nace del dolor, pero también de la confianza. Cuando Jesús habla de las migajas que no corresponden a los que están fuera de la casa, ella responde con una sorprendente lucidez:

«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos».

No abandona, no se resigna y tampoco pierde el respeto. Su humildad es inteligente y perseverante. Ella sabe que la misericordia de Dios es demasiado grande para quedar encerrada en las fronteras que los seres humanos levantamos.

Jesús termina reconociéndolo: «Mujer, qué grande es tu fe».

La extranjera se convierte así en maestra de fe para quienes acompañan a Jesús.

Los demonios que todavía debemos expulsar

La mujer pide que Jesús libere a su hija, pero el relato también nos invita a reconocer otros «demonios» que necesitan ser expulsados de nuestro mundo: la soberbia, la discriminación, el racismo, la xenofobia, la indiferencia y el desprecio hacia quien consideramos diferente.

La cananea no pertenece al grupo de los discípulos, pero se comporta como una verdadera discípula: cree, persevera, intercede y lucha por la vida de otra persona.

Por eso, al final del relato, las fronteras pierden importancia. Ya no cuenta quién es judío o quién es cananeo. Lo decisivo es la fe y la capacidad de dejarse transformar por la misericordia.

La mujer del Evangelio nos obliga a mirar nuestras propias fronteras:

¿A quién consideramos extranjero? ¿Quién nos resulta incómodo? ¿A quién quisiéramos que Jesús despidiera para no alterar nuestra tranquilidad?

Una fe auténticamente cristiana no levanta muros alrededor de Dios. Los derriba para que la misericordia pueda llegar a todos.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:

«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:

«Señor, ayúdame».

Él le contestó:

«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:

«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:

«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.


Christ and the Canaanite Woman is a 1784 religious history painting by the French artist Jean Germain Drouais.

Neoclassical in style, it depicts a scene from the New Testament story of the Healing of the Canaanite Woman's Daughter



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