Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

  • Homilía y Reflexión
  • Literatura
  • Comunicación


“Dios amó tanto al mundo, que le dio a su Hijo único (...)”



El amor, cuándo no, casi siempre incomprendido. Una historia que nos muestra un amor insistente y un corazón resistente. Muere por amor y el hombre mata porque no sabe valorar el amor.

El S. VI a.C. para los judíos está marcado como el final del destierro a Babilonia y el inicio de una nueva etapa en la que es reconocida la providencia de Dios.

El destierro más que ser expulsados de su tierra y sus bienes, significa perder vidas, la libertad, la fe en Dios, el culto a Yahveh en el Templo de Jerusalén. Esta página de dolor expresada en las Lamentaciones llevo a descubrir que Dios es fiel y que no se olvida de ellos.

Como en nuestra historia y la de muchos pueblos, los dirigentes no tienen el corazón en su pueblo sino en sus propios intereses y negocios. A ellos les interesa las inversiones y las relaciones internacionales más que las soluciones a las necesidades de su pueblo. Campea la injusticia, no buscan la armonía, menos a Dios, los valores morales están tergiversados. Los peligros lo advirtieron los profetas Jeremías e Isaías a su debido tiempo sobre la infidelidad que desprecia al amor.

Este pueblo de Dios, desterrado por sus infidelidades, es liberado por Ciro, rey de Persia. El regreso es interpretado como una acción de Dios creador, el que lleva nuestra historia. Nace la esperanza, la alegría, un nuevo camino, una nueva forma de ver a Dios, de experimentar su presencia, de sentir que el mal no es más superior que el bien.

Que Jesús el Hijo de Dios llegue a la cruz por la incomprensión de los hombres, por que las autoridades se interesan más por sus intereses que por la fe auténtica, por la fe más que por el amor,… está de sobra resaltado el amor. Hoy sólo cuenta el amor. ¿Creemos que Jesús nos ama? Si no es así, naturalmente, buscaremos el conflicto, la injusticia, la infidelidad, el pecado, la cruz,…


“¡No hagan un mercado de la casa de mi Padre!”

“Hecha la ley, hecha la trampa” parece ser un lema de algunos legisladores o estudiosos de las leyes que buscan siempre una rendija legal para aprovecharla. Ya puedes tener la razón humanamente, pero legalmente no. La ley es clara, pero hay tantas (leyes, interpretaciones) que se necesita de especialistas.
Los edificios en torno al tema legal crecen cada día más como la problematización de nuestra vida. Con la constitución Política del Perú podríamos regirnos bien, pero… El fallo de un juez es tan importante que incluso teniendo muchas posibilidades de ganar puedes perder. La interpretación de la ley necesita iniciación y profundización.
Algo parecido sucedía con la Torá, la ley de Moisés con el maravilloso compendio del querer de Dios para el hombre. Jesús mismo recomendó al joven que cumpla los mandamientos. Sin embargo en el contexto judío se incrementó la cantidad de leyes, vaciándolas de su auténtico sentido.
La Ley debería proteger al hombre, su santidad, su dignidad. Ser un camino a la libertad. Con los mandamientos la humanidad se adelanta siglos en el respeto integral a la persona, no individualmente sino en relación con Dios y con el prójimo. Jesús lo sintetiza en algo sencillo: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón... y a tu prójimo como a ti mismo" (Lc 10,27).
Jesús comienza a ver la Ley como un camino a la santidad, a la liberación. Cuando ingresa al templo, -espero no protesten los protectores de animales- y expulsa a los animales que estaban para el culto, no es que se puso a pegarle a la gente. No está loco tampoco, sino que los animales son el “sustituto” del sacrificio y con este acto profético quiere decirnos que la relación con Dios es nueva y personal, sin “sustitutos”.
Es un acto que molestó a muchos comerciantes, teniendo en cuenta que los judíos están a punto de celebrar la pascua, fiesta religiosa, congrega a muchos que van en peregrinación hasta la ciudad de Jerusalén. Por ello, es un acto profético, critica duramente a una religión “sin corazón” con la que se busca manipular a Dios.
No es que Jesús esté contra la ley o condene el culto, sino que se la ha vaciado de su sentido, de la vida, de su dignidad, de su amor y misericordia. Más que un culto legal es saber servir, saber dar la vida por los demás.
Jesús se juega la vida en “nombre de Dios” y le aplicarán también la ley en “nombre de Dios”. Jesús les critica duramente diciendo que levantará el templo en tres días, Dios no puede permitir que se asuma una muerte injusta y le Resucita. Él mismo es el templo, el sumo Sacerdote, la ofrenda, se sacrifica.
La locura de la cruz está allí precisamente, en que se sacrifica y obtiene vida. Estamos llamados no a ser esclavos de la ley sino a vivir el sentido en el camino a la libertad. No se trata de problematizar las leyes, sino de buscar la auténtica justicia. Ojalá que los legisladores y los profesionales en leyes se preocupen por la persona humillada y maltratada por una sociedad de consumo que no se detiene ante ningún valor para alcanzar el lucro y la ganancia.




“El Espíritu empujó a Jesús al desierto”

El desierto en nuestro país goza a lo largo de sus 184 900 Km² de ecosistemas entre el Océano Pacífico y la cordillera de los Andes, de la orilla del mar a los 700 y 1000 msnm. Está lleno de misterios, leyendas, historias. Adentrarse es su soledad es un esfuerzo que supera al más grande piloto del Dakar.

El desierto te hace caer en cuenta de la fragilidad de tu piel, de tus ojos, de todo tu cuerpo y hasta de tu espíritu aventurero. Se hace camino después de buscar en vano los recodos y huellas. Sentarse es ver el horizonte empañado entre el brillo solar o la penumbra una realidad que te inquieta.

Detente en tu camino para ser espectador de tu propia película, te cuestiona, te hace tragar aire frío, expiras iracundas frases, sonríes mordiendo recuerdos, te preguntas por tu familia, por quien amas, tus amigos, las llagas de tu ciudad. Pero no puedes salir de tu propia película porque eres el actor principal.

¿Cuánto tiempo podrás adentrarte en tu propio desierto? ¿40 días, horas, minutos? Rodeado de alimañas, de miedos, de preguntas,… te quedan dos salidas: morir en el intento o vivir para contarlo. Sientes que el tiempo ha llegado y necesitas desandar lo andado para anunciar Buenas Noticias.

Pero no sólo el desierto, también estamos en un momento importante para valorar el agua. Se estima que unos 1 100 millones de personas carecerán de suficiente agua potable y que otros 2 400 millones no tienen acceso al saneamiento. En el 2050, una de cada cuatro personas sufrirá la escasez crónica de agua dulce.

El agua limpia, lava, tonifica. Las últimas lluvias en la sierra peruana muestran su fuerza frente a la fragilidad humana y sin duda, es el líquido elemento. Es una creatura de Dios y en la última “marcha por el agua” se reclamaba el respeto a un derecho humano.

Es una tentación ponerse al lado de quienes están a favor de envenenar y secar las venas acuíferas porque obviamente beneficia el sueldo no al suelo. En medio de la defensa del agua también hay tentaciones políticas, de liderazgo, de figuración,… Pero las preguntas caen cual catarata: ¿Qué será de nuestros hijos? ¿Qué digo ante esta realidad?

Seas un buen piloto, o un ágil nadador, o un elocuente político siempre te cuestionarás, por ti y tu realidad. Dios no te puede abandonar caído y perdiendo la vida a causa de las tentaciones, él es quien replantea tu vida, tu existencia, tus sentimientos, tus anuncios y denuncias.



En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.  Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:  –«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

“Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”

Unos amigos llevan a un paralítico —que además parece no pronunciar palabra— para que Jesús lo cure. Pero la casa está repleta, no hay forma de entrar. Entonces se la ingenian: suben al techo, levantan unas tejas y bajan la camilla desde arriba. Una maniobra tan creativa que sorprendería a cualquier ingeniero.ocaso

Domingo VII del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 2, 1-12) – 19 de febrero de 2012

Qué bien nos vendría que Jesús “entrara” así en nuestras casas y en nuestras familias, para trabajar el perdón y la reconciliación.

Un tirón de orejas para quienes piensan que Jesús solo se encuentra en el templo… y otro, más fuerte, para los autosuficientes, esos que viven sin amigos y sin Dios.

El paralítico tiene unos amigos envidiables: confían, se arriesgan, creen. Tal vez mezclan fe con cierto fanatismo milagrista (muy propio de su época… y de la nuestra), pero lo importante es que no se quedan de brazos cruzados. Hacen lo que sea necesario para acercar a su amigo al verdadero Médico.

Mientras tanto, las palabras y gestos de Jesús son observados al detalle por los letrados. Ellos controlan todo, incluso “tapan” la puerta: su presencia hace difícil entrar, acercarse, moverse. Para ellos, todo lo que sale de lo “normal” tiene que buscar otra entrada. Incluso el perdón parece, a sus ojos, más un esfuerzo humano cuidadosamente vigilado que un desbordamiento de misericordia de Dios.

Quienes “bloquean la puerta” entienden la ley como una fijación en la vida de los demás, no como expresión del amor de Dios. Esa fijación se vuelve casi una ideología rígida. Se alarman, se cierran en grupo, no quieren que nadie toque lo establecido, lo acostumbrado. No se atreven al “escándalo” de recuperar la libertad del cuerpo y del alma.

Jesús conoce bien ese contexto equivocado, pero decide mostrar la novedad del amor compasivo. Sabe que el paralítico necesita algo más profundo que caminar: necesita ser levantado también por dentro.
Por eso primero ofrece el perdón, y luego la curación física.
Primero lo espiritual, luego lo corporal. Es una sanación integral.

Los letrados tienen razón en una cosa:
el perdón pertenece a Dios.
El problema es que, en la práctica, se lo habían reservado para ellos mismos. Les molesta que Jesús perdone pecados porque rompe el esquema, les desinstala, les quita el monopolio.

Y entonces sucede lo inesperado:
Jesús pone todo en novedad.
Levanta al paralítico de su camilla y, de paso, llama a levantarse a todos los paralizados por:

  • costumbres rígidas,

  • prejuicios morales,

  • cerrazón e indiferencia,

  • enfermedades,

  • miedos camuflados de “prudencia”,

  • una fe que no se atreve a moverse.

La pregunta queda abierta:
¿Dónde te ubicas tú en esta escena?

¿En la camilla, sin fuerzas?
¿En el grupo de amigos que cargan y se ingenian?
¿En la puerta, bloqueando el paso?
¿Entre los que miran y critican?

Quizá hoy te toque acercarte tú mismo a Jesús.
O quizá necesites pedir ayuda y dejar que otros te lleven hasta Él.
Y ojalá —cuando se trate de acercar a alguien al Maestro— no nos dé miedo “romper el techo” de algunas normas y costumbres, para que su gracia pueda entrar de verdad.







“Si quieres, puedes limpiarme”. “Quiero: queda limpio”


Quiero caracterizar a la Lepra y especialmente al leproso para así poder el mensaje central de Jesús.
La lepra: en tiempo de Jesús es la peor enfermedad que existe. El enfermo puede ver cómo se va destruyendo su cuerpo, experimenta fuerte dolor. Según la Ley de Moisés, todo leproso debe ser separado de la vecindad, su vida ya no es normal. Nadie se quiere acercar a él. No hay quién le ayude.
El leproso será el pregonero de su propia enfermedad: “andará harapiento y despeinado con la barba tapada y gritando: ‘impuro’ ‘impuro’”. Era mejor no tocarlo para no estar en el riego de contagio, Jesús lo tocó y lo sanó.
Hay que resaltar que Jesús tocó al leproso pero no fue contagiado de Lepra, sino que el mismo Jesús le contagio la vida. Es un toque (ilegal) que prohíbe la ley –oficialmente impuro- pero la compasión termina en pureza, limpieza, inclusión,… La enfermedad que parecía la muerte ya no mata, no contagia y no soportará el “ex leproso” la urgencia de contar su experiencia.
Eso hacen hoy los Alcohólicos Anónimos, inmigrantes, portadores del VIH-SIDA, los enfermos desahuciados de las mineras, los que claman la justicia y la paz de Dios, los sedientos de agua (para los bebes de mañana).

Sigamos mirando a Jesucristo con fe, pedirle, él quiere sanarnos. El encarcelado valora la libertad, el enfermo la salud, el sediento el agua, el pobre la riqueza, el forastero su patria, el solo la comunión, le pecador al perdón,… nosotros a Cristo que él nos sobrevalora con amor.

“Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito” (Sal 31).





“Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios”

“Mara” trabaja con mucha dedicación. En su trabajo ahora ocupa un puesto directivo. En los últimos días está incómoda por el sistema de trabajo, pasa largo rato analizando junto a su amiga lo que debe cambiar. Critica a quien ocupaba su puesto. Se ha dado cuenta de que todos los trabajadores son ineficaces y le desespera que el tiempo pase muy rápido. Crítica duramente, incluso a su esposo que parece no dedicarse a sus hijos.
Dicen que una vez en un convento un fraile estaba sufriendo trastornos mentales, un día alguien escuchó la triste historia y fue al convento para visitar a dicho fraile, en el ingreso encontró a un fraile y le preguntó por el fraile que está “medio loco”, éste contestó: “están en todas las habitaciones”. El visitante, justo preguntó a quien estaba con trastornos mentales.
Trastornos mentales, “medios o completamente locos”, “lunáticos”, mal humorados, heridos por la vida, prejuiciosos, mal pensados,… Todos acudía a Jesús para ser sanados, él los sanaba, sus palabras tienen tal autoridad.
Jesús, desde la intimidad con Dios, va alimentando la vida y dando la salud a las personas. No es un milagrero, pone el evangelio frente a las miserias de la vida.
Jesús va luchando contra el sistema de ideas, prejuicios, “locuras” que afectan y dañan a los demás. Si “Mara” sólo destaca lo negativo de las personas que la rodean, no mira con esperanza, no pone el trabajo en las manos de Dios, no goza de la intimidad con Jesús,… obviamente, responderá como el fraile “medio loco”: “están (los locos) en todas las habitaciones (puestos, funciones)”.
Nuestras miserias no siempre deben esconderse tirando el barro a los demás. Debemos sanarlas, pedir a Jesús que nos ayude a vivir la pasión por ser felices que todos llevamos dentro.

Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio

Traductor automático

POPULAR POSTS

  • XVIII Domingo del tiempo ordinario (A): Compasión para multiplicar el Pan y saciar el hambre
  • XIX Domingo del tiempo ordinario (A): Cuando la tormenta no tiene la última palabra
  • XVII Domingo del tiempo ordinario (A): El valor de decidirse por el Reino
  • XV Domingo del tiempo ordinario (A): La fuerza de la semilla y la paciencia del sembrador

Buscar en este blog

Categories

  • Homilía y Reflexión
  • Literatura
  • Ética y Comunicación

Mi perfil

Mi foto
luciérnaga
Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
Ver todo mi perfil

¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
javierabantosilva@gmail.com

Etiquetas

  • Homilía y Reflexión
  • Literatura
  • Iglesia y Sociedad
  • Comunicacion

Blog Archive

  • ▼  2026 (37)
    • ▼  agosto (3)
      • XX Domingo del tiempo ordinario (A): Una fe que ro...
      • XIX Domingo del tiempo ordinario (A): Cuando la to...
      • XVIII Domingo del tiempo ordinario (A): Compasión ...
    • ►  julio (4)
    • ►  junio (3)
    • ►  mayo (6)
    • ►  abril (5)
    • ►  marzo (4)
    • ►  febrero (7)
    • ►  enero (5)
  • ►  2025 (59)
    • ►  diciembre (5)
    • ►  noviembre (5)
    • ►  octubre (4)
    • ►  septiembre (4)
    • ►  agosto (6)
    • ►  julio (4)
    • ►  junio (5)
    • ►  mayo (6)
    • ►  abril (4)
    • ►  marzo (5)
    • ►  febrero (4)
    • ►  enero (7)
  • ►  2024 (59)
    • ►  diciembre (4)
    • ►  noviembre (5)
    • ►  octubre (4)
    • ►  septiembre (5)
    • ►  agosto (9)
    • ►  julio (4)
    • ►  junio (5)
    • ►  mayo (4)
    • ►  abril (4)
    • ►  marzo (7)
    • ►  febrero (4)
    • ►  enero (4)
  • ►  2023 (62)
    • ►  diciembre (6)
    • ►  noviembre (5)
    • ►  octubre (5)
    • ►  septiembre (4)
    • ►  agosto (4)
    • ►  julio (5)
    • ►  junio (5)
    • ►  mayo (4)
    • ►  abril (9)
    • ►  marzo (4)
    • ►  febrero (5)
    • ►  enero (6)
  • ►  2022 (58)
    • ►  diciembre (5)
    • ►  noviembre (4)
    • ►  octubre (5)
    • ►  septiembre (4)
    • ►  agosto (4)
    • ►  julio (5)
    • ►  junio (4)
    • ►  mayo (4)
    • ►  abril (8)
    • ►  marzo (5)
    • ►  febrero (4)
    • ►  enero (6)
  • ►  2021 (59)
    • ►  diciembre (4)
    • ►  noviembre (5)
    • ►  octubre (5)
    • ►  septiembre (4)
    • ►  agosto (4)
    • ►  julio (6)
    • ►  junio (4)
    • ►  mayo (6)
    • ►  abril (6)
    • ►  marzo (4)
    • ►  febrero (4)
    • ►  enero (7)
  • ►  2020 (84)
    • ►  diciembre (6)
    • ►  noviembre (5)
    • ►  octubre (5)
    • ►  septiembre (5)
    • ►  agosto (5)
    • ►  julio (4)
    • ►  junio (10)
    • ►  mayo (11)
    • ►  abril (8)
    • ►  marzo (12)
    • ►  febrero (6)
    • ►  enero (7)
  • ►  2019 (74)
    • ►  diciembre (6)
    • ►  noviembre (9)
    • ►  octubre (8)
    • ►  septiembre (3)
    • ►  junio (5)
    • ►  mayo (7)
    • ►  abril (9)
    • ►  marzo (17)
    • ►  febrero (5)
    • ►  enero (5)
  • ►  2018 (28)
    • ►  diciembre (2)
    • ►  noviembre (3)
    • ►  octubre (3)
    • ►  septiembre (3)
    • ►  agosto (3)
    • ►  julio (2)
    • ►  abril (10)
    • ►  febrero (2)
  • ►  2017 (5)
    • ►  mayo (1)
    • ►  abril (2)
    • ►  marzo (1)
    • ►  febrero (1)
  • ►  2016 (4)
    • ►  mayo (1)
    • ►  marzo (2)
    • ►  enero (1)
  • ►  2015 (5)
    • ►  octubre (1)
    • ►  septiembre (2)
    • ►  abril (1)
    • ►  marzo (1)
  • ►  2014 (17)
    • ►  diciembre (8)
    • ►  agosto (1)
    • ►  junio (1)
    • ►  mayo (3)
    • ►  abril (2)
    • ►  marzo (1)
    • ►  enero (1)
  • ►  2013 (29)
    • ►  diciembre (2)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  octubre (3)
    • ►  septiembre (3)
    • ►  agosto (1)
    • ►  julio (1)
    • ►  junio (1)
    • ►  mayo (2)
    • ►  abril (1)
    • ►  marzo (2)
    • ►  febrero (7)
    • ►  enero (5)
  • ►  2012 (58)
    • ►  diciembre (8)
    • ►  noviembre (6)
    • ►  octubre (5)
    • ►  septiembre (5)
    • ►  agosto (6)
    • ►  julio (4)
    • ►  junio (1)
    • ►  mayo (5)
    • ►  abril (5)
    • ►  marzo (3)
    • ►  febrero (4)
    • ►  enero (6)
  • ►  2011 (75)
    • ►  diciembre (5)
    • ►  noviembre (5)
    • ►  octubre (9)
    • ►  septiembre (5)
    • ►  agosto (4)
    • ►  julio (9)
    • ►  junio (5)
    • ►  mayo (5)
    • ►  abril (7)
    • ►  marzo (8)
    • ►  febrero (8)
    • ►  enero (5)
  • ►  2010 (79)
    • ►  diciembre (6)
    • ►  noviembre (7)
    • ►  octubre (5)
    • ►  septiembre (3)
    • ►  agosto (4)
    • ►  julio (5)
    • ►  junio (9)
    • ►  mayo (9)
    • ►  abril (7)
    • ►  marzo (8)
    • ►  febrero (9)
    • ►  enero (7)
  • ►  2009 (45)
    • ►  diciembre (4)
    • ►  noviembre (4)
    • ►  octubre (5)
    • ►  septiembre (4)
    • ►  agosto (5)
    • ►  julio (5)
    • ►  junio (7)
    • ►  mayo (5)
    • ►  abril (6)

Páginas

  • Inicio
  • Homilía y Reflexión
  • Literatura
  • Comunicación

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Copyright © Homilía y Reflexión. Designed & Developed by OddThemes