Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”

Un hombre rico ignoró a Lázaro: no compartió su pan, no alivió sus heridas, no lo miró como hermano. Lázaro fue su oportunidad de acortar distancias y ganar la vida eterna, pero su indiferencia cerró el futuro.

Lázaro y el rico Epulón

Lázaro y el rico Epulón. Bassano Leandro.

XXVI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

El cuadro de Leandro Bassano muestra a Lázaro, los perros le están lamiendo sus llagas, desde una esquina mira el resto del cuadro concentrado en la comida, la bebida, la música, con sus miradas en sus propios quehaceres, con vestimentas elegantes, ningún ojo se dirige a Lázaro.

Los ricos siempre negocian

La riqueza se protege y se multiplica, genera poder y abre puertas. El rico de la parábola quiso seguir negociando incluso después de la muerte: primero pidiendo un alivio personal, luego un favor para sus hermanos. No entendió que la vida eterna no se compra, se construye con compasión y justicia.

El rico es culpable de indiferencia

No es la riqueza en sí el problema, sino la indiferencia. Lázaro, el pobre, fue reconocido en la tierra y en el cielo. El rico conocía su nombre, pero lo usó solo cuando le convenía. El abismo que lo separaba de Lázaro era el reflejo de un corazón endurecido: entre su mesa llena y el hambre ajena, entre el egoísmo y la misericordia, entre el tormento y la paz.

Los abismos actuales

Hoy también hay abismos: entre ricos y pobres, entre educación de calidad y abandono, entre acceso a la salud y exclusión, entre quienes promueven la paz y quienes alimentan la guerra, entre quienes cuidan la casa común y quienes la destruyen por ambición. Todos nacen de la misma raíz: indiferencia, egoísmo y fe superficial.

El desafío

Lázaro tiene nombre. Es tu vecino, tu compañero de trabajo, el migrante que cruza la calle, la familia que no llega a fin de mes. No podemos resolver toda la pobreza del mundo, pero sí podemos superar el individualismo y compartir nuestro pan, nuestra escucha, nuestra fe. Esa es la forma de tender puentes donde hoy hay abismos.

Palabra del Papa Francisco

"Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico."

Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2017


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:

“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.

Pero Abrahán le dijo:

“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.

Él dijo:

“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.

Abrahán le dice:

“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.

Pero él le dijo:

“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.

Abrahán le dijo:

“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».


“Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?”

Hoy un administrador está en crisis al saber que perderá el trabajo y la reputación (ya venida a menos), se ingenia humanizándose a base de actos de misericordia y justicia. Administrar todo el tesoro regalado por Dios es nuestro desafío personal. 

Administrador astuto

Grabado de la parábola por Jan Luyken
XXV Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

El administrador en crisis

El evangelio nos presenta a un administrador que, al descubrir que perderá su trabajo y su reputación, se ingenia un plan. No busca salvarse con más trampas ni con más poder, sino que empieza a humanizarse a través de gestos de misericordia y justicia. En medio de la crisis, opta por un cambio de rumbo.

Administradores deshonestos

A lo largo de la historia, hemos conocido demasiados ejemplos de administradores corruptos: desde quienes desangran el tesoro público hasta los “ladroncillos” en comunidades pequeñas. El gran pecado es siempre el mismo: robar lo que pertenece a los pobres y a los bienes comunes.

Robar no siempre significa meter la mano en una caja fuerte. También se roba cuando se manipulan los precios, se sobrevaloran proyectos, se busca favorecer a unos pocos a costa de muchos. Algunos aparentan ser hábiles: siempre tienen pérdidas hasta que sienten peligrar su puesto, y de repente aparecen mágicamente las ganancias. Sagaces sí, pero en la mentira, una política falsa y complicidad implícita.

La sagacidad del Evangelio

Por eso la parábola resulta desconcertante: ¿cómo un administrador tramposo puede servir de ejemplo? Jesús no alaba la corrupción, sino la sagacidad puesta al servicio de un nuevo horizonte. El administrador descubre que lo único que puede garantizar su futuro no es el dinero acumulado, sino las relaciones humanas, la misericordia, la amistad.
Jesús nos muestra que la sagacidad, la inteligencia práctica, debe ir unida a la justicia y a la solidaridad. El verdadero administrador es aquel que, en vez de encerrarse en la avaricia, se abre al perdón, al servicio, a la generosidad.

Dios, el verdadero Dueño

El Dueño de la parábola es Dios mismo, que nos ha confiado todo: la creación, la inteligencia, los sentidos, la vida, el prójimo, los bienes materiales y espirituales. La gran pregunta es inevitable:
¿Qué clase de administrador soy de lo que Dios me ha confiado?
¿Me mueven la avaricia, la ambición y el egoísmo, o la generosidad, la justicia y el servicio?
Un día el Dueño pedirá cuentas. Entonces no servirán las acumulaciones ni las excusas. Lo único que tendrá valor será la fidelidad en lo pequeño, la capacidad de haber administrado con justicia, la huella de misericordia que dejamos en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad.

Una pregunta para el corazón

Hoy el Evangelio nos deja una cuestión sencilla y al mismo tiempo radical:
¿Cuáles son los intereses que guían la administración de mi vida?
 

Palabra del Papa Benedicto XVI

"La lógica del lucro aumenta la desproporción entre pobres y ricos, así como una explotación dañina del planeta. Por el contrario, cuando prevalece la lógica del compartir y de la solidaridad, se puede corregir la ruta y orientarla hacia un desarrollo equitativo, para el bien común de todos.
En el fondo, se trata de la decisión entre el egoísmo y el amor, entre la justicia y la injusticia; en definitiva, entre Dios y Satanás. (…) Hoy, como ayer, la vida del cristiano exige valentía para ir contra corriente, para amar como Jesús, que llegó incluso al sacrificio de sí mismo en la cruz. Así pues, parafraseando una reflexión de san Agustín, podríamos decir que por medio de las riquezas terrenas debemos conseguir las verdaderas y eternas. En efecto, si existen personas dispuestas a todo tipo de injusticias con tal de obtener un bienestar material siempre aleatorio, ¡cuánto más nosotros, los cristianos, deberíamos preocuparnos de proveer a nuestra felicidad eterna con los bienes de esta tierra! ".

 

(Benedicto XVI – Celebración eucarística en la Plaza delante de la Catedral de Velletri en ocasión de la Visita Pastoral a la diócesis suburbicaria de Velletri-Segni, 23 de septiembre de 2007) 
 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.
El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.
Él le dijo:
“Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.
Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.
Le dijo:
“Aquí está tu recibo, escribe ochenta”.
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

"Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él"


En una fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el Papa Francisco advirtió recordando que “la cruz es un misterio de amor” y que no puede haber “Cristo sin cruz” ni “cruz sin Cristo”. La cruz de Cristo es el camino de salvación, a nadie le gusta el dolor, pero es parte del camino de la vida.

Nicodemo
Christ talking with Nicodemus at night (Christus onderwijst Nicodemus)


Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

El amor crucificado es glorificado

La noche de la conversación

Al caer la jornada, bajo el amparo de la noche, puede abrirse un camino: una luz al final del túnel. Aunque el corazón cargue oscuridades, la intuición busca la verdad. La noche inspira a poetas y místicos; aclara conflictos, fortalece decisiones. Para Nicodemo, sin embargo, la noche es un manto de anonimato: le protege de las críticas de sus compañeros de culto. Descubrirlo en diálogo con Jesús sería leña para la hoguera de la marginación. Pero, en esa oscuridad, la prudencia es iluminada por la luz de Cristo.

La conversación sobre la salvación

Jesús ofrece una cátedra de salvación: ya no es una serpiente de bronce la que sana, sino una cruz; ya no es un animal sacrificado el que salva, sino el mismo Hijo de Dios. En consecuencia, el camino de la salvación es Cristo.

Nuestra mirada en la serpiente o en Cristo

Nicodemo comienza a descubrir los signos de la salvación. Tú y yo también conocemos esos caminos, pero el desafío es recorrerlos. Admiramos la tradición cristiana, valoramos sus signos, pero a menudo nos resistimos a disipar nuestras oscuridades. La noche permanece cargada de dudas, pesares y tristezas. Falta valentía para iluminar las sombras y vencer la pereza espiritual. El riesgo es terminar confiando más en la serpiente que en Cristo.

El amor y el rechazo

He escuchado a psicólogos describir a los narcisistas: hacen creer que aman para manipular, calculan cómo dominar, disfrutan del sufrimiento ajeno, se irritan con los éxitos de los demás y siembran discordias en los campos de la paz. Conscientes de sus maldades, incluso las celebran, pero niegan su condición. Juegan con el amor y el rechazo como si fuese un entretenimiento, pero es una jaula peligrosa e insuperable.

Quizás te preguntes si alguna de estas actitudes no toca también tu vida, o si reconoces en otros tales rasgos. El mundo, cada vez más narcisista, se regodea en la guerra, pierde la compasión, posee toda la información pero actúa como ignorante. Este mundo, amado por Dios, rechazó al Hijo de Dios; recibió el amor y sin embargo lo crucificó.

Si Dios no vino a condenar sino a salvar, ¿qué te impide ser hoy motivo de salvación y no de condenación?

Feliz cumpleaños Papa Leon XIV

Que sigan vivas las esperanzas, la oración por la paz, el amor a los pobres y siga construyendo puentes de diálogo. 70 años al servicio y esperamos siga festejando muchos años más.

Palabra del papa Francisco

"¿El Cristo crucificado, para mí, es un misterio de amor? ¿Sigo a Jesús sin cruz, como a un maestro espiritual que sólo me llena de consuelos y buenos consejos? ¿O sigo la cruz sin Jesús, cayendo en un masoquismo espiritual? ¿Me dejo llevar por este misterio de descenso, de vaciamiento total y de elevación del Señor?".

El Papa concluye invitándonos a pedir en la oración: "Que el Señor nos dé la gracia, no de entender, sino de entrar en este misterio de amor, con el corazón, con la mente, con el cuerpo, con todo el ser. Y entenderemos, aunque sea un poco".

Vaticano, 14 de septiembre dee 2017

 https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2017/documents/papa-francesco-cotidie_20170914_dos-tentaciones.html

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él».


“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”

Se empieza voluntariamente, pero sin la motivación divina no se puede avanzar. Antes de iniciar, es necesario tener claro un objetivo y una meta: por dónde, cómo, cuándo y con quién caminar. En esa jerarquía, todo comienza con Jesús mismo. Hoy, Pier Giorgio Frassati será proclamado Santo por el Papa León XIV, un joven que nos motiva a ser mejores personas.

"De ti mismo no harás nada, pero si tienes a Dios como centro de todas tus acciones, entonces alcanzarás al meta" (Pier Giorgio Frassati)


Michelangelo - Creation of Adam (cropped)

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
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La cruz del discípulo

Todos somos discípulos, sin duda, aunque con muchas postergaciones. No se trata de abrir controversias sobre el discipulado, pero en esta línea del Evangelio de Lucas, el verdadero discípulo tiene a Jesús a la cabeza de todas sus preferencias.

La importancia del padre, de la madre o de la familia debe ser, en cierto sentido, pospuesta. El mismo Jesús, en su vida terrena, no apartó a su madre, que lo acompañó fielmente con el corazón traspasado; junto a su Hijo y a los discípulos, también nos acompaña a nosotros. Ella es imagen de la verdadera discípula: con la cruz a cuestas, al lado de Jesús. Su ejemplo nos abre a la magnitud interior de la fe, al peso de la cruz y a la fuerza necesaria para cargarla, sostenidos por el amor a la justicia, a la paz y a la vida.

La cruz del discípulo puede expresarse en continuas renuncias: el servicio a los demás, el cuidado de los Cristos sufrientes, el estudio de la Palabra, el tiempo para la formación espiritual, la perseverancia en la oración y el deseo de profundizar en la fe y en la vida cristiana.

"Mamá, hay un pobre que tiene hambre, y papá no le ha dado de comer, quizá Jesús nos lo ha enviado" (Pier Giorgio Frassati)

Procrastinación espiritual

La vida espiritual puede ser escasa, aparente o dispersa. No es un momento romántico ni fantasioso, lleno de velas y aromas. La espiritualidad verdadera exige disciplina, voluntad y constancia. No siempre se recorre entre dulzuras; muchas veces está marcada por la sequedad, la ansiedad y el cansancio. Esa sensación de estancamiento y frustración solo puede sostenerse con los dones de Dios: sabiduría, paciencia, perseverancia, esperanza y fe.

"Prefiero llevar yo mismo los paquetes a los pobres, pues así puedo infundirles ánimos y darles esperanzas" (Pier Giorgio Frassati)

Terminar lo iniciado

Si quieres construir una torre, calcula antes los gastos; así evitarás que otros se burlen de tus ideales y, en cambio, te respeten por lo que eres y lo que logras. Ahora bien, si lo miras desde la ansiedad, la depresión o el trastorno por déficit de atención (TDAH), puede ocurrir que empieces con entusiasmo pero no concluyas. Seguir a Jesús implica ir más allá del entusiasmo inicial: se trata de la vida misma, de los sueños futuros, de las alegrías y de las cruces de la pasión.

"Me gustaría ser viejo para ir al cielo más rápidamente" (Pier Giorgio Frassati)

La paz frente al conflicto

Busca la paz, porque pelear solo desgasta. En tiempos de Jesús, las guerras se calculaban antes de iniciarlas, procurando que fueran “ganables”. Hoy las batallas se libran con drones, inteligencia artificial e inversiones. Pero también existen guerras invisibles y profundas: orgullos, mentiras, soberbias y egos que matan al prójimo sin dejar rastro de lágrimas.

"La sociedad moderna se hunde en los dolores de las pasiones humanas y se aleja de tod ideal, de amor y paz" (Pier Giorgio Frassati)

Renunciar a los bienes

¿Cómo pedir renuncia a los bienes a quien vive solo para acumular: trabaja horas extras, sacrifica a su familia, come mal para ahorrar, no comparte e incluso roba con tal de no gastar?

El trabajo es justo y debe garantizar dignidad, pero hay valores más altos que las posesiones. La verdadera humanidad se descubre en la capacidad de compartir, en la sencillez y en la fraternidad. No se trata de promover la pobreza —eso sería lo más anticristiano—, sino de superar la obsesión por tener.

Cuando la vida se centra únicamente en poseer, se pierde el ser: no hay sal, ni luz, ni Dios. El Evangelio nos invita a pasar del “tener” al “ser”, colocando a Jesús en el centro. Así se descubre la alegría auténtica: sin coronas de esmeraldas, sin maquillaje, sin filtros, pero llena de luz y confianza.

"Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin mantener una lucha por la verdad no es vivir, sino ir tirando" (Pier Giorgio Frassati)

Conclusión

Postergar a Jesús significa relegarlo de nuestra existencia. Y cuando lo anulamos, se resquebraja el fundamento de la creación, se desdibuja la imagen de Dios y se llenan de tristeza nuestros amaneceres y atardeceres.

Palabra del Papa Francisco:

El beato Pier Giorgio Frassati, que era joven, decía que hay que vivir, no sobrevivir. Los mediocres sobreviven. Vivir con la fuerza de la vida. Hay que pedir al Padre celestial para los jóvenes de hoy el don de la sana inquietud. Pero, en casa, en sus hogares, en cada familia, cuando ven a un joven que se pasa todo el día sentado, a veces mamá y papá piensan: «Pero este está enfermo, le pasa algo», y lo llevan al médico. La vida del joven es seguir adelante, estar inquieto, la sana inquietud, la capacidad de no conformarse con una vida sin belleza, sin color. Si los jóvenes no tienen hambre de vida auténtica, me pregunto, ¿adónde irá la humanidad? ¿Adónde irá la humanidad con jóvenes tranquilos y no inquietos?

(Catequesis, 13 de junio de 2023)


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».


Foto en: la creación (capilla Sixtina)


«Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»

Jesús en el banquete de un líder fariseo.


La generosidad acompañada de arrogancia carece de verdadera humildad, y la humildad sin fe puede volverse inmisericorde en las relaciones. Para la generosidad de Dios no existen categorías de importantes y menos importantes: sólo la dignidad de ser hijos. Con su mirada profunda sobre la naturaleza humana, Jesús nos deja hoy perplejos.


SPAGNA – MADRID. Museo del Prado, Ultima Cena di Francesco Bassano, 1586

XXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

Donde la humildad abre espacio y la generosidad no espera recompensa.

Sentarse a la mesa de la fraternidad

“Si quieres conocer a una persona, invítala a comer”. La mesa revela mucho más que modales: muestra nuestra historia personal, la relación con nuestros padres, el cuidado hacia los hermanos, la calidad de las conversaciones y el respeto hacia quienes sirven. Más allá de los gestos externos, lo que cuenta es cuánto valoramos a quienes están a nuestro lado.

En los Evangelios, la mesa es el escenario privilegiado de Jesús: allí expresa su alegría, tristeza y angustia, allí señala la traición y revela su amor. La mesa de Cristo no responde al protocolo social, sino a una mesa más íntima y profunda: la del corazón. Es una mesa con dimensión litúrgica, donde se celebra el amor interior, la verdad, la alegría y la generosidad de Dios.

Ser invitado a la mesa de la humildad

Al recibir una invitación solemos preocuparnos por la vestimenta, el regalo o el saludo. Pero Jesús nos invita a fijarnos en otra cosa: el puesto que ocupamos. El discípulo es, ante todo, invitado y servidor. No se trata de buscar el lugar preferencial, sino de asumir la actitud humilde de quien sirve.

En la vida social suele estar claro qué lugar ocupamos en una mesa o en el corazón de los demás, y muchas veces las invitaciones responden más al interés que a la generosidad. Sin embargo, quien vive con espíritu de servicio descubre la alegría interior que se enciende como luz de amistad.

El Evangelio nos recuerda que también somos invitados al banquete de los heridos: llevamos nuestras propias heridas y cargas. Este banquete, con sabor agridulce, no siempre encaja en la agenda de quienes tienen poder o recursos, pero es precisamente ahí donde se hace visible la ternura de Dios.


Invitar a la mesa de la generosidad

La clave no es solo a quién invitar, sino con qué intención. Jesús propone invitar por pura generosidad, sin esperar nada a cambio. Su enseñanza rompe con la lógica de los intercambios y los canjes de favores que dominaban las costumbres de su tiempo —y también las nuestras.

Lo peligroso es que, en ocasiones, los banquetes de los ricos se celebraban a costa del sacrificio de los pobres. Jesús denuncia esta lógica y nos invita a una generosidad que no discrimina entre ricos o pobres, sino que se fundamenta únicamente en la gratuidad.

Así, las reuniones que nacen de un corazón humilde y generoso fortalecen la verdadera amistad. En cambio, cuando la intención es presumir, competir o criticar, se revelan falsos vínculos. Por eso, la humildad es para Cristo la actitud sabia y santa: la base del amor auténtico.


Conclusión

El Evangelio de Lucas nos recuerda que todos valen, que todos pueden ser invitados. De nada sirve buscar los primeros puestos si ello nos lleva a la arrogancia y a la falta de misericordia. Las grandes virtudes no se alcanzan por rodearse de los poderosos, sino viviendo la humildad, el respeto fraterno y la confianza en Jesucristo.


Palabra del Papa Francisco

“La humilde generosidad es cristiana. El intercambio humano, de hecho, suele distorsionar las relaciones, las hace «comerciales», introduciendo un interés personal en una relación que debe ser generosa y libre. En cambio, Jesús invita a la generosidad desinteresada, a abrir el camino a una alegría mucho mayor, la alegría de ser parte del amor mismo de Dios que nos espera a todos en el banquete celestial.”

Papa Francisco.Ángelus. Plaza De San Pedro. Domingo, 1 De Septiembre De 2019


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-14

En sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:

“Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Y dijo al que lo había invitado:

«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».


SPAGNA – MADRID. Museo del Prado, Ultima Cena di Francesco Bassano, 1586

¿Son pocos los que se salvan?

En el evangelio de hoy alguien le pregunta a Jesús: “¿Son pocos los que se salvan?” La respuesta sorprende: Jesús no da una estadística ni un número. Él no habla de cantidad, sino de actitud. No dice “muchos” o “pocos”; dice más bien: “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha”.

La pregunta, entonces, no es si serán muchos o pocos, sino: ¿estaré yo entre los que entran? ¿Seré de los primeros o de los últimos?

Cristo

Cristo y el joven rico (c. 1890) Heinrich Hofmann.

XXI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

Cantidad y eternidad

La puerta es estrecha, sí, pero el corazón de Dios es inmensamente ancho. Jesús nos invita a entrar, y Dios siempre espera con paciencia, con compasión, con misericordia. La eternidad no es como una salida de emergencia en medio de un incendio o un terremoto; no es una huida. La eternidad es un umbral, es el paso hacia la plenitud del amor de Dios.

Nuestra vida terrena es breve, frágil, limitada. Por eso, la eternidad se convierte en una oportunidad de plenitud: allí donde nuestro tiempo acaba, comienza el tiempo de Dios. Y nada puede limitar el amor eterno de Dios, salvo la dureza de nuestro propio corazón.

El olvido y la gratitud

El evangelio nos deja también una advertencia fuerte: algunos llamarán a la puerta y escucharán: “No sé quiénes son ustedes”. Son palabras duras, que parecen chocar con la infinita misericordia de Dios. Pero nos invitan a reflexionar: ¿acaso no hemos vivido como si Dios no fuera necesario en nuestra vida? ¿Cómo pedirle que nos abra la puerta al final si nunca lo buscamos en el camino?

El verdadero drama no es que Dios olvide nuestro nombre, sino que nosotros olvidemos el suyo. Quien vive sin Dios corre el riesgo de encontrarse un día sin lugar, sin comunidad, sin cielo.

El hoy de la salvación

Pero Jesús no nos deja en el miedo, sino en la esperanza. Somos capaces de pensar en la eternidad, en el cielo, en la vida futura… ¿y por qué no vivir ya hoy una “chispa de cielo”? Cada gesto de gratitud, de justicia, de solidaridad es una manera de ir entrando por la puerta estrecha.

Por eso, no posterguemos. La vida cristiana no se improvisa al final, se construye cada día en fidelidad y amor.

Conclusión

Hoy, al escuchar este evangelio, toca preguntarnos: ¿estoy caminando hacia esa puerta? ¿reconocerá Dios mi nombre cuando la toque? ¿Soy manso y humilde de corazón?

Pidamos a Santa Rosa de Lima, patrona de nuestra tierra, que interceda por nosotros para que vivamos con humildad, gratitud y confianza. Que, cuando llegue el momento, el Señor abra la puerta y nos diga: “Bienvenido, entra en la alegría de tu Señor”.


Palabras del Papa Francisco

"Que nos ayude en esto la Virgen María. Ella ha pasado por la puerta estrecha que es Jesús. Ella lo acogió con todo su corazón y lo siguió todos los días de su vida, incluso cuando ella no lo entendía, aun cuando una espada atravesaba su alma. Por eso la invocamos como la “Puerta del Cielo”: María, la Puerta del Cielo; una puerta que refleja exactamente la forma de Jesús: la puerta del corazón de Dios, un corazón exigente, pero abierto a todos nosotros."

Angelus, 25 de agosto de 2019


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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
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