joven rico

Avidez


El “mono” es un niño con quien jugaba en mi infancia, le tenía envidia porque estaba muchas horas fuera de casa, jugaba futbol y los otros juegos mejor que yo y no tenía problemas de llegar a casa temprano cuando se trataba de cumpleaños o de otra fiesta. Algunos días lo veía trepado en el camión de una familia millonaria, salían al campo, viaje a la capital. Parecía un hijo más junto a los cuatro hijos.

Al mirar las ventajas de vivir solo pensaba en cuándo creceré para andar más suelto, ahora que he crecido anhelo ser niño. Después de años he sabido de él, estudió, trabajó y formó una familia. Sus hermanos “postizos” siguen entusiasmados con sus camiones y camionetas, su máximo horizonte es su riqueza. El “mono” dedica su tiempo a su familia y ayuda en un centro dedicado al cuidado de niños abandonados.
Recuerdo que casi adolescentes trabajamos, lo poco que ganábamos nos alcanzaba, pero anhelábamos ganar más, luego gané más y me alcanzaba, hoy gano mucho más y ya no me alcanza. Claro que sigo queriendo ganar más. No sé si han crecido mis necesidades, (las he creado) o han crecido mis ambiciones.

Cada día no me gustaba mucho levantarme temprano, tender la cama, cepillarme los dientes y desayunar junto a la familia. Extraño tanto. La vez que me separé de casa fue por las ansias de ser alguien mejor, darle sentido a la vida, ser más independiente. Fue buena la idea, así se valora mejor a la familia. Pero hoy me duele no tener tiempo para la familia. Las responsabilidades y el trabajo pensando en el futuro parecen haber reemplazado que la vida también es el hoy, en presente.

Hay decisiones difíciles, pero deben ser radicales. Es difícil que el Perú participe en el mundial pero debe tener un cambio radical. Es difícil superar la pobreza pero las potencias deben ser radicalmente solidarias. No es cuestión de la física el pasar por la puerta angosta, es cuestión de vida espiritual el saber despojarse de aquello que nos impide. ¿Por qué no soy y tú también ávidos en el ser para Dios y no en el tener para mi ombligo?

DOCUMENTO DE APARECIDA
“Caminos de muerte son los que llevan a dilapidar los bienes recibidos de Dios a través de quienes nos precedieron en la fe. Son caminos que trazan una cultura sin Dios y sin sus mandamientos o incluso contra Dios, animada por los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero, la cual termina siendo una cultura contra el ser humano y contra el bien de los pueblos latinoamericanos. Caminos de vida verdadera y plena para todos, caminos de vida eterna, son aquellos abiertos por la fe que conducen a “la plenitud de vida que Cristo nos ha traído: con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural”” (Documento de Aparecida n° 13)
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