Pascua V,a: "¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?"

Jesús es: el camino, la verdad y la vida

¡Necesitamos de estas pandemias!

De El Greco - 7QFG_T532yg-_A en el Instituto Cultural de Google resolución máxima, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=21865874

Homilía y Reflexión,
V Domingo de Pascua
Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

El camino es “pandemia de la solidaridad” porque sin la verdad de la ciencia y la de la fe la vida pierde oxígeno. Gracias a la solidaridad el Covid-19 no ha herido tanto los corazones de ancianos y vulnerables. ¿Y dónde quedará la multiplicación de los panes?

El camino es la “pandemia de la fraternidad” porque sin la inteligencia emocional la vida se hace corrosiva. Sin la calidad humana y sin la verdad científica el Coronavirus tendrá la vacuna más cara y las pandemias llegarán más amenazantes. ¿Y dónde quedará el amor?

El camino es la “pandemia de la servicio” porque sin la honradez la corrupción mata a los pobres con pausas y en las tinieblas y la vida se hace injusta. Sin la honradez, la economía seguirá manipulando la política y éstos a los medios de comunicación y así la cadena nos trasladará a ser prisioneros de falsas noticias. ¿Y dónde quedará el lavatorio de pies?

El camino es la “pandemia del respeto” porque sin la tolerancia no nos entendemos y la vida se llena de traumas insuperables y las estadísticas de suicidio juvenil crecen. Sin la tolerancia las minorías serán mayorías y las heridas el cáncer social con mucho dolor. ¿Y dónde quedará el amor a los distintos?

El camino es la “pandemia del diálogo” porque las decisiones verticales te llevan a clasificar “perdedores” y “ganadores”. Ni Jesús se hace camino por su cuenta propia sino la de su Padre. Sin el diálogo crecerán los “invisibles” en las comunidades y los divorcios en las familias. ¿Y dónde quedará tu ofrenda?

El camino es la “pandemia del perdón” porque el odio hace de tu vida resentida una pasión inútil. Sin el perdón, los que se sintieron amenazados serán la amenaza del futuro. ¿Y dónde quedará “yo te perdono”?

El camino es la “pandemia de la alegría” porque la tristeza encoge tu corazón y hace de tu vida una planta sobreviviente del desierto. Sin la alegría los demás sentimientos habrán muerto, y el amor a Dios será un palpitar deprimente. ¿Y dónde quedarán las Bodas de Caná?

El camino es la “pandemia de aceptarnos como somos” en nuestros aciertos y equivocaciones, porque sin la apertura al espíritu marginaremos y excluiremos. Entonces, los divorciados, los homosexuales, los migrantes,…”los pecadores” serán privados del punto de referencia de la misericordia de Dios. ¿Y dónde quedará Pentecostés?

El camino de “regreso a casa” es la esperanza en la fertilidad de la tierra porque la frialdad de la injusticia ha hecho que muchos carguen la maleta de excluidos y desamparados. 

El camino es “regresar a casa”, de allí de donde salimos, a donde vamos y donde estaremos: Dios.

El camino es “regresar a casa”, de allí de donde salimos cual hijos pródigos, a donde vamos cual hijos cumplidores y donde estaremos, a la mesa de una padre y madre que nos perdona y ama sin condiciones ni límites.

El camino es la “pandemia de la verdad”, somos la verdad, pero no la única. La verdad es la luz del camino, no somos el camino, pero sí compañeros en salida. Una vida, sin camino y sin verdad está en el cementerio o ya llegó a la verdad eterna. ¿Y dónde quedará Jesús, el camino, la verdad y la vida?

Homilía y Reflexión,


Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

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