TO, XXII, A:“piensas como los hombres, no como Dios”

¿Piedra o Satanás? ¿discípulo o perseguidor?

En el Friso de “san Pedro” del retablo mayor, nos encontramos a uno de los Evangelistas que narran la vida de Jesús y la representación de cuando Jesús le dice a Pedro enérgicamente: “Apártate de mí Satanás”, al negar éste la Pasión. La única manera de reconciliar a la humanidad con Dios es el sacrificio del Mesías.

XXII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

 

Artemio, era un joven colaborador de la parroquia, le gustaba adornar a los santos, se le encontraba sirviendo en alguna comisión de las actividades parroquiales. Los fieles ya tenían duda de dónde trabajaba y vivía. Realmente, Artemio, daba la vida. 

 

Un día, había una actividad importante, de esas que se repiten cada 30 o 50 años. Allí, apareció don Máximo, un viejo devoto, fiel a su eucaristía por mas de 40 años, colaborador y sencillo. El viejo Máximo, llegó entusiasmado, confiado, con su bastón, queriendo abrirse paso para ingresar al evento. Artemio, furioso, empoderado, no le dejó ingresar. Aquel día, varios fieles ancianos, quedaron al sol abrazador de la puerta, casi despreciados por no haber acudido a las “buenas gestiones” de Artemio.

 

Artemio, había comenzado a servir, con esa fe inocente, popular y con buena voluntad. Pronto, resultó referente, confiable. Fisgoneaba y calificaba a los otros sacerdotes y fieles. Ahora, daba la vida por proteger su entorno. Era parte ya de aquellos poderes disfrazados de pastoral, afanados en mantener el control del dinero, la fama, el confort.

 

Pensar como Dios

Ahora, en tu corazón estarás ubicando a Artemio, quizá en tu vida o en tus actitudes o en algún líder de tu comunidad eclesial. Algunos ironizan, que los líderes tienen perfiles psicológico manejables por sus maestros, menos por Dios. O, según los intereses del ‘maestro’ actúa el líder. ¿El ‘maestro’ te quita la capacidad de justicia, misericordia, practicidad, sentido común?

 

El auténtico Maestro, Jesús, justamente va instruyendo a Pedro, para que vaya comprendiendo la misión de la llave, no para impedir el paso de don Máximo. Pedro, quiere usar sus “buenas gestiones” para que el Maestro no muera y no resucite.

 

Así como sintió la “revelación” de reconocer al Mesías, ahora se siente con la autoridad de proteger su entorno, incluso encerrar a Dios, ‘corregirle’ o tratarle como a un Jesús delirante del sufrimiento, un Jesús necesitado de la fortaleza de Pedro para seguir existiendo, es casi el jefe de la ‘banda’.

 

Es decir, Pedro piensa como los perseguidores, es como un partido político interesado en arranchar el poder de turno, en una secta que protege a su líder, en una marioneta que se mueve tirado por otro.

 

 Dar la vida

Ganar la vida perdiéndola. Esa es la llave, Pedro. Esa es nuestra llave: olvidarse de sí mismo, el “dios ego”. Qué difícil es olvidarse del “dios guerrero”, no estar interesado en el “dios dinero”, no autoevaluarse y seguir al “dios autoritario”, sentirse de los puros o de los impuros, de un “dios dogmático” o de “un dios relativista”.

 

Tener la popularidad y el control vale ‘paja’ si no eres capaz de respetar y compadecerte. Jesús nos echa una pregunta a la reflexión: ¿Para qué vivo? O ¿realmente vivo? 


¿Cuáles son mis profundos motivos?      

Finalmente, Pedro ha sido posicionado por Jesús como “piedra edificante”. Pero ahora, Jesús, con energía, le dice: “Eres para mí piedra de tropiezo”, “Satanás”. Son palabras más fuertes que “sepulcros blanqueados” o “raza de víboras”. A pesar de todo ello, Dios sigue acogiendo a Pedro. Por eso, nadie es despreciable, todos tenemos oportunidades.

 

Quizá debamos evitar: tener Artemios y abrir la puerta a los Máximos, aunque viejos y sin modales. Evitar ser evangelizadores con estrategias de conquistadores. Empoderar a Cristo como la gran piedra angular y no ‘angular’ a nuestro entorno de pensamiento. Deberíamos escandalizarnos de fungirnos de clase, o de únicos verdaderos, si nuestra opción por los pobres sólo es un discurso aburguesado. Aún así, Dios nos quiere edificantes. 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.


Para profundizar 👇

- Análisis exegético y lecturas

- Homilías

- Comentario al evangelio



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