Pentecostés: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad”

  Testigos creíbles

 


Pentecostés (1546), de Tiziano, Santa Maria della Salute, Venecia.



Domingo de Pentecostés

Año litúrgico 2020 - 2021 - (Ciclo B)

 

Te propongo pedir al Espíritu Santo que nos ilumine para conocerlo mejor. Teóricamente sabemos que es un gran tesoro de los cristianos, y prácticamente no lo conocemos bien, no lo vivimos con emoción. Pido perdón también a los no cristianos porque no sabemos ser testigos y mostrarles lo fundamental del Espíritu Santo para la felicidad que todos buscamos. Con vergüenza digo que cada vez somos “menos testigos creíbles”.

 

Según la historia, Santo Domingo cuando apenas tenía un pequeño grupo de hermanos los dispersó por las principales ciudades europeas, después de invocar al Espíritu Santo, en comunidad. Los frailes, obedecieron, confiaron en esa intuición que tienen los grandes profetas, los santos. Aquel pentecostés de la diminuta comunidad de frailes predicadores germinó la misión de anunciar la novedad del Evangelio, en otras culturas, ante el catarismo y las doctrinas alejadas del sentido evangélico. Más allá de buscar la metafísica y la profundidad teórica está la experiencia personal de un Dios que te acompaña. Ese complemento de mente y espíritu lleva a ser testigos creíbles.

 

Pentecostés

Hoy se celebra la venida del Espíritu Santo, solemnidad de Pentecostés (50 días después de la pascua). Piensa en los apóstoles y la primera comunidad cristiana que vivieron y escucharon grandes experiencias de: una comunidad transformada y transformadora, fecunda; encaminada a romper diferencias y acciones excluyentes. Así lo asumieron después de superar la duda, el miedo al dolor y la muerte (en el Cenáculo) para iniciar una misión convencidos de que Dios guía al hombre por medio del Espíritu Santo. 

 

El Espíritu Santo

Temo a que te suene desconocido el Espíritu Santo. Hablamos del mismo aliento con el que Dios da vida al hombre en la creación, a imagen y semejanza. También es el que convirtió a María en Madre de Dios sin dejar de ser virgen. Es el mismo que revela a Isabel para saludar a la “madre del Señor”, como lo hizo con Simeón y la profetiza Ana en el templo. Es el que habla por la boca de Jesús a los doctores de la ley. Se le ve en el bautismo de Jesús en forma de paloma. Es el prometido, por el mismo Jesús, como fuente de sabiduría, ‘paráclito’, para iluminar el camino de sus discípulos y así superar las adversidades.

 

Una comunidad con una sola alma. 

En este sentido, hablamos de lo más valioso que tiene una comunidad. “Una comunidad con alma”. Un mismo espíritu/entendimiento, aunque las lenguas sean diversas. Una misma fe entre los diversos carismas y capacidades humanas. Un mismo amor que se afana por el bien común, por servir al otro, aunque sea distinto.

 

Una humanidad profética.

A veces es difícil comprender la presencia del Espíritu porque requiere participación activa. Hay que dejarse quemar por el fuego de la palabra. Ser sólo espectadores nos evita la experiencia de la transformación, desde dentro y la capacidad de relaciones nuevas.

 

El sentido profético de una nueva humanidad nos regresa a la tierra para analizar cada elemento que necesitamos renovar porque la ley antigua no funcionó. De lo contrario sería retroceder a la confusión de la Torre de Babel, al hombre o grupo alejado del mismo Dios para concentrarse en sus ideas o propias verdades. Siguiendo el ejemplo de Domingo, sería escandaloso que sus hijos imitaran a los cátaros cuando nacieron para evitar ese tipo de herejías.

 

El don del Espíritu Santo se recibe en este pentecostés, no como una ley nueva, sino como una nueva humanidad que se deja conducir el mismo espíritu de Dios. Al menos, eso esperamos, anhelamos y por ello acá estamos.

 

Papa Francisco

Preguntémonos: ¿estoy abierto a la acción del Espíritu Santo, le pido que me dé luz, me haga más sensible a las cosas de Dios? Esta es una oración que debemos hacer todos los días: «Espíritu Santo haz que mi corazón se abra a la Palabra de Dios, que mi corazón se abra al bien, que mi corazón se abra a la belleza de Dios todos los días». Quisiera hacer una pregunta a todos: ¿cuántos de vosotros rezan todos los días al Espíritu Santo? Serán pocos, pero nosotros debemos satisfacer este deseo de Jesús y rezar todos los días al Espíritu Santo, para que nos abra el corazón hacia Jesús. AUDIENCIA GENERA 15 de mayo de 2013

 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


Explicación de la pintura: Pentecostés (1546), de Tiziano, Santa Maria della Salute, Venecia.

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