XV Domingo del tiempo ordinario (C): “haz tú lo mismo” Parábola del buen Samaritano

 ¿Cómo evitar al prójimo?

la estrategia universal de la caridad evita clasificar al prójimo. El prójimo es tal, es un rostro identificable, en la práctica es el rostro del mismo Dios: Samaritano.



G. Conti La parabola del Buon Samaritano Messina Chiesa della Medaglia Miracolosa Casa di Ospitalità Collereale.jpg

 

👉 Inicia con un ejercicio: escribe tu nombre entre los paréntesis con puntos:

 

Respondió Jesús diciendo:

Un hombre ( 👀………………….) bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. 

Por casualidad, un sacerdote (……………….) bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita ( ………………….) que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. 

Pero un samaritano ( ………………….) que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.”

 

¿En qué parte encaja mejor tu nombre? ( ………………….)👦👧👨👩

 

 

XV Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2021 - 2022 - (Ciclo C)

 

¿Cómo clasificar al prójimo?

 

  • 👧 Niña: “Te amo hasta el cielo” 
  • 👨 Papá: Yo te amo más. 
  • 👧 Niña: ¿hay una medida más grande que hasta el cielo?
  • 👨 Papá: sí, tu abuela.

 

De la medida del amor depende la felicidad. Las personas hacemos muchas cosas para ser felices, esa es nuestra meta, pero cada vez nos evitamos más. Cómo podemos explicar la indiferencia en un mundo del desarrollo de los medios de comunicación. 

 

¿Cómo ser feliz? ¿Cómo llegar al cielo?

Son preguntas que necesitan los oídos de ese papá que escucha el amor de su hija o el corazón sincero de la niña. Ese amor no se ha desarrollado evitándose sino donándose. Es decir, el amor no tiene límites y en el sentido cristiano sucede lo insólito, se asume como prójimo no por la sangre, ni por el país, sino por la caridad y con un rostro concreto.

 

Todos buscamos ser felices, llegar a Dios, pero los caminos, a veces, son diversos. En la práctica se puede estar emprendiendo una experiencia artificial o engañosa, o dando vueltas en los reales eventos que debamos abordar que también son de Dios.

 

El otro = prójimo

La definición del prójimo es el Samaritano. A Jesús le reprocharon las veces que cenó en casa de los considerados pecadores, el perdón a las prostitutas y no les dio tiempo para criticarle la invitación al paraíso al buen ladrón.

 

Es un ensayo de clasificar a los seres humanos, como buenos y malos, como justos y pecadores. Pero Jesús evita ese ejercicio conceptual y va a la práctica, no lo analiza por las cosas maravillosas que haces sino por la caridad y misericordia que te motivan.

 

La cultura del desprecio es malévola, puede ser engañosa, suele seleccionar, los útiles y los inútiles, los sabios y los ignorantes, los paganos y los justos, el de gustos gourmet o el del pan de cada día, … Quizá se deban revisar las aventuras pastorales: alrededor de la norma o al auxilio del caído y abandonado. El planteamiento se engancha en el corazón: ¿quién es mi prójimo?

 

Ejemplaridad: “Anda y haz tú lo mismo”

El criterio claro es la misericordia. ¿Cómo nos comportamos en los momentos de desgracia e injusticia? Los modelos de comportamiento en la vida real son muchos, hay muchas dudas respecto a la ejemplaridad política y liderazgos. Por un lado, las actitudes inhumanas durante la pandemia nos mapean la situación. Por otro lado, son valiosas las acciones samaritanas y misericordiosas emprendidas incluso por personas no católicas, ni siquiera creyentes.

 

Los sorprendente es querer hacer lo mismo, más allá de la definición de prójimo. Lo mismo que hizo el Samaritano, actuó inmediatamente como Dios quiere. No hacer lo mismo, lo inhumano, lo puramente teórico. El Samaritano mira al otro como su propia sangre, teológicamente, con la misma sangre nos redimió Cristo. Si Dios ha puesto el amor en nuestras manos por qué el mundo no es más humano. Parece que no estoy amando al otro como a mí mismo.

 

Si la parábola es aplicada a mi vida, lo ideal será ponerme en el perfil del Samaritano, es el héroe de la historia. Si lo aplico al sacerdote o al levita, no es que sean malos, sino que sus intenciones de agradar a Dios no miran una realidad más allá de sus mismas especulaciones y afán de cumplimiento ritual. En esta historia, muchas veces hemos estado en el perfil del herido, pero en la pedagogía de Jesús, el herido también salva al Samaritano, le pone en evidencia que la misericordia no se mide ni tiene fronteras.

 

Que tengas un buen día, que este día el Samaritano venga a curar tus heridas, su amor te ponga en el nivel de seres humanos, su misericordia te cuide, su compasión seque tus lágrimas.

 

 

Palabra del papa Francisco

Jesús, por lo tanto, propone al samaritano como modelo, ¡precisamente uno que no tenía fe! También nosotros pensamos en tantas personas que conocemos, quizás agnósticas, que hacen el bien. Jesús eligió como modelo a quien no era un hombre de fe. Y este hombre, amando a su hermano como a sí mismo, muestra que ama a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas ¡el Dios que no conocía!, y al mismo tiempo expresa verdadera religiosidad y plena humanidad.

Después de contar esta hermosa parábola, Jesús se vuelve hacia el doctor de la ley que le había preguntado «¿Quién es mi prójimo?» Y le dice: «¿Quién de estos te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» (v. 36). De esta manera, invierte la pregunta de su interlocutor y también la lógica de todos nosotros. Nos hace entender que no somos nosotros quienes, según nuestro criterio, definimos quién es el prójimo y quién no, sino que es la persona necesitada la que debe poder reconocer quién es su prójimo, es decir, «el que tuvo compasión de él» (v. 37). Ser capaz de tener compasión: esta es la clave. Esta es nuestra clave. Si no sientes compasión ante una persona necesitada, si tu corazón no se mueve, entonces algo está mal. Ten cuidado, tengamos cuidado. No nos dejemos llevar por la insensibilidad egoísta. La capacidad de compasión se ha convertido en la piedra de toque del cristiano, es más, de la enseñanza de Jesús. Jesús mismo es la compasión del Padre hacia nosotros. Si vas por la calle y ves a un hombre sin domicilio fijo tirado allí y pasas sin mirarlo o piensas: “Ya, el efecto del vino. Es un borracho”, no te preguntes si ese hombre está borracho, pregúntate si tu corazón no se ha endurecido, si tu corazón no se ha convertido en hielo. Esta conclusión indica que la misericordia por una vida humana en estado de necesidad es el verdadero rostro del amor. Así es como uno se convierte en un verdadero discípulo de Jesús y el rostro del Padre se manifiesta: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36). Y Dios, nuestro Padre, es misericordioso, porque tiene compasión;  es capaz de tener esta compasión, de acercarse a nuestro dolor, a nuestro pecado, a nuestros vicios, a nuestras miserias.

Que la Virgen María nos ayude a comprender y, sobre todo, a vivir cada vez más el vínculo inquebrantable que existe entre el amor a Dios nuestro Padre y el amor concreto y generoso a nuestros hermanos, y nos dé la gracia de tener compasión y de crecer en compasión.

 

PAPA FRANCISCOÁNGELUSPlaza de San PedroDomingo, 14 de julio de 2019

 

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».
Él le dijo:
«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».
El respondió:
«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».
Él le dijo:
«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».
Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
«¿Y quién es mi prójimo?».
Respondió Jesús diciendo:
«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».
Él dijo:
«El que practicó la misericordia con él».
Jesús le dijo:
«Anda y haz tú lo mismo».

 Pintura:

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