Homilía y Reflexión

Homilía para "Reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Con el corazón abierto ante la virgen Madre de Dios agradecemos nuestra historia personal durante el 2025.

Madre de Dios

Santa María, Madre de Dios-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Señor Dios de la vida y de la historia,

al concluir este año nos detenemos un instante ante Ti,

en el silencio que nace del corazón y se vuelve contemplación.

Como María, queremos guardar y meditar en nuestro interior

todo lo que hemos vivido, aun aquello que no comprendemos del todo.

 

Te damos gracias por cada experiencia de este año:

por las alegrías que nos dieron esperanza,

por los dolores que nos hicieron más humanos,

por las pruebas que purificaron nuestra fe

y por los encuentros que revelaron tu presencia silenciosa.

Nada ha sido estéril en tus manos,

todo ha estado misteriosamente incluido en tu plan de amor.

 

Gracias, Señor, porque en medio de tantas preguntas

has permanecido como centro vivo de nuestro corazón.

Gracias por Jesucristo, el Niño que María llevó en su seno

y que sigue habitando en el corazón de cada creyente.

El Niño que alegró el corazón humilde de los pastores.

Virgen María, Madre contemplativa,

enséñanos a agradecer sin ruido y a confiar sin reservas.

 

Acompáñanos en los silencios de Belén y del Calvario,

en los gozos sencillos y en las horas de cruz,

y permanece hoy junto a los que sufren,

a los niños heridos por la violencia,

a los pueblos marcados por la guerra y la pobreza.

Te damos gracias, Señor, por la Madre que nos regalas,

por su intercesión fiel y su mirada atenta.

En sus brazos confiamos nuestras familias,

nuestros trabajos, nuestras fragilidades y nuestros sueños.

 

Que ella nos enseñe a comenzar cada día desde la fe

y a terminar cada año con gratitud.

Al cerrar este tiempo que pasa,

te entregamos lo que somos y lo que tenemos.

Purifica nuestra memoria, fortalece nuestra esperanza

y renueva en nosotros el deseo de vivir para Ti.

 

Que el año que comienza nos encuentre

más atentos, más humildes y más disponibles a tu voluntad.

Todo lo ponemos en tus manos, Señor,

por medio de María, Madre de la esperanza.

A Ti la gloria, la gratitud y la confianza,

hoy y siempre. Amén.


Santa María, Madre de Dios - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)


Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.


“ Honra a tu padre y a tu madre ”

La Sagrada Familia nos recuerda que la historia personal y familiar de cada uno también puede ser una historia santa. Creyentes o no, todos buscamos la felicidad y algo que dé sentido pleno a la vida.

Sagrada Familia

La Sagrada Familia - Raimundo de Madrazo Garreta (1841-1920)


La Sagrada Familia - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Cuida a tu familia

No te avergüences de tu familia ni te escandalices por su composición. Cada familia es única, tiene algo de convencional y algo de profundamente peculiar.

Si tuvieras que definirla, ¿cómo caracterizarías a tu familia? Hoy existen múltiples tipos de familia, muy distintos entre sí. Sin embargo, lo que verdaderamente permanece y da valor a cualquier familia es la unión, el entendimiento mutuo, el respeto, el amor y la justicia.

Cuando estos valores faltan, la familia se resiente y se hiere profundamente. Por eso, más que fijarnos sólo en la forma externa de la familia, estamos llamados a cuidar su corazón: las relaciones, los gestos cotidianos, la capacidad de perdonar y de empezar de nuevo.

La Sagrada Familia, un modelo no convencional

A veces imaginamos la Sagrada Familia como una familia idealizada, lejana a nuestras realidades. Sin embargo, si miramos de cerca, descubrimos que no es una familia “convencional”:

• José acoge a María embarazada antes del matrimonio.

• Es una familia con un solo hijo.

• José es padre adoptivo; María es madre biológica y permanece virgen; y el Hijo nace por acción de Dios.

En esta familia se combinan los valores más genuinos de la vida familiar con una originalidad que sorprende y descoloca.

Una combinación de valores profundamente humanos

- José es un hombre de acción. No encontramos una sola palabra suya en los Evangelios, pero sus gestos hablan por él. Es el hombre de los sueños, de la intuición paterna: respeta a María, no intenta difamarla, asume su papel de padre protector, atraviesa el desierto hasta Egipto buscando un lugar seguro para su hijo, el Príncipe de la paz.

- María es la joven dócil a sus padres y a Dios. Su fe, como la de Abraham, abre su corazón a la esperanza de la vida. Se abandona a la voluntad de Dios, aun conociendo los riesgos de su embarazo y los juicios y prejuicios que puede suscitar. A pesar de ello, se deja guiar sólo por Dios. Acompañará a José y a Jesús hasta el último aliento de su vida en este mundo.

María y José son pobres y observantes de la Ley; cumplen lo que se manda, pero al mismo tiempo realizan gestos que van más allá de la mera obligación religiosa, ofreciendo al primogénito al Padre para la salvación de todos los hermanos.

Su camino no fue fácil. Tuvieron que recorrer una larga ruta para comprender el misterio de su Hijo. No entendieron todo de inmediato; muchas cosas las “guardaban en el corazón”.

Por eso son modelos de una fe confiada, que se abandona en Dios incluso ante lo inexplicable, frente a las amenazas (Herodes), el exilio y la incertidumbre sobre el futuro.

La historia de tu familia

La Sagrada Familia nos recuerda que la historia personal y familiar de cada uno también puede ser una historia santa. Creyentes o no, todos buscamos la felicidad y algo que dé sentido pleno a la vida.

En cada historia —incluso en sus heridas, en sus desórdenes y en sus búsquedas confusas— Dios está presente e invita a acoger el misterio de la Navidad.

Así como María y José acogieron a Jesús, también nosotros estamos llamados a acoger al Mesías en nuestras vidas y en nuestras casas. Cuando lo hacemos, Él nos transforma, nos enriquece y nos ayuda a vivir nuestra verdadera identidad: ser hijos de Dios.

La Navidad consiste, en el fondo, en dejar que Cristo habite nuestra historia concreta, con sus pobrezas, sus dudas y sus pruebas. Nuestra historia personal es también una historia sagrada que el Emmanuel viene a habitar.

De este modo, la historia de amor de la Sagrada Familia continúa a lo largo de la historia de la Iglesia… y también en la historia de tu propia familia.

La vida oculta de Jesús y la serenidad familiar

Después de los acontecimientos extraordinarios de la infancia, el Mesías entra en silencio. Crece y se prepara para su misión en la sencillez de la vida cotidiana.

El Evangelio nos presenta una escena final de serenidad familiar: la Sagrada Familia vive una existencia sencilla y oculta, donde Jesús crece en un ambiente de fe, trabajo, obediencia y amor, anticipando así su futura misión salvadora.

También nuestras casas, con todo lo que tienen de ordinario, pueden convertirse en Nazaret: un lugar donde Jesús crece, donde la fe se hace vida y donde, día a día, aprendemos a ser familia según el corazón de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.


La Sagrada Familia

Raimundo de Madrazo Garreta (1841-1920)


"Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer"

La anunciación de José, María es inmaculada; Dios tiene a María y José para su proyecto de salvación a la humanidad. Hoy te tiene a ti para salvar al niño.

Sueño de José

El sueño de San José de Francisco Goya

IV Domingo de Adviento - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

La confianza de José y María

La Anunciación a José nos introduce en el misterio de una confianza silenciosa y obediente. María, la Inmaculada, y José, el justo, son elegidos por Dios para colaborar en su proyecto de salvación. Dios confía en ellos… y hoy también confía en nosotros para custodiar la vida del Niño.

La historia de una promesa

El profeta Isaías narra una promesa hecha al rey Acaz en un momento de profunda amenaza para Jerusalén:

«El Señor mismo les dará una señal: la joven está encinta, dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros» (Is 7,14).

Esta profecía, pronunciada hacia el año 733 antes de Cristo, fue acogida y transmitida en la tradición de Israel, y los primeros cristianos la reconocieron plenamente cumplida en Jesucristo.

El evangelio nos muestra cómo esta promesa se concreta en la vida de José. En sueños, Dios disipa sus dudas y le revela el origen divino del embarazo de María. José acepta a María como esposa, pone nombre al Niño, y asume la misión de darle alimento, protección y cuidado. Así, la promesa se hace historia concreta en una familia humilde.

Confiar en la promesa

La confianza de José no fue sencilla. Humanamente, le resultaba difícil comprender cómo aquella joven buena, obediente y fiel podía estar encinta. A esto se suma una revelación aún más exigente: el hijo que nacerá es el Salvador. Sin embargo, José confía en Dios y se deja conducir por su Palabra.

Hoy, cuando la Navidad se acerca, también nosotros podemos experimentar dudas, distracciones y desorientación. El ruido del consumismo, la publicidad y el ritmo acelerado de este tiempo pueden opacar el sentido profundo de la espera. Sin embargo, la promesa permanece: el Niño viene a salvarnos, a transformar nuestras incertidumbres en caminos de paz y de alegría.

María, la joven de Nazaret, y la Iglesia entera llevan en su seno el gran misterio de la historia: el amor infinito de Dios hecho carne. Tal vez no siempre comprendamos todo lo que dice o hace la Iglesia, pero podemos confiar en la promesa de Dios, en ese Niño que nació, creció y sigue saliendo a nuestro encuentro.

El pesebre en tu casa

Confiar implica también acoger. Nuestra casa está llamada a ser un pesebre donde Jesús encuentre calor frente al frío más duro: la indiferencia. Así como José lo dio todo para proteger la vida del Niño y María ofreció su juventud al servicio del plan de Dios, también nosotros estamos invitados a hacer espacio a Cristo en nuestra vida cotidiana.

Cada hogar puede convertirse en ese lugar sencillo donde Jesús crece —como crecemos nosotros— en lo humano, lo afectivo y lo espiritual. Seamos padres o hijos, madres o hermanos, todos formamos parte de ese pesebre que recibe al Señor.

El pesebre no se llena de objetos ni de lujos. No necesita juguetes costosos, tecnologías de última generación ni apariencias vacías. Su riqueza es otra: fe, bondad, humanidad, perdón y amor. Sin Jesús no hay Navidad; sin el Niño, no nace la esperanza.

Que esta Navidad llegue a nuestra vida colmada de fe y de amor, de alegría y de reconciliación. Porque en Navidad nace el Amor, nace Dios con nosotros.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera:👉

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:

«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

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El sueño de San José de Francisco Goya

El sueño de San José es una obra pintada por el famoso artista español Francisco Goya. En esta pintura, se representa a San José durmiendo profundamente mientras un ángel le muestra la estrella de Belén en un sueño. La composición y los colores utilizados por Goya hacen que la escena cobre vida y transmita una sensación de paz y serenidad.

"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"

Mientras se encienden las luces de los parques, se multiplican los adornos navideños, las ofertas y las promesas de regalos, Juan el Bautista irrumpe con una pregunta que desvela la artificialidad de muchas celebraciones: ¿es Jesús realmente el que esperamos o seguimos aguardando a otro? En medio de una realidad saturada de luces y estímulos, su interpelación atraviesa la superficie y toca el corazón de nuestra esperanza.

Juan Niño
José Vergara. La Sagrada Familia y San Juan Bautista Niño

III Domingo de Adviento-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Juan vive la sobriedad de los profetas y de los sabios. No necesita ornamentos: sus palabras iluminan más que cualquier vestido. Jesús, por su parte, no responde con teorías ni discursos abstractos. A la pregunta de Juan responde con hechos, remitiéndolo a la realidad concreta de la salvación en acto.

  • Jesús vino para que los ciegos vean, no mediante luces de colores, sino reconciliando la mirada con el sentido profundo de la vida. Vino para que los cojos caminen por el sendero de la salvación y del encuentro fraterno, no calzados con marcas prestigiosas, sino sostenidos por la dignidad de saberse hijos de Dios.
  • Jesús vino para que los leprosos quedaran limpios. Hoy los leprosarios no son solo lugares físicos, sino espacios sociales donde se confina al otro por miedo, desprecio o indiferencia. El problema no es la lepra del que sufre, sino la mirada de quienes rehúyen enfrentarse a las lepras contemporáneas: la indiferencia, la soberbia, la corrupción, la lujuria y tantas formas de deshumanización.
  • Jesús vino para que los sordos oigan. Escuchar es una necesidad vital. Sin escucha no hay comprensión, ni diálogo verdadero. ¿Cómo comunicarnos cuando hablamos sin cesar y no dejamos espacio al otro? ¿Cómo compartir la vida con oídos saturados de autorreferencialidad? Tal vez la Navidad pueda devolvernos la capacidad de escuchar con el corazón.
  • Jesús vino para que los muertos resuciten. La cultura de la inmediatez ha ido diluyendo el horizonte de la eternidad; lo rápido ha simplificado y empobrecido los procesos humanos más profundos. El Niño indefenso del pesebre es el signo de un Dios que da vida, que resucita. ¿Cómo celebrar la Navidad si, cada año, Jesús queda relegado, olvidado, eclipsado por un árbol luminoso o por la figura de Papá Noel?
  • Jesús vino para que los pobres sean evangelizados. El Evangelio del Niño Jesús no es una tradición folclórica ni un rito vacío, sino la revelación del sentido último del pasado, del presente y del futuro. Pobres quienes no escuchan la fragilidad del Niño; pobres quienes opacan su vida; pobres quienes privan a los niños de su desarrollo integral: físico, intelectual, espiritual y afectivo.

Juan el Bautista es el mensajero anunciado: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino». Hoy, Juan sigue siendo el gran profeta que señala al Mesías, el hombre austero que nació grande para el Reino de Dios, recordándonos que la verdadera Navidad no consiste en esperar algo, sino en reconocer a Alguien.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:

«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Jesús les respondió:

«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».


“Está cerca el Reino de los cielos”

Juan el Bautista nos da la clave de cómo vivir este Adviento: con austeridad y con entusiasmo por un mundo nuevo.

Juan Bautista y el Niño Jesús

El Niño Jesús y san Juan Bautista niño. Anónimo. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

II Domingo de Adviento. Año litúrgico 2025–2026 – (Ciclo A)

¿Qué cosas son urgentes en tu vida?

De esa respuesta se revelan tus verdaderas prioridades.

Lo urgente no siempre es lo importante ni lo necesario.

Para celebrar de verdad necesitas vida, salud, paz.

Juan el Bautista confirma la urgencia de renovar la vida, de regresar a la amistad con Dios. Su austeridad le da la libertad para decir lo que considera importante para su pueblo, lo que es realmente necesario para vivir la vida con sentido.

Está cerca la venida de Jesús. Te propongo mirar algunas imágenes que nos trae el Evangelio según san Mateo:

1. La voz que grita en el desierto

Es la voz que clama en el desierto de los sordos. Jesús lo aclaró con fuerza: no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Allanar los senderos llenos de odio, de prejuicios, de indiferencia: esta es la tarea. Después del Covid-19 ha quedado una triste costumbre: evitar darse la mano de fraternidad y de paz.

2. La austeridad de Juan

Juan llevaba un vestido sencillo y una correa de cuero, se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Con la precariedad y dureza de su estilo de vida, su testimonio se veía bendecido y su credibilidad resultaba incómoda para muchos.

3. Un pueblo que busca vida nueva

Acudían a él, le confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

El testimonio del Bautista es impresionante, es fiable; sus palabras impactan a un pueblo desesperado por culpa de líderes corrosivos.

4. “¡Raza de víboras!”

Con esta expresión involucra a todo un grupo que se considera puro y heredero de la salvación, pero que vive de forma incoherente su condición de hijos de Abraham.

El pequeño poder que tienen les lleva a tener veneno en la boca y la frialdad para enrollarse en torno a sus víctimas y estrangularlas.

5. El hacha a la raíz

«Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles» que no dan fruto, como la higuera estéril o la vida carente de sentido.

Es necesario talar las ramas secas para el fuego.

Tú y yo esperamos no tener una vida seca que arde como simple combustible; esperamos ser árboles frondosos que dan fruto abundante.

6. Jesús y el bieldo en la mano

Jesús, con el bieldo (horqueta) en la mano, avienta al aire la cosecha para separar el trigo de la paja. Jesús te pone las cosas claras, te “zarandea”, te filtra como un cedazo, selecciona el buen trigo.

El Adviento es también poner ante Él nuestras gavillas: espigas, cosas secas, sin peso, que fueron importantes en su momento para que apareciera el grano de trigo.

Esta es la parte dolorosa: quemar lo que ya es solo paja. Si en algún momento fue necesaria para proteger el trigo, ahora la atención está en el grano que no muere, sino que produce fruto.

Que este Adviento nos encuentre dejándonos purificar por el Señor, para que, cuando llegue, encuentre en nosotros trigo bueno y abundante fruto de vida nueva.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 1-12

Por aquellos días, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

«¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?

Dad el fruto que pide la conversión.

Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.

Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias.

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».


"Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre"

El tema central del Primer Domingo de Adviento es la esperanza, la vigilancia. Ambas van en el mismo yugo, en el trabajo y, en especial, en el sentido de vivir, la alegría de renovar la vida.

Navidad

La Navidad de Giotto

I Domingo de Adviento-Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

El entendimiento

El entendimiento remite a un instrumento cognoscitivo, entender mejor. ¿qué entiendo mejor? Entiendo mi propia historia y preparo el futuro. Entiendo las circunstancias y decido hacer lo correcto. Entiendo a las personas con quienes convivo. Entiendo las consecuencias de mis actos. Para sintetizar, ¿Entiendo lo que realmente es importante en la vida?

Esta ignorancia es muy contagiosa en tiempos de adviento, porque la preparación del nacimiento del Hijo de Dios pierde su centro. Mira y escucha a tu alrededor, las preocupaciones tuyas o las de los otros visionan la Navidad como un asalto mercantil.

El centro sigue al margen, no sólo en la preparación navideña, sino también en los liderazgos políticos y económicos. El centro ya no es Dios en un mundo gobernado por los más ricos. Las guerras, los atentados a la vida, tienen el mismo giro económico. El pueblo de a pie, parece terminar siendo parte de lo insignificante. La urgencia de la paz y la justicia exigida por los profetas es cada vez más actual y urgente.


¿Cómo rehacer la historia?

El profeta Isaías ante la urgencia de rehacer la historia les anuncia la llegada de un salvador, de Jesús. Las reacciones son tan conocidas: unos súbditos de los explotadores y los que se alimentan de migajas están contentos con la explotación, aunque sepan que es indigno; otros, que sueñan con la justicia y la paz entregan su palabra y vida para anunciar las verdades que pronto son reprimidas por los poderes. El profeta muere, pero su palabra vive como una incómoda referencia a las conciencias abusivas. Los explotados que tienen pan pronto se vuelven ignorantes y siguen siervos fieles de los poderes económicos. Para los que ven la vida con sentido de justicia, de honradez, de trabajo, de estudio, … el mundo parece darles la espalda, y deben discernir servir a los poderes de este mundo o llenar de la esperanza de Dios y perseverar.

Rehacer la historia necesita de centrar objetivos, ilusiones, pensamientos, misiones. Si en éstos, Dios está ausente, será como comer pavo y panetón sin Dios. Ese es el inicio de pérdida de objetivos en la vida, vivir al margen de el Salvador que nos trae su Palabra para ser libres.

El apóstol Pablo recoge este “sentido del sin sentido”, pone como luces referentes a la justicia y la paz para revestirse de Jesús y vivir el proyecto del Evangelio, lo cual supone un cambio radical de vida, vivir una experiencia transformadora desde la interioridad, revestirse del Señor Jesús.

El adviento es tiempo para reiniciar la vida, no se puede formatear la propia historia, pero si se puede vigilar en lo que más nos lleva a la equivocación, al pecado. El sentido de la vida pasa por la autoevaluación, por la renovación como después del diluvio, de la torre de Babel, de la venida de Cristo, de Pentecostés. En este domingo podrías analizar cómo recomenzar la vida con la luz y la misión de la Navidad.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

"A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido".

Solemnidad de Cristo Rey

Instituida por el Papa Pío XI en 1925 y, más tarde, colocada al final del año litúrgico después del Concilio Vaticano II.

La Crucifixión. Orrente, Pedro de. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

XXXIV Domingo del tiempo ordinario - Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

¿Por qué Rey?

Gracias a la historia conocemos a los reyes. Todavía existen algunos. Al final, todos son humanos: algunos embriagados por el poder y el placer; el afán de tener se va incrementando. Aunque su vida privilegiada pueda ser anhelada e imitada por muchos, ninguno es eterno.

No son eternos, pero a menudo se sienten con la autoridad de decidir sobre la vida y la muerte. Hoy la escena es Jesús en la cruz. Se burlan de Él y ponen a prueba su autoridad, lo retan a salvarse de la muerte.

Lo paradójico de nuestra vida no es “salvarla”, sino donarla. Es imposible salvarla sin estar dispuestos a perderla. No puedes salvar lo que no estás disponible a entregar. Precisamente en la cruz, el nivel del amor divino supera a todos los reinados.

Poner a prueba a Dios

Jesús está entre malhechores, entre delincuentes. Eso hacen los poderosos de este mundo: matar justos y liberar delincuentes. El afán de poder busca engañar, entretener, escarmentar. Quieren mostrar cómo pueden sufrir la cruz quienes tienen voz profética, cómo se puede atormentar al Príncipe de la paz y de la justicia.

El pueblo tiene ante sus ojos la imagen de la muerte, del miedo; le cuesta asumir que lo quieren en silencio, y que quienes desean su silencio tienen miedo de perder el poder. Por ello, los castigos públicos terminan ofreciéndole al pueblo un enemigo común, un peligro visible, una “piñata” sobre la cual descargar golpes. No sólo el ladrón soberbio grita, también el pueblo clama: “¡Crucifícalo!”.

Dios supera las barreras

El buen ladrón manifiesta niveles de conciencia moral de manera objetiva y libre. Con un aparente arrepentimiento y sin nada ya que perder o robar, se reconoce culpable. Es el que puede “reinar” en el discernimiento de su propio proceder. En cambio, el ladrón soberbio sólo se hunde más en su obsesión por el mal y el desprecio humano; sin argumentos y con una conciencia errónea, no acierta a salir del fango de su orgullo.

El trono de la cruz

Jesús, desde su trono voluntario y lleno de enseñanzas, promete el paraíso: salva al buen ladrón y abre la puerta a todas las personas que quieran reconciliarse con Dios. Dios suele dar más de lo que promete y más de lo que se le pide. El buen ladrón muere con esperanza y con la puerta de la eternidad abierta.

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 23,35-43

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:

«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Había también por encima de él un letrero:

«Este es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».

Y decía:

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le dijo:

«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».


“ Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario ”

La estrategia frecuente de dominación es la del miedo, porque éste quita la capacidad crítica, la de protesta. Específicamente, este estilo no es el mismo que el lenguaje apocalíptico. El primero, busca la oscuridad, el apocalíptico busca la revelación; el primero quiere pasividad, el segundo urge a vivir hoy con diligencia para preparar el mañana.

Juicio Final

El Juicio Final (Altar alado) Fra Angélico

(The Last Judgement (Winged Altar)) 

XXXIII Domingo del tiempo ordinario. Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

El Evangelio de hoy nos habla de guerras, terremotos, signos en el cielo… Imágenes fuertes, casi de película. A primera vista, parecen anuncios del fin del mundo. Sin embargo, si nos quedamos solo con el miedo, perdemos lo esencial del mensaje de Jesús.

1. Un lenguaje que revela, no que asusta

La Biblia usa un estilo llamado lenguaje apocalíptico. “Apocalipsis” no significa destrucción, sino revelación. Es un modo simbólico de decir: algo de este mundo viejo se está cayendo, porque Dios está haciendo nacer algo nuevo.

Lucas, en su evangelio, recoge este lenguaje, pero con una intención muy clara: evitar el pánico y la manipulación. Ya en su época había gente que anunciaba fines del mundo para ganar seguidores. Jesús, en cambio, no viene a asustar, sino a desvelar dónde está de verdad la salvación: en el Reino de Dios, no en los poderes de turno.

2. Los lenguajes del miedo de hoy

Si miramos alrededor, vemos que el lenguaje apocalíptico no ha desaparecido; solo ha cambiado de formato.

• Noticias que insisten en la violencia, la guerra, las catástrofes… Los líderes que crean intencionalmente chivos expiatorios y enemigos comunes.

• Discursos políticos que dicen: “sin nosotros no hay futuro”. Y luego, se encargan de destruir el futuro del prójimo.

• Mensajes religiosos que solo hablan de castigo, condena y fin del mundo. Pero no aman a su hermano.

Son lenguajes que alimentan el miedo y nos dejan bloqueados, sin horizonte. Igual que en tiempos de Jesús, resurgen “profetas de desgracias” que usan la angustia para controlar, dividir o manipular.

Pero Jesús nos dice hoy, como entonces:

“No se dejen engañar”; “No se asusten”.

El problema no es solo que haya guerras, crisis o violencia. El problema es cuando el miedo se convierte en la última palabra y dejamos de creer que Dios puede hacer algo nuevo en medio de todo eso.

Y una cosa más, el profeta del miedo, en tu casa, o pequeña comunidad, siempre estará, los problemas llegarán. Con la caída de Jerusalén no se acabó la religión, la destrucción del templo no desapareció a Dios, … los manipuladores no son eternos, Dios es eterno, por ello nos da la fuerza para hoy preparar el mañana. No tiene ni mínima coincidencia con las modalidades de la agenda 2030 en el desarrollo sostenible que todavía es insostenible, mientras esperemos al 2045 (si sigo vivo).

3. ¿Qué hacer hoy con nuestra vida?

El Evangelio no es una invitación a encerrarnos esperando el fin, ni a vivir como si nada pasara. Nos propone otra cosa: No vivir instalados, como si este mundo fuera definitivo. Pero tampoco vivir paralizados, como si todo estuviera perdido.

La fe cristiana es anhelo de un mundo mejor, de una humanidad nueva. Esa novedad no se programa como un proyecto más: es don de Dios, es vida nueva que Él ofrece en Cristo.

Por eso Jesús se coloca a la puerta y llama. No viene a arrastrarnos fuera de este mundo, sino a caminar con nosotros dentro de él: En nuestras fragilidades, crisis, dudas y miedos.

La pregunta importante no es “¿cuándo será el fin del mundo?”, sino:

¿qué estoy haciendo hoy con mi vida, sabiendo que Cristo está a mi puerta? ("abrir la puerta")


4. Un lenguaje cristiano ante la violencia

En un mundo marcado por atentados, guerras, injusticias, violencias domésticas, redes sociales llenas de agresividad… ¿qué lenguaje pueden usar los cristianos?

No el lenguaje de la amenaza, del “ya verás”, del juicio sin misericordia.

No el lenguaje del todo da igual, del cinismo y la indiferencia.

El lenguaje cristiano está llamado a ser:

  • Profético: decir la verdad, denunciar la injusticia, no pactar con la mentira.
  • Esperanzador: recordar que el mal no tiene la última palabra.
  • Encarnado: no solo palabras bonitas, sino gestos concretos de amor, de solidaridad, de defensa de los más débiles.

Cristo no nos promete que no habrá persecución ni sufrimiento. Lo que promete es algo más grande:

“Yo estoy con ustedes”. “No tengan miedo”. Su presencia no siempre se ve con los ojos. Como le dice el zorro al Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Se ve con el corazón: en alguien que acompaña a un enfermo, en quien perdona, en quien comparte, en quien se mantiene fiel a la verdad aunque le cueste. Ahí, como levadura en la masa, Cristo está actuando.


Palabra del Papa León XIV

Romper la soledad: la pobreza que atraviesa todas las pobrezas

Aunque las pobrezas materiales siguen siendo un desafío urgente, León XIV subrayó que existe una herida más profunda y transversal: la soledad. E invitó a promover una auténtica cultura de la atención que rompa ese aislamiento, comenzando por la vida familiar y extendiéndose a escuelas, lugares de trabajo, comunidades y también al mundo digital. La cercanía, dijo, es el rostro concreto de la ternura de Dios.

En medio de guerras y violencias, un Evangelio que salva

El Papa reconoció que los escenarios de guerra y violencia llevan a muchos a un sentimiento de impotencia global. Sin embargo, denunció que esta sensación nace de una mentira: creer que la historia no puede cambiar.

Recordó que, precisamente en medio de las crisis, el Señor viene a salvar, y que los cristianos deben ser un signo vivo de esa salvación entre los pobres y afectados por los conflictos.

(Jornada mundial de los pobres. León XIV, 16 de noviembre de 2025).

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:

«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».

Ellos le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

Él dijo:

«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.

Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».

Entonces les decía:

«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.

Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».


El Juicio Final (Altar alado)

(The Last Judgement (Winged Altar))


Fra Angelico


"Destruid este templo, y en tres días lo levantaré"

El templo de su cuerpo, el templo de Cristo y el nuestro. No más sustitutos: un culto vivo no consiste en ofrendar animales. El culto vivo es con seres humanos capaces de interactuar con Dios y el prójimo.

Expulsión del templo
Expulsión de los mercaderes del Templo, de Enrique Simonet.

Dedicación de la Basílica de Letrán

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

Jesús, ofrenda y templo

La escena del Evangelio es contundente: Jesús purifica el templo y, ante el escándalo, declara que el verdadero santuario es su propio cuerpo. No viene a mejorar un sistema de ofrendas; viene a ser la ofrenda. Si uno estuviera en el templo con la tórtola o el buey en la mano, Jesús parecería decir: “No traigas sustitutos: entrégate tú”. El culto nuevo no se compra ni se negocia: nace del don total de Cristo, y nos invita a ofrecernos con Él.

Contra el culto vacío

Jesús no prohíbe la oración ni el templo. Denuncia el vaciamiento del culto cuando se vuelve trámite, comercio o apariencia: cuando falta el corazón contrito, la escucha de la Palabra y la autenticidad ante Dios. Un perro atado a la puerta no reza por su dueño. El culto cristiano es personal y verdadero, o no es.

“Destruyan este templo…”

La novedad de Jesús no es un rito más puro, sino un templo resucitado. “Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré”: hablaba de su cuerpo. En Cristo, Dios y el hombre se encuentran para siempre. Por eso el culto nuevo no consiste en poner carne al brasero para aplacar a Dios, sino en dar la vida y servir al hermano. Donde hay entrega por amor, allí el Resucitado levanta su templo.

Tú eres la ofrenda

En el bautismo fuimos hechos templos del Espíritu. Por eso, ante cada Eucaristía, el Señor nos susurra: “Trae tu vida al altar”. No bastan cosas en lugar del corazón:

Tu tiempo, cuando acompañas a quien sufre.

Tu paciencia, cuando eliges escuchar.

Tu perdón, cuando rompes cadenas de rencor.

Tus bienes, cuando comparten justicia y misericordia.

Eso es culto “en espíritu y en verdad”.


Señor Jesús, templo verdadero del Padre,

purifica mi corazón de todo comercio y apariencia.

Enséñame a ofrecerme contigo, sin sustitutos:

que mi oración sea verdad,

mi fe, servicio,

y mi vida, ofrenda viva para la gloria de Dios

y el bien de mis hermanos. Amén.


Palabra del Papa Francisco

 ¿Le permito que haga limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el prójimo y contra nosotros mismos, como hemos escuchado hoy en la primera lectura? Cada uno puede responder a sí mismo, en silencio, en su corazón. «¿Permito que Jesús haga un poco de limpieza en mi corazón?». «Oh padre, tengo miedo de que me reprenda». Pero Jesús no reprende jamás. Jesús hará limpieza con ternura, con misericordia, con amor. La misericordia es su modo de hacer limpieza. Dejemos —cada uno de nosotros—, dejemos que el Señor entre con su misericordia —no con el látigo, no, sino con su misericordia— para hacer limpieza en nuestros corazones. El látigo de Jesús para nosotros es su misericordia. Abrámosle la puerta, para que haga un poco de limpieza.

Angelus. 8 de marzo de 2015

Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: 

«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Los judíos replicaron:

«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.


“ Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá ”

Hemos celebrado a Todos los Santos y hoy rezamos por nuestros difuntos. Muchos de ellos son santos de la puerta de al lado: con su vida nos mostraron la fe y la fuerza de la esperanza. La resurrección de Lázaro (Jn 11) nos ayuda a mirar la muerte sin maquillarla… y a mirarla con Jesús.

Resurrección Lázaro

Resurrezione di Lazzaro, Duccio

Conmemoración de todos los fieles difuntos

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)


Jesús no solo promete la resurrección: la empieza donde alguien ama hasta darse.

“Si pudiera volver…”: dar la vida por amor

Cuando se muere alguien que amamos, algo dentro de nosotros grita: “¡Señor, devuélvelo!”. Imagina que Dios te respondiera: “Sí… pero a cambio de tu propia vida”. Suena duro, pero ahí está el corazón del Evangelio: Jesús pide la vida de Lázaro… entregando la suya. Después de resucitarlo, deciden arrestarlo y matarlo. El amor verdadero paga en primera persona.

Mírate con este horizonte: tu vida, ofrecida, puede abrir caminos de eternidad para otros. No es teatro; es el precio del amor.

Jesús llora: tus lágrimas también son oración

“Jesús lloró” (Jn 11,35). No recita frases hechas, llora por su amigo.

Tus lágrimas por mamá, por ese hermano, por el buen vecino… son oración. Salen de las entrañas y Dios las recoge. No te saltes el duelo; llora con Jesús. Reclámale si hace falta. Él no se ofende: te abraza.

La fe no es un canje

Creer no es decir: “Si te creo, me devuelves a mi muerto”. La fe no es trueque. Después de la Pascua de Jesús, no esperamos resurrecciones “de laboratorio”, sino la Resurrección definitiva.

Entonces, ¿para qué creer? Para no estar solos en el valle de lágrimas, para descubrir que la muerte no tiene la última palabra, para empezar ya una vida que no termina.

“Yo soy la Resurrección y la Vida… ¿crees esto?”

Marta piensa en “el último día”. Jesús la trae al hoy: “Yo soy… el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11,25-26).

La vida eterna no empieza cuando nos entierran: empieza cuando nos unimos a Cristo. Quien se pega a Él, ya no se separa, ni la muerte puede romper ese abrazo.

Cómo vivir este Día de Difuntos (y todos los días)

Di sus nombres en voz alta ante el Señor. Agradece un gesto, una frase, un plato, una risa. La memoria agradecida cura.

Ofrece algo concreto por ellos: una misa, una obra de misericordia, reconciliarte con alguien. El amor se hace visible.

Lee el capítulo 11 de Juan en casa. Subraya tres verbos de Jesús: vino, lloró, gritó “¡Lázaro, sal fuera!”. Pídele que te llame a ti fuera de lo que huele a muerte.

Construye eternidad hoy: perdona, sirve, comparte. Cada acto de amor desata vendas.

Para quien extraña

Extrañamos escucharlos, verlos, incluso que nos regañen. Está bien decirle a Jesús: “Los necesito”. Y pedirle esto: rompe la frontera. No con milagros espectaculares, sino con su presencia: de espíritu a espíritu, de alma a alma, en la comunión de los santos.

Oración final

Señor Jesús,

que lloraste a tu amigo Lázaro y lo llamaste por su nombre,

mira nuestras lágrimas y conviértelas en confianza.

Abraza a nuestros difuntos y purifica lo que falte con tu misericordia.

Llama también nuestro nombre: sácanos fuera del rencor, del miedo y de la fe cansada.

Que, unidos a Ti, empecemos hoy la vida que no termina.

Amén.


Palabra del Papa Benedicto XVI

“En realidad, esta página evangélica muestra a Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios. Ante todo, el evangelista insiste en su amistad con Lázaro y con sus hermanas Marta y María. Subraya que «Jesús los amaba» (Jn 11, 5), y por eso quiso realizar ese gran prodigio. «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo» (Jn 11, 11), así les habló a los discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la considera precisamente como un sueño, del que se puede despertar.”

Ángelus, 9 de marzo de 2008


Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 17-27

Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:

«Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo: 

«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:

«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:

«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».


"Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido"

No es suficiente, preguntarnos cuánto rezamos, debemos preguntarnos también cómo rezamos, o mejor, cómo es nuestro corazón: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y extirpar arrogancia e hipocresía.

publicano y fariseo

Parábola del fariseo y el publicano. Adrian Collart • Grabado, 1643, 20.8×26.5 cm

XXX Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

¿Cómo es tu oración en el templo?

Jesús nos regala hoy una escena sencilla y luminosa: dos personas oran en el templo. Como en nuestras comunidades, algunos oran con recogimiento; otros se distraen mirando de reojo al prójimo. El templo -y cualquier rincón de silencio- es lugar de encuentro íntimo con Dios. No se trata de una gran celebración; es ese momento personal donde el alma se sabe mirada y amada.

¿Qué podemos pedirle a Dios?

Depende de tu camino, pero casi siempre necesitamos humildad, paciencia y claridad. La vida trae desafíos que hacen crecer nuestras virtudes. Pidamos un corazón como el del publicano: sincero, sin excusas, que reconoce su pobreza y se abandona a la misericordia. Cuidémonos del corazón del fariseo: mucha palabra, poca escucha; mucha comparación, poca verdad.

Dos estilos, dos resultados

Jesús utiliza las figuras conocidas de su tiempo. Los fariseos, austeros y religiosos, podían caer en la soberbia y la hipocresía. Los publicanos, marcados por el dinero y el poder, conocían también la vergüenza y el desprecio. Dos extremos que revelan un mismo drama: cuando falta la verdad del corazón, la oración se vacía.

Pero el Evangelio es claro: “Éste bajó a su casa justificado: el publicano.” (cf. Lc 18,14) No porque fuera perfecto, sino porque se dejó mirar por Dios y le pidió perdón con verdad. La justificación es don: no la logramos con argumentos de “santidad”, la recibimos por gracia cuando nos presentamos humildes.

La historia del fariseo y el publicano es para un auditorio que sabe sopesar su vida en ese vaivén del materialismo y el falso espiritualismo, del arrepentimiento y el orgullo, de la mala fama y de la hipocresía.

¿Quién se justificó?

Ninguno. El único que justifica es Dios, los demás sólo tenemos que pedir con una oración sincera y una vida coherente que llegue la justificación de Dios..  

Orar de verdad

– Deja de compararte: Dios no te mide contra nadie.

– Di la verdad: “Señor, ten piedad de mí”. Nómbrale tus sombras y tus anhelos.

– Escucha: haz silencio para que Su misericordia te pacifique por dentro.

– Continúa el día distinto: la oración auténtica se nota en la vida.

Para esta semana

Entra al templo de tu corazón cada día unos minutos. Repite con sencillez: “Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí.” Deja que esa oración te haga bajar a casa justificado: más libre, más humilde y más hermano.

Palabra del papa Francisco

Jesús concluye la parábola con una sentencia: «Os digo que este —o sea el publicano — bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado» (v. 14). De estos dos, ¿quién es el corrupto? El fariseo. El fariseo es precisamente la imagen del corrupto que finge rezar, pero sólo logra pavonearse ante un espejo. Es un corrupto y simula estar rezando. Así, en la vida quien se cree justo y juzga a los demás y los desprecia, es un corrupto y un hipócrita. La soberbia compromete toda acción buena, vacía la oración, aleja de Dios y de los demás.

Audiencia General, 1 de junio de 2016

 Lectura del santo evangelio según San Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:

«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

“¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.

El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:

“Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».


Pintura

Parábola del fariseo y el publicano

Adrian Collart • Grabado, 1643, 20.8×26.5 cm



“Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?”


En los esfuerzos de cada día te llega este mensaje poderoso para avivar tu interioridad y perseverar en la oración. Y, como nunca, necesitamos orar por la justicia, para que Dios llegue a esos corazones que no temen a Dios ni les importa el ser humano.

Ilustración de la Parábola del juez injusto (Lucas 18:1-9), realizada por John Everett Millais para la obra The Parables of Our Lord (1863).

XXIX Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)


Orar por los seres humanos que conoces

En tu oración, piensa en las personas que Dios ha puesto en tu vida: las que te animan y también las que te ponen a prueba. Aquellas personas que llegaron a tu vida como un regalo, incluso, podrías decir, como un desafío; focalízalas en tu vida. Encuentras diversidad de caracteres y de cómo valoran la amistad. En primer lugar, tómalo como una experiencia de aprendizaje, dale siempre el calor edificante, la conciencia de que hay aspectos que no están en tu mano modificarlas, sólo Dios tiene ese poder. En segundo lugar, valóralo, Dios te las puso por algo, todas son parte de tu camino espiritual. Aprende de cada una, valora su presencia y pregúntale a Dios:  “¿Qué quieres enseñarme a través de esta persona?”; puedes decir: “quien encuentra un amigo o amiga encuentra un tesoro”.

Tal vez recuerdes a quienes te buscan sólo cuando necesitan algo, o a quienes se alejan en tus momentos difíciles. No dejes que eso apague tu oración. Orar por los demás, incluso por los ingratos, te hace libre y te acerca más al corazón de Dios.

Tu Dios es como tus amigos

La parábola quiere indicar justamente que no tratemos a Dios como un amigo interesado o malagradecido. Si Dios escucha sólo peticiones, no consultas, ni conversaciones de discernimiento, se sentirá como tú cuando te sientes utilizado.

¿vale la pena orar a Dios? ¿es importante orar por tus amigos, incluso los más utilitaristas? 

La oración se compone de palabras que salen de tu corazón, de manera espontánea. Para ello necesitas decirlas en silencio, ante el Santísimo, en un momento propicio. No son palabras mágicas ni una clave secreta para obtener favores. Tus dones de orador (de oratoria) no son necesarios para ser orante, hacer oración.

Puedes orar por los duros de corazón, los indiferentes, los heridos y no sanados, los orgullosos, los que han perdido el sentido de humanidad.

Postergas a Dios y Dios no te posterga

La perseverancia en la petición al Juez nos indica cómo la insistencia capta la atención. Es casi normal, parece un juez perezoso, no quiere salir de su confort. Es un juez que gestiona la justicia, de manera soberbia, no le interesa ejecutarla, y menos si se trata de una viuda paupérrima.

La petición de la mujer es justa, el juez no tiene razones para postergarla; pero una viuda no tiene el poder de un pueblo unido, está desprotegida, víctima frecuente de abusos. 

Las personas que no se interesan en Dios ni reconocen la dignidad del ser humano, de su prójimo, tienen ese complejo dañino para la sociedad y para su propio espíritu; aunque lo quieran anular, Dios habita en lo profundo de su conciencia, y en algún momento reaccionarán.

Finalmente el juez responde con asco, desnaturalizando su función; es realmente el juez que hace justicia pero que no es justo. Eso es la tragedia de la soberbia. Jesús lo pone claro: si este juez con un corazón más duro que la piedra respondió, cuanto más responderá Dios que te ama tanto, que entregó su vida por ti. 

Oración por la Justicia y la paz

Los jueces perezosos no quieren construir humanismo. Necesitamos perseverar, insistir en nuestras oraciones. Los jueces traducidos en líderes mundiales nos están dando muchas largas para construir una sociedad justa, sin corrupción, sin violencia. 

Persevera. Insiste. Confía. Las oraciones verdaderas siempre llegan, aunque sea al último instante.

¿Cuál es tu plegaria más profunda  hoy?

.......

Palabra del papa Francisco

“La viuda que se dirige al juez para que la ayude a obtener justicia. Este juez es corrupto, es un hombre sin escrúpulos, pero al final, exasperado por la insistencia de la viuda, decide complacerla (cfr. Lc 18,1-8). Y piensa: “Es mejor que le resuelva el problema y me la quito de encima, y así no viene continuamente a quejarse delante de mí”. Esta parábola nos hace entender que la fe no es el impulso de un momento, sino una disposición valiente a invocar a Dios, también a “discutir” con Él, sin resignarse frente al mal y la injusticia.”

Audiencia General, 11 de noviembre de 2020 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle:

“Hazme justicia frente a mi adversario”.

Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo:

“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”».

Y el Señor añadió:

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».


Ilustración de la Parábola del juez injusto (Lucas 18:1-9), realizada por John Everett Millais para la obra The Parables of Our Lord (1863). En ella, una viuda arrodillada pide la atención de un juez quien, sentado en su lujoso asiento y medio hundido en cojines, mira en otra dirección. Alrededor del juez se encuentran varios secretarios, uno de los cuales busca disuadir a la viuda para que desista de su petición.


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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

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Javier Abanto Silva
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