Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
La imagen del “Buen Pastor” atrae: inspira seguridad, experiencia, sabiduría, espiritualidad profunda y una gran capacidad emocional para resolver los problemas del rebaño. Aunque cada oveja es autónoma, el ojo del Buen Pastor intuye y cuida.
El Buen Pastor. Cristóbal García Salmerón. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado
IV Domingo de Pascua – Año litúrgico 2025-2026 – (Ciclo A) – san Juan 10, 1-10
Jesucristo es el Buen Pastor
El Buen Pastor es el mismo Jesucristo. Jesús es también la puerta y, de hecho, es el portero. Es decir, te cuida: se cierra a los ladrones y se abre a los justos; decide si entras o no. Nos gustaría que fuera un muro infranqueable para los ladrones. Es la puerta de tu libertad, de tus decisiones, de tus búsquedas en la vida.
Es también la puerta de la confianza: entras sabiendo que estás en buenas manos, en un redil digno. Libertad y confianza se juegan la alegría o la tristeza de nuestras vidas, así como la responsabilidad personal y el amor sin límites. Jesucristo se jugó la cruz; su misericordia no te cierra la puerta; si es posible, te lleva en sus propios brazos.
¿Tú eres buen pastor?
La imagen del “Buen Pastor” sugiere que también existen “malos pastores”. Y, en este punto, todos tenemos la misión de ser buen testimonio, de mostrar con nuestra vida una ejemplaridad que edifique. El peligro está en que ningún pastor se presenta como el malo. Existe la expresión “el diablo es celoso” para advertirnos y mantenernos vigilantes ante las apariencias.
El mal pastor, alguna vez honrado, se presenta como bueno y no quiere ser descubierto cuando salta la tapia para robar. Es fácil señalar con el dedo, culpar, criticar. Sin embargo, el tema no es tanto cómo se ve el río, sino las corrientes internas que arrastran. Y, especialmente, el portero te abrirá si tocas la puerta.
El texto del Buen Pastor no hay que disimularlo: se refiere a los pastores, a los encargados de explicar la Sagrada Escritura. Por extensión, lo aplicamos también a los padres de familia, abuelos, superiores, jefes, etc. En el fondo, se trata del escenario entre la persona y Dios, del tribunal de la conciencia, de ese interior visto con autenticidad ante Dios.
Eso es lo que nos corresponde: pedirle a Jesús que nos ayude a imitarlo como Buen Pastor, amoroso, cuidadoso y misericordioso.
Que este domingo vivas la resurrección de Jesús con la esperanza puesta en un Buen Pastor a quien deseas imitar, entregando tu vida al servicio de un redil, de muchas ovejas, incluso de aquellas que no pastan en los jardines de la Iglesia, sino que buscan praderas en otros lugares. El reto es muy grande.
Jesús es la puerta, el portero, el Buen Pastor.
Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».



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