Domingo de Pentecostés (A): Pentecostés: las puertas abiertas del Espíritu

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»

En esta fiesta se cumple la promesa de Jesús, se inicia la nueva alianza, el nuevo Sinaí, la nueva Iglesia. Pero, ¿qué significa para cada uno de los cristianos?

Pentecostés
Discesa dello Spirito Santo nel giorno di Pentecoste (Moretto)

Domingo de Pentecostés - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)- Juan 20, 19-23

Pentecostés abre puertas.

Se abren para entrar y para salir. Se abren para acoger a quienes buscan a Dios con el corazón herido o esperanzado; y se abren también para que los discípulos salgan al mundo llevando la alegría de la Buena Noticia. El Espíritu Santo no encierra: impulsa. No crea comunidades cerradas sobre sí mismas, sino discípulos capaces de vivir la conversión y el testimonio, la intimidad con Dios y el anuncio valiente del Evangelio, a tiempo y destiempo.

Signos misioneros

El relato bíblico presenta signos profundamente misioneros: el viento y el fuego. El viento irrumpe como fuerza que pone en movimiento; el fuego transforma las lenguas y convierte la confusión en entendimiento. Allí donde antes existía división, nace la posibilidad de comprenderse. Pentecostés manifiesta así una verdad fundamental: la Iglesia tiene como una de sus raíces más profundas la capacidad del encuentro y de la comunicación.

No se trata solamente de hablar distintos idiomas, sino de aprender a escuchar el corazón humano. El Espíritu Santo hace posible una comunicación que atraviesa barreras culturales, sociales y espirituales. Por ello, la Iglesia está llamada a preguntarse constantemente si sus espacios realmente permanecen abiertos para todos: para quienes creen con firmeza, para quienes dudan, para quienes observan desde lejos y buscan silenciosamente un sentido para sus vidas.

Por qué el Espíritu parece un misterio

Seguir el viento del Espíritu significa dejarse conducir por Dios. El Espíritu Santo no vino para convertirse en un misterio reservado a unos pocos ni en una experiencia reducida a ejercicios de autosuperación espiritual. Vino para señalarnos el camino, fortalecer nuestra humanidad y concedernos sus dones para vivir con mayor verdad, libertad y amor.

Los apóstoles comprendieron esta novedad y la transmitieron con su propia vida. Todo el Nuevo Testamento está atravesado por el dinamismo de comunidades que aprendieron a vivir unidas en medio de sus diferencias. La fe cristiana no se sostiene en el individualismo. Nadie puede construir el bien común sin hacer del Evangelio el fundamento de sus relaciones.

Una identidad auténtica

Dios ya ha dado a cada persona una identidad única; por eso, el verdadero desafío no consiste en aparentar originalidad, sino en responder de manera auténtica a la llamada de Dios. La oración personal encuentra su plenitud en la comunión fraterna. La intimidad de la comunidad es Cristo mismo, y la comunión alcanza su fuente más profunda en la vida del Dios Trino.

Pentecostés es, finalmente, la manifestación pública del Espíritu Santo que inaugura la Nueva Alianza. Desde ese momento, la Iglesia queda capacitada para anunciar las maravillas de Dios a todos los pueblos y para formar una comunidad viva en la fe, la conversión, el bautismo y la comunión. Allí donde el Espíritu encuentra puertas abiertas, nace siempre una vida nueva.


Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


👉 La Pentecoste è un dipinto a olio su tela (249 × 167 cm) del Moretto, databile al 1543-1544 e conservato nella Pinacoteca Tosio Martinengo di Brescia.

Il dipinto, valutato positivamente solo a partire dalla critica novecentesca, è testimonianza del passaggio, nell'arte del Moretto, da forme rinascimentali a forme post-rinascimentali, fondendo i vecchi stilemi veneziani con particolari manieristici di scuola bresciana, con un attento utilizzo della luce nei suoi nuovi valori del tardo rinascimento.


0 Comments