XXXII Domingo del tiempo ordinario (A): Una lámpara encendida para una humanidad más humana

 “¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”

La parábola de las diez jóvenes que esperan al esposo (Mt 25,1-13) tiene como eje central la vigilancia cristiana, expresada mediante la lámpara, el aceite, y la luz. La responsabilidad de la vida cristiana, la vigilancia, no puede ser sustituida por nadie ante Dios, es personal e intransferible. No basta con tener una lámpara; necesitamos aceite para mantenerla encendida.

Vírgenes prudentes

La parábola de las vírgenes prudentes y necias, por Wilhem von Schadow en 1847. Foto: Städel Museum

XXXII Domingo del tiempo ordinario. Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)- Mateo 25, 1-13

Aprendemos a movernos con cautela en las calles. Los contextos complejos nos enseñan a prevenir, a leer rostros, a cuidar los caminos y a entender los riesgos de jugar con fuego. En el Evangelio de este domingo,Jesús nos regala una clave similar a través de la parábola de las diez jóvenes: permanecer preparados porque no conocemos el día ni la hora.

Vigilar no es vivir con miedo ni obsesionados con el fin del mundo. Es asumir con responsabilidad el presente, despertar del letargo y mantener la fe comprometida con la historia que nos toca habitar.

El secreto de la madurez espiritual: sabiduría, amor y fe

Hoy nadamos en información, pero a menudo nos cuesta descubrir el profundo proyecto de Dios y actuar en consecuencia. La verdadera sabiduría va mucho más a fondo que la acumulación de datos: consiste en aprender a orientar la vida hacia Él.

En la Sagrada Escritura, el conocimiento se nutre de la vida, del testimonio y de los gestos encarnados. Gracias a esa sabiduría divina que brilla en Jesús, podemos caminar con sentido hacia el banquete de la eternidad.

Las lámparas y el aceite: un compromiso real

Las diez jóvenes de la parábola representan dos maneras de esperar: unas se preparan con previsión; otras descuidan lo esencial. Todas tienen lámparas, pero no todas cuentan con suficiente aceite. La diferencia no está en haber recibido la invitación, sino en la responsabilidad con la que cada una responde.
La fe que recibimos en el bautismo no se sostiene sola; necesita alimentarse, expresarse en la vida diaria y mantenerse encendida mediante decisiones concretas. No basta con identificarse como cristianos; es necesario encarnar el estilo de vida de Jesús.

La lámpara encendida: custodiar la humanidad

Jesús establece una diferencia radical entre tener una lámpara y mantenerla encendida. En sintonía con esta preocupación, las reflexiones sobre el desarrollo humano actual plantean un desafío apremiante: no basta con alcanzar grandes avances científicos, tecnológicos o materiales si perdemos aquello que hace verdaderamente humana nuestra existencia. (Magnifica Humanitas nº 22, de León XIV)

El progreso puede volverse deshumanizador cuando olvida la dignidad de la persona, debilita los vínculos comunitarios y reduce al ser humano a un mero instrumento de intereses económicos. Podemos tener recursos, títulos, capacidades e incluso prácticas religiosas formales, pero la gran pregunta es: ¿estamos cultivando lo que nos hace profundamente humanos?

La lámpara representa nuestra existencia, y el aceite es aquello que la mantiene viva: el amor, la generosidad, la compasión y la capacidad de entregarnos por los demás.

Vigilar es discernir y comprometerse

Jesús concluye la parábola con una exhortación clara: «Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora».

Estar despiertos no es una actitud pasiva; significa mirar la realidad con agudeza y reconocer qué situaciones reclaman nuestra presencia, nuestro compromiso y nuestra respuesta. Discernir los signos de los tiempos implica no permanecer indiferentes ante:

• La pobreza, la exclusión y la pérdida de dignidad de los más vulnerables.

• La soledad y el debilitamiento de los vínculos humanos.

• La violencia y los conflictos armados.

• La manipulación de la información.

• Los avances tecnológicos que se desarrollan al margen del bien común.

La vigilancia cristiana no es una espera estéril, sino una responsabilidad activa con el mundo.

El peligro de la lámpara apagada

¿Qué sucede cuando la lámpara ya no alumbra? Si nos quedamos sin amor, perdemos la claridad, la alegría y la esperanza. El amor es el verdadero combustible de la existencia.
Las grandes ilusiones —de servir, de transformar el entorno, de entregar la vida— se van apagando cuando la fe se desconecta de la caridad y de la solidaridad. Una lámpara sin aceite puede conservar su forma, pero pierde su capacidad de iluminar. Del mismo modo, una vida cristiana sin amor puede mantener las apariencias religiosas, pero se vacía de sentido.

¿Por qué las jóvenes prudentes no comparten su aceite?

Un detalle teológico clave de la parábola es que las jóvenes prudentes no pueden ceder su aceite a las imprudentes. Esto no promueve el egoísmo ni significa que debamos guardarnos la fe; al contrario, estamos llamados a compartirla.

La imagen apunta a una verdad profunda: nadie puede sustituir nuestra responsabilidad personal ante Dios.

• Podemos ayudar a otros a encontrar el camino, pero no podemos recorrerlo por ellos.

• Podemos transmitir la fe, pero nadie puede creer en lugar de otro.

• Podemos inspirar el amor, pero la decisión de amar es intransferible.

Hacia el banquete de la comunión

La parábola culmina con la entrada de las jóvenes prudentes al banquete de bodas, una imagen que expresa la alegría del encuentro definitivo con Cristo.

La humanidad no alcanza su plenitud aislándose o compitiendo, sino tejiendo redes de fraternidad. El banquete nos recuerda que la salvación no es un asunto meramente individual: estamos llamados a vivir en comunión profunda con Dios y con los hermanos. (cf. Magnifica Humanitas 231-233; 234-245).

No podemos esperar al Señor con las lámparas apagadas ni construir una humanidad verdaderamente humana con el corazón vacío de amor.

Para reflexionar en comunidad:

1. ¿Qué estamos haciendo hoy para mantener encendida la lámpara de nuestra humanidad?

2. ¿Cuánto amor sincero ponemos en nuestras relaciones cotidianas y en la convivencia social?

3. ¿Estamos construyendo una sociedad más humana o simplemente más avanzada?

La esperanza cristiana no nace del miedo, sino del amor. Dios no busca asustarnos con advertencias, sino despertarnos porque nos ama y nos invita a participar plenamente de su Reino. Mantenernos despiertos es negarnos a normalizar la deshumanización y elegir, cada día, construir el banquete de la fraternidad.

Los signos y sus significados

La parábola está construida mediante imágenes cotidianas que contienen un significado espiritual.

1. La lámpara

Representa la vida y el testimonio cristiano. Es la posibilidad de iluminar el camino propio y el de los demás. Tener una lámpara significa haber recibido una vocación y una responsabilidad.

2. El aceite

Representa el amor que alimenta la vida cristiana. Es la entrega, la generosidad, la caridad y el servicio. Sin aceite, la lámpara no puede cumplir su finalidad.

3. La luz y la llama

Representan la fe vivida, el amor manifestado y el testimonio cristiano. La luz hace visible la presencia de Dios en nuestras acciones.

4. Las diez jóvenes

Representan a quienes han recibido la invitación a participar del Reino. Todas esperan al esposo, pero se distinguen por su preparación y responsabilidad. La pertenencia exterior no sustituye la respuesta personal.

5. El esposo

Representa a Cristo, que viene al encuentro de su pueblo. Su llegada expresa la esperanza de la venida definitiva del Señor y la plenitud del encuentro con Dios.

6. El banquete de bodas

Representa el Reino de Dios y la comunión definitiva con Él. Es la celebración de la salvación, la alegría y la plenitud de la vida.

7. La falta de aceite

Representa la falta de preparación interior, el descuido de la vida espiritual y una fe que no se alimenta mediante el amor. Es el riesgo de vivir de apariencias religiosas sin compromiso.

8. La noche y la demora del esposo

Representan el tiempo de espera, la incertidumbre y las circunstancias de la vida en las que debemos perseverar. La fe necesita mantenerse viva incluso cuando parece que Dios tarda en llegar.

9. La puerta cerrada

Representa la seriedad de la decisión personal y el carácter definitivo del encuentro con Dios. La preparación no puede improvisarse en el último momento.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

Radiante e inmarcesible es la sabiduría,
la ven con facilidad los que la aman
y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa,
pues la encuentra sentada a su puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada
y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro
buscando a los que son dignos de ella;
los aborda benigna por los caminos
y les sale al encuentro en cada pensamiento.

Salmo

Salmo 62, 2abc. 2d-4. 5-6. 7-8 R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor:
Nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consoladnos, pues, mutuamente con estas palabras.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».


Pinturas 🎨

  • La parábola de las vírgenes prudentes y necias, por Wilhem von Schadow en 1847. Foto: Städel Museum
  • https://bibliayterere.com/2020/08/12/parabola-diez-virgenes/
  • https://bibliayterere.com/wp-content/uploads/2020/08/965px-The_wise_and_the_foolish_virgin_by_Jan_Adam_Kruseman-1848-826x1024.jpg
  • https://bibliayterere.com/wp-content/uploads/2020/08/the-ten-virgins-debi-bond.jpg
  • https://www.ttamayo.com/2023/08/que-es-pintura-alegorica/


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