XXIX Domingo del tiempo ordinario (Ciclo A): Solo Dios es absoluto: La fe como reserva crítica frente al poder y fundamento de la dignidad humana

«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

Solo Dios es absoluto: la fe que libera del poder y compromete con la dignidad humana. Dios, como creador, acuña su imagen y semejanza en cada ser humano. La libertad de toda criatura de Dios ante los poderes que se consideran divinos. Entre el César y el Algoritmo, la soberanía divina frente a la absolutización del poder.
El tributo

El tributo. (The Tribute Money, c. 1631 ). Bernardo Strozzi


XXIX Domingo del tiempo ordinario. Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)

Introducción: La Imago Dei como límite teológico al absolutismo político

La afirmación central del monoteísmo judeocristiano no es únicamente una profesión de fe cultual, sino una declaración de profunda relevancia antropológica y política: «Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay dios» (Is 45,5). En el contexto del exilio babilónico, esta convicción sirvió para desmontar la pretensión de divinización de los imperios de la época. Puesto que solo Dios es Creador, ninguna estructura ni figura política posee carácter absoluto.
De acuerdo con el relato del Génesis, Dios ha grabado su imagen y semejanza (Imago Dei) en el ser humano. Mientras la moneda de curso legal lleva impresa la efigie del César —representando la esfera de la administración temporal—, el ser humano lleva el sello indeleble de lo divino. Por consiguiente, la persona no pertenece ni al Estado ni a los poderes económicos: no es su servidora, su propiedad ni su esclava. El ejercicio legítimo de la autoridad civil encuentra su límite infranqueable en la conciencia y en la dignidad inalienable de cada individuo.

La tentación de la idolatría: Instrumentalización cruzada entre fe y poder

A lo largo de la historia —con especial claridad desde la paz constantiniana en el siglo IV—, ha persistido la tentación del poder de sacralizarse a sí mismo y de la religión de dejarse instrumentalizar por la política. El pasaje evangélico en el que fariseos y herodianos interrogan a Jesús sobre el tributo (Mt 22,15-22) evidencia esta compleja alianza de intereses.
• Los fariseos, que se presentaban como guardianes de la pureza religiosa, buscaban pactos tácticos con la autoridad política para preservar su influencia.
• Los herodianos, representantes del poder represivo imperial, imponían su dominación mediante la fuerza y la coacción.
Esta dinámica histórica encuentra tristes resonancias en el escenario contemporáneo. Por un lado, se observan sectores religiosos de corte conservador que ceden a la seducción de las esferas de poder para imponer moralismos o agendas partidarias. Por otro lado, diversos actores políticos emplean un lenguaje o simbología cristiana para barnizar su retórica autoritaria y proyectar una falsa ejemplaridad pública. Esta simbiosis degrada tanto la autenticidad de la experiencia de fe —reducida a un mero formalismo político— como la integridad del sistema democrático.

Apodídōmi: Desmontando la trampa teológico-política

La célebre respuesta de Jesús —«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»— debe analizarse con precisión filológica y teológica. El verbo griego empleado en el texto, apodídōmi, no significa simplemente "dar" o "donar", sino "devolver" o "entregar lo que por derecho le corresponde".
Jesús no está estableciendo una sacralización del Estado ni legitimando un poder político incondicional. Al contrario, desarticula la trampa lógica planteada por sus interrogadores:
  • Si negaba el impuesto, incurría en la figura penal de sedición contra Roma.
  • Si lo ratificaba de forma acrítica, convalidaba la dominación pagana y deslegitimaba su autoridad profética.
Al ordenar que se le "devuelva" al César la moneda que ostenta su propia efigie, Jesús reconoce la esfera legítima de la convivencia civil y la administración pública, pero despoja al gobernante de todo atributo de divinidad. Al César le corresponde lo temporal; a Dios, en cambio, le pertenece la totalidad de la existencia humana.

Del César analógico al absolutismo digital: La fe ante las nuevas estructuras de poder

El riesgo de idolatría y de concentración del poder no se agota en las figuras institucionales del Estado (reyes, presidentes o parlamentos). En la era contemporánea, el ejercicio del poder se ha desplazado hacia nuevos actores de escala global: los imperios tecnológicos y financieros.
En el paradigma digital actual, la persona corre el riesgo de ser reducida a un mero algoritmo clasificable, cuantificable y monetizable. Cada interacción digital contribuye al sostenimiento de hegemonías económicas que centralizan la atención y el comportamiento humano. Aplicar el discernimiento profético hoy implica identificar no solo a los intermediarios políticos ("herodianos"), sino a los nuevos centros de poder económico e informático que pretenden moldear la conciencia y adueñarse de la libertad individual. Habría que leer la Magnifica Humanitas, en la que pide León XIV: "desarmar la IA" y orientarla al bien común.

La ecumene de la Providencia y el compromiso cívico

La teología bíblica pone de manifiesto que la acción de Dios no está confinada a los límites formales de una comunidad o institución religiosa. El profeta Isaías presenta al rey persa Ciro —un gobernante no creyente— como un instrumento de la Providencia divina para decretar el retorno del exilio (Is 45,1). Este antecedente teológico enseña que la verdad, la justicia y la liberación pueden manifestarse a través de personas o estructuras ajenas a la propia tradición de fe.
Por ello, la fe cristiana exige evitar todo sectarismo y mantener una reserva crítica permanente frente a cualquier propuesta ideológica. Las responsabilidades de la ciudadanía y las demandas del Evangelio no se excluyen; por el contrario, se articulan en el marco del bien común:
  • Ciudadanía activa y reflexiva: Exige la participación en los asuntos públicos mediante el voto consciente, la rendición de cuentas, la transparencia institucional y la lucha contra la corrupción.
  • Coherencia ética: La fe pierde su capacidad transformadora cuando afirma la soberanía de Dios en la liturgia, pero tolera la marginación, la discriminación o la explotación del prójimo en la vida pública.

Conclusión: Cuestiones para el discernimiento ético y teológico

Tratar al prójimo como Imago Dei equivale a reconocer en él un valor intrínseco e inalienable, impidiendo que sea instrumentalizado como medio para fines políticos, ideológicos o económicos. La fidelidad a la soberanía de Dios se traduce, en última instancia, en la defensa incondicional de la libertad de conciencia y la dignidad humana.
Para una reflexión personal y comunitaria, se plantean los siguientes interrogantes:
1. En el ámbito personal: ¿Aprovechamos de manera consciente y crítica la inteligencia, el libre albedrío y la voluntad para descentrarnos de las dinámicas de dominación digital y política?
2. En el ámbito social: ¿Nuestra fe fomenta un compromiso ciudadano analítico y transformador, capaz de denunciar la injusticia incluso cuando esta proviene de nuestro propio grupo de pertenencia?
3. En el ámbito teológico: ¿Damos a Dios lo que le pertenece cuando participamos pasivamente en estructuras sociales o económicas que despojan al ser humano de su dignidad fundamental?

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano,
para doblegar ante él las naciones
y desarmar a los reyes,
para abrir ante él las puertas,
para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre,
te di un título de honor,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».

Salmo

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8a. 9-10ac R/. Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R/.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario.
Él les preguntó:
«De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

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