Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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Quinto Domingo de Pascua – Ciclo C (Juan 13, 31-33a. 34-35) 28 de abril de 2013

“Si se aman (...), todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos”

 
Alguna vez habrás tenido la experiencia de vivir junto a vecinos de “mentes problemáticas”, les molesta todo, llegan a la agresión, incluso hasta los tribunales “de justicia”. La consecuencia es clara: la cuadra o el barrio no progresa, el hábitat es adverso y se acuña el refrán: “pueblo chico infierno grande”.
Pero más allá de la vecindad también sucede entre los países; últimamente las amenazas de guerra son expresión de que Jesús no tiene discípulos, los testimonios son de desamor. Al respecto el Papa (emérito) Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate (la caridad en la verdad) del 29 de junio 2009 advertía que “un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales”. Es decir, el desamor lleva al subdesarrollo porque la justicia y el bien común no se manifiestan globalmente. Es claro que “las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material”.
 
Están ante todo en la voluntad, el pensamiento y todavía más “en la falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos”. “El acaparamiento de los recursos” por parte de Estados y grupos de poder, denuncia, constituyen “un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres”.
 
En la Conclusión de la Encíclica, el Papa subraya que el desarrollo “tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración”, de “amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz”.
 El testimonio del amor es más vigente y urgente que las redes sociales, es más personal que la clave secreta, debería ser más cuidado que la “casa blanca” y tan compartido con la velocidad del twitter. Estas actitudes posibilitan tierras nuevas y cielos nuevos, corazones fértiles y limpios como el trigo, verdaderos y auténticos. Nuevos contactos, sin el virus del egoísmo o del egocentrismo. Pero más que dar amor hay que saber recibirlo en primer lugar de Dios. ¿Las personas que no aman a Dios no se dejan amar como Dios manda? ¿No aman lo que es de Dios y en el fondo de su corazón esa luz divina les  fastidia?
Hoy, la gran noticia es la medida concreta de Jesús: “Ámense los unos a los otros”. Jesús lo dice en un momento trascendental que se convierte en signo indeleble para la vida. Pero no amar para ir matando paulatinamente la interioridad de la otra persona, sino “como yo les he amado”, amar como Jesús: asumir el dolor, estar cerca de los otros, acoger, actuar, caminar hacia la luz. Amar como él nos amó, pasa por la cruz y la resurrección, sólo así se puede comprobar que se es discípulo. Un gran discípulo, no un admirador.
Sólo el amor hace que el pueblo chico sea morada de amor, los países globalicen la solidaridad, los gobernantes procuren el bien común, los creyentes experimenten el sentido del amor, amen y se sientan amados, sean discípulos, amen, amen,… ¡Amén!

Es hermosa la vida cuando hay amor...ame amen !Amén!

Cuarta palabra: Dios contra Dios, pero con nosotros
“Elohí, Elohí, l´má sabaqtani, que significa: Dios mío, Diosmío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 33 / Mt 27, 45). En este idioma (arameo) Jesús pronunció un grito muy fuerte, no sólo por la intensidad de su voz, sino de su sentido: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Escuchar de los labios de Jesús es muy duro y muy auténticas. Es el Hijo que habla con el Padre, es una oración, es el salmo 22.
Jerusalén está viviendo la oscuridad, la fuerte lluvia sobre el tormento que sufre Jesús en la cruz y muy cerca a la muerte. Es contemplado por justos e injustos, por sus seguidores y sus adversarios. Los dirigentes religiosos y civiles se están sacando a una voz incómoda, pero lo sacan momentáneamente, porque seguirá resonando en sus conciencias.
“Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” es un grito fuerte que pone en escenario el papel de los cínicos del mundo, de aquellos a quiénes la verdad ya no parece interesarles, no les roza el alma, su alma está sin Dios, han preferido matarlo. Por ello es el grito de la muerte más humillante de las víctimas de la cultura de la muerte:
-          “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me han abandonado…?” los ancianos abandonados y olvidados por sus hijos y familia,
-          “Dios mío, Dios mío, ¿por qué no he nacido?”. Los niños no nacidos ascienden a 400,000por año.
-           “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me tanta miseria, negligencia?”los que mueren por la desnutrición y otras causas ascienden al 21% en nuestro país.
-          “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me tanta violencia?”es el grito de los más de 69,280 muertosy desaparecidos a causa del conflicto armado interno, del terrorismo en nuestro país.
Es el grito de Jesús que debe ser escuchado por quiénes suelen legitimar o disculpar el crimen, sistematizado en gravísima estructura del pecado. Es el grito que no es escuchado para evitar los conflictos religiosos, políticos, económicos.
La oscuridad se cierne sobre Jerusalén y Dios no interviene para imponer la luz de la justicia. Ni siquiera para salvar a su Hijo ¿Esrealmente la hora del absurdo? ¿Será verdad que el Padre en el que Jesúsconfiaba no era más que un Dios de juguete, una ilusión infantil de laHumanidad que, ahora, por fin, va a morir para siempre con el mismo Jesús?  ¿Por qué? ¿Para qué? Es el grito del justo que sufre en el mundo ante un Dios que calla y que no interviene para salvarlo; es el grito de Job, es el clamor que recoge el Salmo 21, cuyo primer verso salta ahora a los labios de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué?...”
Pero, sobre toda justicia humana está la justicia de Dios. Dios sigue firme sabiendo que el pecador muere por su pecado, que el mal se ahoga en su propio mal, que el alma vacía muere, … Dios no se ahoga en su justicia, su justicia y su paz nos encamina al sentido de la vida, a la vida eterna. Somos libres de optar por la vida o por la muerte, si nos negamos a la vida eterna no la tendremos. El Papa Benedicto XVI lo escribió muy bien en su encíclica “Dios es amor”: “Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor” (nº 10). Por darle al pecador todas las posibilidades de salvación y de Vida, por estar con nosotros, aun en nuestro desvarío, Dios llega a “ponerse contra sí mismo, al entregarse” (nº 12) a la muerte en su Hijo. Jesús sabe que ésas son las cosas de Dios. Por eso, aun sufriendo realmente el abandono del Padre - que, en el sentido que acabamos de decir, se ha puesto en contra de él - Jesús conoce también que es así como se cumple plenamente toda la justicia: la del amor de un corazón divino apasionado por sus creaturas.

Dios mío….  No nos abandones, no permitas que te crucifiquemos, danos fortaleza para que nadie te saque de nuestro sagrario personal, alimenta nuestro corazón con el sentido de tu justicia, de tu paz, de tu amor.
Dios mío, Dios mío, no nos has abandonado, nos has acompañado hasta la muerte, pero somos salvados porque Jesús nos da otra vez la oportunidad de seguir a tu lado: Perdónalos por que no saben lo que hacen.
 
 
Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C (Lucas 13, 1-9) 3 de marzo de 2013
 
 
“Señor, déjala todavía este año...”
 
Hoy el mensaje central es la conversión. Este acto se entiende como el regreso a Dios, replantearse la vida y pensar cómo mejorarla, cómo estar con la conciencia tranquila, en paz con Dios, en paz con uno mismo. Sólo el amor, el de Dios y el humano, son sanadores de nuestras heridas.
¿Pero por qué convertirse? ¿Esta acción todavía es viable en la vida de las personas? ¿Cómo es que esta palabra apunta directamente a nuestros actos terrenales y en una realidad celestial?.
La ventaja es no ser como la higuera seca, sin fruto, casi despreciable, que debe ser cortada. Otra imagen es la vida sosa, sin sabor, sin sentido y de mal gusto, es como el bocado que provoca vomitarle. Se presenta a la zarza ardiendo y a la higuera seca, ambas plantas llamadas a la fertilidad, para servir como linderos, donde reposan los pájaros, sus frutos son dulces. A los judíos les revuelve el hígado porque hablar de la higuera es hablar de los profetas a quienes han tratado muy mal. La zarza sirve para ir preparando el camino del gran profeta Moisés. 40 años en el desierto, 40 días en oración, y hoy un año más, la oportunidad está en la oferta por la gracias de Dios.
Para ver la importancia de la conversión hay que preguntarse por las consecuencias, el más allá de la muerte. Es decir, la muerte nos va llegar, no se escapa nadie, el meollo del asunto está en qué se espera después de ella y ésta pregunta sigue actual en la vida, aunque se nieguen plantearla pero seguirá llamando desde lo más profundo de las personas. La muerte es relativa, la vida eterna es divina y se construye desde la vida terrena.
Lo lindo del encuentro de Dios con Moisés es que no cae en la trampita de las ideologías que quieren dominar a Dios y denominarlo. Dios, le hace recordar su historia, “yo soy el Dios de tus padres”; mejor dicho, Dios le dice algo así como ‘conoces lo que hago y mi nombre lo pongo yo, no tú’, no es el que oprime sino el que oye el clamor de los humildes, se ha fijado en sus sufrimientos y quiere liberarlos, además de darles una tierra libre donde hay leche y miel. Es decir, la conversión es un regalo de Dios y el hombre con mucha humildad debe orar para identificarla en su vida.
La conversión también  pareciera que pasa por no tener a Dios como un amuleto para vivir más o tener más suerte; la cruda palabra es que sirve para estar disponibles a morir cuando él quiera y confiar mucho en su promesa de la vida eterna. A Jesús le plantean algunos accidentes que trajo como consecuencia la muerte de muchas personas, pero Jesús aprovecha para plantear mejor la pregunta: –¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Les digo que no; y si no se convierten, todos perecerán lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no. Y si no se convierten, todos perecerán de la misma manera” (Lc 13, 1-9). Por ello, si se choca la combi y te salvas Dios todavía no te llama, no significa que los que murieron son pecadores o peores que tú, sería mejor orar para que la muerte les encuentre preparados o nos encuentre preparados para más allá de la muerte.
No le eches la culpa a Dios de los accidentes humanos, tampoco de la crueldad de Poncio Pilato. El pueblo judío entendió que las infidelidades, tarde o temprano, se pagan con creces y el único que puede salvar es el amor de Dios, el que se vive. Es decir, ¿Cuánto amas? Eso vivirás.
Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C (Lucas 9, 28b-36) 24 de febrero de 2013

 
“(...) vieron la gloria de Jesús”
 
¿Tú sabes cuál es la meta de tu vida? Esta pregunta es muy fácil, muchos pueden responder que su meta es ser profesional, tener hijos, tener dinero, una casa, un carro … la felicidad, muchas respuestas que cada uno las puede expresar a partir de sus experiencias, anhelos inmediatos.  Pero no deja de cuestionarnos nuestra procedencia, el camino emprendido, la meta del futuro, el objetivo de nuestra existencia.
Además de preguntarte por cuál es la meta de tu vida, un ejercicio adicional es describir la meta, si tu meta es la felicidad, ¿Cómo describes a la felicidad? Si tu meta es ser profesional, ¿Cómo describes a ser profesional? El ejercicio es muy fácil, por ejemplo: si en vacaciones mi meta es viajar a Cajamarca entonces la describo: su nombre proviene del quechua Kashamalca, “pueblo de espinas’ se sitúa a 2720 msnm en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes, en 1532 se capturó al Inka Atahualpa durante la conquista del Perú; en la cultura popular se destaca por la celebración del Carnaval, por sus productos lacteos, … se puede seguir hablando de su demografía, su clima, su folklore,  su culinaria. Es fácil describir la meta de un viaje, pero hacer el ejercicio de describir la meta de la vida suele ser complicada, desconocida, oscura.
Una de las primeras dificultades es que la mayoría tenemos metas de viajes, de tener, hacer, conocer,… muy buenas por cierto, pueden ser parte de una meta central, de la vida, por ejemplo ser feliz, ser santos, contemplar la gloria de Dios. SER, remite a lo más profundo de la existencia, y en el caso de los cristianos la gran referencia de la felicidad es Jesucristo, invitados a SER como Jesucristo, nos llama a dejarnos transformar en el ser por el mismo Jesucristo.
Esta meta desconocida y muy difícil de describirla, hoy, con el texto de Lucas con la escena de la transfiguración nos muestra la meta de todo ciudadano del cielo, de cada cristiano.
Las experiencias de nuestra vida, los malos testimonios, las decepciones, los corazones mal intencionados,… nos pueden sumir en la tristeza. Pero en el camino de la vida, Jesús nos invita a subir con él a la cima, como lo hace con los discípulos elegidos, con una acción netamente comunicadora, orar, comunicarse mejor con Dios, pero ellos comienzan a ser vencidos por el sueño, luego tendrán miedo y les asalta el egoísmo. Lucas describe la transfiguración en la cual Jesús sube al monte, ora, sus vestiduras se ven blancas, dialoga sobre su muerte con Moisés y Elías, llenos de gloria; se escucha la voz del Padre: “este es mi Hijo, el amado, escúchenle”. Los discípulos tienen miedo pero luego de la experiencia inexplicable sólo quieren hacer sus chozas para encerar a la ley, a los profetas y al mismo Jesús. Jesús no soporta este acto egoísta y les invita a tocar tierra, a transformar la realidad, del sueño, el miedo y el egoísmo.
La buena noticia es que Jesús, antes de su muerte en Jerusalén, nos muestra la meta de nuestro ser y que hacer de la vida, un camino a la gloria de Dios, a subir al monte con Jesucristo, a transfigurar la tierra con Cristo. La meta no comienza en el cielo, sino en a tierra, Nos preparamos para la resurrección y no para la muerte.
Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo C (Lucas 4, 1-13) 17 de febrero de 2013
 
 

“(...) El Espíritu Santo lo llevó al desierto”

 
Un corazón agradecido transparenta sus luchas, equivocaciones y aciertos. Es el corazón del pueblo judío, agradecido, ligado a Dios en lo más íntimo y existencial, los 450 años de esclavitud en Egipto le hace valorar la cercanía de Dios, supo escuchar sus gritos y les sacó de la ignorancia, del peligro, de la idolatría,… 40 años por el desierto es un camino suficiente para que con dolor y lágrimas aprendan a conocer a un Padre liberador, bondadoso, les alimenta con el maná, les sana del veneno de las serpientes, les guía en el desierto árido y lleno de tentaciones. Hoy no caminamos por el desierto pero parece que 40 años no son suficientes para identificar el peligro de la idolatría, la mordida del mal, el hambre del Pan verdadero, la aridez de la vida, la esclavitud,… y, la cereza es: no gritar ni pedir a Dios su cercanía.
El número cuarenta se caracteriza, en la Sagrada Escritura, por remitirnos a tiempos y lugares de oración y ayuno. Cuarenta días de preparación para celebrar la Semana Santa, cada día es una oportunidad para plantearse cómo mejorar la vida, cómo superar el mal, cómo liberarnos de las tentaciones de la vida.
Las tentaciones nunca llegan como un rayo, pueden llegar por un E-mail, por el celular o por el Facebook pero siempre dan tiempo para pensarlo, evitarlo. Nuestro fracaso está en alimentarlo. La tentación viene con la mejor envoltura, agradable a los sentidos, casi como la salvación, el refugio, el sentido de la vida,… así se presentó la serpiente a Eva. Así lo sufrió el pueblo judío y también Jesús, la diferencia es que Jesús sabe responder a cada una de ellas.
El diablo sabe nuestras debilidades, a Jesús le insiste en hacer de las piedras Pan, comer de la injusticia, alimentarse sin esfuerzo, nutrirse para no vivir. No se compliquen, si los placeres duran poco debe ser por algo. El hambre azota a muchos niños en nuestro país, es tan fuerte como la corrupción, el fin no siempre justifica los medios: ¿Cómo nutrir a tus hijos con la injusticia? ¿A quién le estás quitando el pan? La Sagrada escritura afirma que comer el pan del pobre es como matarlo. Es decir, “Jesús le contestó: –Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre.” El alimento verdadero no se reduce a comer pan, ni ceviche, ni parrillada con quien personifica el mal.
Otra tentación que nos seduce es el poder. Ésta penetra en lo más íntimo de cada persona, nos encanta tener el poder, el control, el ser como reyes, la buena fama. Muchos se arrodillan ante el mal para lograr un poco de poder. Muchos de los llamados cargos “políticos” son una máscara de estar arrodillados al poder de turno y el descontrolado deseo de tener, sin esfuerzo, una vida confortable, con privilegios, alejados de su pueblo. Sin embargo, cada puesto en el engranaje de la vida es muy importante y su única misión es servir. “Jesús le contestó: –Está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto’”.
Las tentaciones no son una novedad, Jesús mismo es tentado. Nos encantan las acciones espectaculares, muchos vemos a Dios como un ilusionista para divertirnos, como un milagrero para contentarnos. Dicen que un monje le reclamaba a Jesús “por qué me tratas mal, si yo no hecho nada” Jesús le contesto: “por eso mismo, no haces nada”. Algunos filósofos para negar la existencia de Dios ponían el mal como una prueba. Pero, justamente, no valoraron que usan su inteligencia a su libre albedrío incluso para cuestionar a Dios, que son capaces de amar, de distinguir el bien del mal, brazos y manos, ojos, rostro, voz, piernas,…
 
¿Muchachos, tienen algo para comer?
Rituales de la amistad
Es 14 de febrero y los mensajes de aprecio y amor son enviados y recibidos con gratitud. Pero si algún distraído se olvidó de saludar le espera una protesta afilada que será depositada en el baúl de los malos recuerdos y sacados para restregar el CV de la relación. Las parejas no entienden la fluctuación (no económica) emotiva, y en consecuencia sienten los corazones alejados, los gestos fríos de amor, las miradas esquivas; se asustan y cometen errores. El gran vacío o incomprensión lleva a especular y arañar tanto, entra en una desesperación ciega, pues no le da espacio al proceso de madurez.
Al ver las parejas felices con una rosa, con un globo grande en forma de corazón, con una tarjetita,… aunque parece una simplificación del amor son pequeñas y fértiles semillas. Son momentos para aportar a la felicidad, rituales inolvidables para fortalecer la familia.  La última visita a casa pude percibir la tristeza de papá y mamá cuando un integrante de la familia se ausentó y hay un momento culmen con ingredientes especiales que nos unen: Comer juntos. Jesús vive esta realidad y come con sus discípulos, incluso en casa de publicanos y pecadores, los que parecen enemigos en un almuerzo pueden unir lazos de amistad (cfr. Lc 5, 27-32).
Los rituales infaltables que construyen amistad y la comunión son a parte de la comida realizar juntos las actividades. Cocinar, lavar, planchar, mirar una película, jugar, practicar algún deporte,…

Jesús después de resucitar no tuvo mejor idea que aparecerse a sus discípulos: “¿muchachos tienen algo para comer?”, ellos no han pescado, al salir él les esperaba el delicioso pescado asado y pan (Jn 21, 1-14). Hacia el 26 de enero mi madre nos sorprendió invitándonos para celebrar sus cumpleaños junto a sus hermanos, en la costa norte Peruana. Al otro día, aunque la piel se nos cambio como  a la culebra, fuimos en familia a la playa, aprovechamos que el mar estaba retirado para “camaronear” y pescar con la mano. Unos pescaban, otros recogían leña y preparaban el fogón, mientras las expertas preparaban nuestro plato de bandera “Ceviche” y se esmeraban, sin muchos condimento (olvidaron el aceite) el guiso de gallina. La tía trajo fruta de la chacra, las bebidas heladas,… Se improvisó una mesa “5 piedras” para sentarnos a compartir el suculento almuerzo junto al mar, con su rocoto, bromas y anécdotas- no importaba el ataque de los ultravioletas- sino el gran calor familiar. Ya en el ritual del onomástico, el día anterior, se lanzó la brillante idea de homenajear a quien siempre nos regaló su tiempo, su cariño, un amor innegable y su sacrificio, no digo el nombre porque es una sorpresa, aunque sea fácil deducir.
Los grandes hombres y mujeres hacen de los gestos de amor un hábito en la forma de tratar a la gente común. Más puede el amor que el odio. El resentimiento no curado hace daños profundos en el cerebro, produce dolores crónicos de estómago, sentimientos desproporcionados, insultos, agresiones,… Por ello, si recuerdan cuando los fariseos traen a una mujer que fue encontrada en adulterio Jesús no alimenta las pedradas, sino la justicia y la misericordia de Dios. Es decir, los grandes hombres ven oportunidades para tener gestos de amor no para tirar piedras. En consecuencia, si quieres profundizar en la amistad no olvides de los rituales del amor.
“Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. “Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". Él les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!" Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan”. Jn 21, 1-14
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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
javierabantosilva@gmail.com

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