XXIV Domingo del tiempo ordinario (A): Dios compasivo y justo

“¿No debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”

Señor, tú has perdonado nuestras deudas impagables; danos un corazón misericordioso para perdonar a nuestros hermanos y vivir libres del rencor. En sentido positivo es: “haz al otro lo que quieres que el otro haga por ti”.

Avaricia

El Culto de Mammon (1909), la deidad del Nuevo Testamento de la avaricia material, por Evelyn De Morgan.


XXIV Domingo del Tiempo Ordinario
Año litúrgico 2025-2026 — Ciclo A. Mateo 18, 21-35

Dos deudores

La parábola de los dos deudores nos plantea una pregunta fundamental: ¿qué hacemos con la misericordia que hemos recibido? Jesús presenta a un hombre incapaz de pagar una deuda enorme. Su señor, movido por compasión, le perdona todo. Sin embargo, apenas sale, encuentra a un compañero que le debe una cantidad mucho menor y, en lugar de compadecerse, exige que pague hasta el último centavo.
La desproporción entre las dos deudas es intencionada. Jesús quiere mostrarnos que la misericordia de Dios desborda nuestros cálculos. No puede medirse como una cuenta que se lleva con exactitud ni administrarse según nuestros méritos.

El perdón no se cuenta

Pedro pregunta: "¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete veces?". Jesús responde: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete".
No se trata de realizar una operación matemática y establecer un límite. El número expresa una realidad que desborda toda medida. El perdón cristiano no puede convertirse en contabilidad: siete veces sí, ocho ya no.
También nosotros necesitamos ser perdonados muchas veces. El problema aparece cuando queremos recibir de Dios una misericordia sin límites mientras ofrecemos a los demás una misericordia cuidadosamente calculada. Son actitudes que nos dejan perplejos.
Perdonar no significa aprobar el mal, negar una injusticia o renunciar a la reparación. Significa no permitir que el daño recibido termine gobernando nuestro corazón. Quien ha experimentado la misericordia de Dios está llamado a convertirse en misericordia para los demás. Podríamos dejar perplejos por nuestra generosidad y nunca por nuestra avaricia.

La honestidad también es una forma de justicia

La parábola utiliza el lenguaje de las deudas y las cuentas, y esto nos lleva también a nuestra vida cotidiana. ¿Qué problemas tiene la persona que gasta de manera desproporcionada a lo que gana? Las cuentas deben ser claras. Lo que se gasta tiene un origen y, cuando no se administra responsablemente, alguien termina pagando las consecuencias.
La honestidad económica forma parte de la verdad y de la vida moral. La confianza también se construye en la manera como utilizamos el dinero. Una pequeña deshonestidad puede parecer insignificante, pero cuando se repite termina deteriorando relaciones, proyectos y comunidades.
Apropiarse de lo que no nos pertenece, exagerar un gasto, cobrar injustamente, ocultar una información económica o utilizar para beneficio personal aquello que ha sido confiado para un servicio común no es simplemente un problema administrativo: es un desgaste de la integridad moral. 
La generosidad, por tanto, no se opone a la responsabilidad. Perdonar no significa vivir irresponsablemente; ser misericordioso no significa abandonar la justicia. La misericordia cristiana necesita de la verdad, la honradez y la responsabilidad.

La misericordia transforma

La tragedia del siervo de la parábola no consiste en que tuviera una deuda, sino en que habiendo sido perdonado, fue incapaz de perdonar. Recibió misericordia, pero no permitió que esa misericordia transformara su manera de relacionarse con los demás.
También nosotros podemos caer en la misma contradicción: pedir comprensión para nuestros errores y ser implacables con los errores ajenos; reclamar paciencia para nosotros y exigir perfección a los demás; pedir misericordia a Dios y administrar con dureza las pequeñas deudas de nuestros hermanos.
Por eso, la pregunta del Evangelio no es solamente: "¿Cuántas veces debo perdonar?", sino algo más profundo: "¿Qué ha producido en mí el perdón que he recibido de Dios?"
Hay deudas que deben pagarse, responsabilidades que deben asumirse y errores que deben repararse. Pero también hay heridas que necesitan ser sanadas y relaciones que claman una nueva oportunidad.
Dios es compasivo y justo. Su misericordia no elimina la justicia, sino que la lleva a su plenitud. Y quien ha experimentado esa misericordia está llamado a hacerla visible en la manera como trata a los demás.

Liturgia de la Palabra

Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.
Palabra de Dios

Salmo

Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12
R/. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.
Palabra de Dios

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


Comunión Espiritual

¡Oh, mi Jesús! Yo creo que estás en el Santísimo Sacramento. Yo te amo sobre todas las cosas, y te entrego mi alma. Ya que no puedo recibirte ahora sacramentalmente, ven por lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si realmente vinieses, yo te abrazo y me uno enteramente a Ti; jamás permitas que me separe de Ti.

Amén


Pinturas sobre la AVARICIA



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