Adviento II, B: “Una voz grita en el desierto”

Sencillos ante la desesperación


Domingo II de Adviento – Ciclo B (Marcos 1, 1-8) – 6 de diciembre de 2020


La sencillez se hace presente en tu vida como una propuesta, como un camino a superar la desesperación que hoy ha enmudecido a los especialistas de la “psichè”, del alma, de la economía, etc. Es la sencillez significativa de: la palabra, la dieta nutritiva, el vestido, el escenario del desierto, de los oyentes, de las periferias, del mismo Juan el Bautista.


La Palabra de Dios expresada en una Voz en el desierto, allá donde el aire la amplifica y la hace más sonora, allá donde el germinar de una semilla es más que un milagro. Es decir, su forma de vida sencilla no podría gritar tan fuerte sin esperanza. Nadie la escucharía si no estaría necesitado de aquel consuelo.


Yo soy parte de esta sociedad desesperada, como tú, por las miserias reveladas durante la pandemia. Aquella familia sin pan y sin amor. Ya no te puedo decir que el egoísmo sólo quiere más riqueza, sino también que es el motor para extinguir a los más débiles. El egoísmo y la supervivencia nos está matando emocionalmente. ¿Acaso Dios sí podrá darnos luces y esperanzas? ¡ven señor consuélanos en este sólo y peligroso desierto!


Ese sentimiento de seguridad ha fracasado y por tanto la esperanza y el consuelo terminaron siendo urgentes. El cosmos alzaba su voz, ya desde un desierto, a una clase política sorda y a cada uno desde la base de la vida. Dicho de otra forma, el consumismo oscurece la belleza de la sencillez del ser humano, de la familia, de la vida, del tiempo.


Si la historia nos muestra que la vida y la muerte no están en nuestras manos. Por ello, necesitamos gestionar lo contingente y lo trascendental, lo espiritual; y de manera especial, el consuelo de la fe, de la presencia de un Dios providente. Pienso que podríamos preguntarnos: ¿nos sentimos sostenido por Dios?


En estos momentos donde la inteligencia emocional es ya clínica en muchos casos, necesitamos enderezar los senderos, tender puentes. Estos actos humanos nos pueden sacar de una fe que dice fiarse, de una religión sin Dios, de una voz sin palabra, “un cristianismo sin Cristo”. En los momentos de ahogo cómo llamar a dios muerto, a un amigo que no alimentamos su amistad.


Juan el Bautista, va al desierto a combatirse, a combatir, a orar, a gritar, etc. El Bautista enfrenta su realidad política y religiosa, la combate, no se queda abrigado en el chirrido de sus viejas maderas ni en la burocracia eclesial. Su sencillez combate la falsa seguridad de la clase religiosa, no dejando de ser religioso sino siéndolo profundamente.


Si tú te atreves a ser esa “voz que clama en el desierto”, con la humildad de quien no es digno de “ajustar las correas de las sandalias” seguramente se te revela la sencillez de la Palabra. Es una Palabra para el futuro y para el presente, en la sencillez de un pesebre, con la fuerza para expulsar salteadores de su templo y con el amor suficiente para morir por ti. ¿acaso, la sencillez de la navidad no será una alternativa, una luz, una palabra consoladora, un niño que nos saca suspiros y nos motiva a la acción?


Ahora, todavía Dios es matado en el desierto, ¿habrá alguna Voz? Quizá es tiempo de reflexionar el desierto.


Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Como está escrito en el profeta Isaías:
«Yo envío a mi mensajero delante de ti,
el cual preparará tu camino;
voz del que grita en el desierto:
“Preparad el camino del Señor,
enderezad sus senderos”».
Se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

 


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