Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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Domingo XIX del tiempo ordinario – Ciclo B (Juan 6, 41-51) 12 de agosto de 2012


“Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre”

Pan de vida.

Señor, tú que eres el pan de vida haz que no tengamos hambre,

Tú eres el camino, ilumina nuestro camino escabroso y danos el norte de nuestra existencia. Pan de vida, llena nuestras vidas vacías.


¿Dónde está el norte, nuestras seguridades, nuestro rumbo, las personas que amamos, los ideales, la justicia, las promesas,..?


Tú Señor, no te quedes lejos porque nos da mucho miedo. Padre, danos tu mano justa. Madre, danos tu tierna mano. No nos suelten, mira que estamos en un laberinto.


En este mercado, vendedores y compradores van y vienen... sin sentido.


Damos vuelta en la misma plaza de armas, hacemos las mismas preguntas, cantamos las mismas coplas, comemos las mismas papas,…

Las mismas actitudes, palabras, gestos, los mismos escudos, las mismas lacrimógenas, las mismas balas, las mismas groserías, ,...

Nos gana la confusión:¿Dónde buscar? ¿A quién pedir ayuda? ¿Cómo resolver esta situación? ¿Dónde se nos perdió el rastro?

Necesitamos comer, creer,... para crecer como personas.


La historia de Israel nos narra que en el norte el rey Ajab por intereses políticos se había casado con Jezabel (hija del rey Sidón), quien llegó de su país con sus creencias religiosas y sus profetas. Así se intenta un sincretismo entre el monoteísmo Yavista (un solo Yahvé) y el politeísmo (baalismo). A los israelitas les disgustó mucho, especialmente al profeta Elías (significa: mi Dios es Yahvé). Se había llegado a la ejecución de 450 profetas de Baal, enterada la reina Jezabel juró vengar la muerte. Esta situación le dio temor a Elías y huyó, lo más lejos, por el desierto, extenuado física y moralmente deseó la muerte, se quedó dormido. Un ángel le despiertó a Elías y le dijo: “levántate y come”; un pan y una jarra de agua, no es un manjar pero sí sirve para sobrevivir en el desierto. Elías comió y volvió a echarse pero el ángel le insistió: “come, que el camino es superior a tus fuerzas”.

Los intereses (íntimos) de los gobernantes no pueden polarizar a un pueblo. Elías alienta a la muchedumbre exacerbada (¿extremismo, fanatismo?), lamentablemente mueren los profetas del dios Baal. “Defender una causa justa en nombre de Dios no es apologética o fundamentalismo, o no debe serlo, sino que es humanizar la religión”. La polarización conduce por el camino de la “muerte”; en el abatimiento y desesperación aparece un ángel para reparar las fuerzas. Pero Dios no te repara las fuerzas para echarte a dormir, sino para seguir porque el camino supera las fuerzas, sólo con su ayuda puede beber en el Horeb (monte de Dios) de las fuentes de su religión y de su existencia.

disculpen lectores: Nuestra realidad me jala en conciencia a afirmar: La búsqueda de la justicia no va ser aplacada por alargar un estado de emergencia, perseguir a los líderes, manejar los medios de comunicación, desacreditar,… Los pobladores, cajamarquinos, en el atrio de la Iglesia San Francisco todavía podrán alimentar a muchos, en las comunidades todavía hay papas, ocas, ollucos, trigo, corderos, gallinas, conejos, cuyes,… Poco falta para cumplir un año de protesta decidida, no es cuestión de líderes, es el pueblo.

El camino no es superior a las fuerzas y Dios socorrerá.

Y para darle una respuesta a la oración con la que iniciamos:

Dios: “no se desesperen, hijos míos, les amo, les extraño, les busco, déjense encontrar”


**********
"SOMOS PAN, SOMOS PAZ, SOMOS MAS... " SOMOS VIDA, SOMOS AGUA, podríamos agregar somos vida, somos pueblo que no RENUNCIA A sus DERECHOS, PORQUE A PESAR QUE A PUNTO DE VIOLENCIA NOS QUIERAN CALLAR ADENTRO NACEN COSAS NUEVAS, QUE NOS LLENA DE ESPERANZA


Fuentes de fotografías:

Foto 1: andinaradio.net
Foto 2:  celendinlibre.wordpress.com
Foto 3: elregionalcajamarca.com
Foto 4: larepublica.pe
- bloglavozdelreservista.blogspot.com

Domingo XVIII del tiempo ordinario – Ciclo B (Juan 6, 24-35) 5 de agosto de 2012


“Yo soy el Pan de vida”

“Pan bajado del cielo”, “Pan de vida”, “Pan vivo”. Este no es uno de los programas sociales del gobierno peruano, pero sí puede solucionar el hambre del mundo y hacer que el pan alcance. La globalización también debería incluir a la solidaridad.

¿Qué significa: “Yo soy el pan de vida”? El “Yo soy” es el mismo Dios, el “Pan” es el alimento material y el eterno, “de vida” es el que da sentido real y verdadero a nuestra existencia. Pero este discurso de Jesucristo cómo se come.

Todos necesitamos comer y creer. Para entenderlo mejor nos remontamos a las tentaciones en el desierto, los israelitas protestan, extrañan su vida de esclavos, tenían el estómago lleno pero no eran libres. ¡Qué miedo nos da la libertad! Dios les escucha y les manda el maná. El maná se recibía y llenaba el estómago, no se podía guardar (no a la gula, no al “calentadito”), cada día debían esperar que Dios les alimente, a su tiempo. Esta acción les hizo confiar en la providencia, les dio seguridad en un Dios que les nutre y no les abandona. ¡Acá las promesas sí se cumplen!... ¿Qué sería del alimento sin la providencia? Hambre, lujuria. El lujurioso trabaja por alimento que perece, siempre tiene hambre y nunca querrá dejar el horno.

En los proyectos de desarrollo, los especialistas saben que el hambre no es problema de dinero. No hubiera pobreza si el mundo fuera justo y solidario. En la multiplicación de los panes, el dinero es un pretexto y un miedo al cambio, miserables que no quieren sacar el pan escondido. Jesús les sensibiliza y por la iniciativa de un joven los hambrientos y hambrientas llenan el estómago y ven el mundo más allá de su pan rancio.

Pero tú dirás: “mi trabajo me da a penas para comer, sólo pienso en comida”. Así es glotón (a). Necesitamos comer y bien pero nunca del pan del pobre. Justamente ante el hambre de vivir para algo más que llenar nuestro estómago viene Jesús, “Pan de vida”, auténtico Maná, pan bajado del cielo, de la providencia de Dios, el mismo Dios. “Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.” (Jn 6, 24- 35)

Después de la salida de Egipto Dios les da el Maná, en Cafarnaum El Maná en persona, Jesús, no es un hacedor de milagros para llenar sus estómagos, sino principalmente sus vidas. Él es una oportunidad para que nuestra hambre se sacie, para saciar al mundo. No es un programa populista para 4 años, es para toda la vida, en mi caso para hoy, ¿en el tuyo?


Domingo XVII del tiempo ordinario – Ciclo B (Juan 6, 1-15) 29 de julio de 2012

“(...) mucha gente lo seguía porque habían visto las señales milagrosas”


¿Esperabas un milagro? ¿Muchos le seguimos?

Ya habría querido Ollanta Humala, Presidente del Perú, que en su Mensaje a la nación por Fiestas Patrias se realice el milagro de la multiplicación de los panes y quedemos saciados. Aunque la lectura larga de programas sociales se le secaba la boca, su mensaje ha sido criticado como “flojo”, “tibio”, “lleno de generalidades”…

Con estos datos, “En las zonas rurales donde 6 de cada 10 peruanos son pobres, y 1 de cada 4, pasa hambre” se decora una aparente opción por los pobres y “los pobres sin opciones” seguiremos contentándonos con caramelos.

¿Se abre la esperanza para los cajamarquinos y los Huancavelicanos, zonas de gran inversión extranjera pero sumidos en la pobreza (según INEI)? La respuesta estará restregada en nuestra cara con la gestión del nuevo gabinete, por cierto no da tantas esperanzas.

Se puede leer un discurso lleno de cifras pero sin estadística, un aparente cambio de gabinete, pero si no se tiene buena voluntad o en el camino hay fuerzas contrarias, será muy difícil.

¿Cómo solucionar la pobreza cuando se le encarece, se le esconde, se le vende a extranjeros y se le quita el pan de las manos a los pobres? Solucionar la pobreza, la inseguridad ciudadana, la corrupción y todos los problemas que nos afectan no se logra por medio de un milagro ni con dinero, el camino es trabajar por el bien común, compartir lo que se tiene en beneficio de todos. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados”(Ef 4, 1-6).

Otra actitud que es el cáncer de todo político es el exagerado amor a sí mismo. Buenas intenciones no les faltan: “CUNA MÁS”, “BECA 18”, “PENSION 65”, “TRABAJA PERU”, “JOVENES A LA OBRA”, “SAMU”, “JUNTOS” y “FONCODES”, “QALI WARMA”,… Ojalá no vivamos el programa “los hice cholitos” con el 60% de ingenuos.

Cuando las papas queman, la conveniencia, la comodidad, … se desarrollan muchos pretextos. Felipe, apóstol, le responde a Jesús: “Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo”, pero Jesús le muestra con hechos concretos que el problema del hambre no es por el poco dinero ni por la gran cantidad de gente, el gran problema es el egoísmo, la corrupción espiritual que despoja de la solidaridad. San Pablo remarca la unidad, “esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz.

¿Mucha gente lo seguira? ¿seguiremos esperando milagros?
Domingo XVI del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 6, 30-34) 22 de julio de 2012


“(...) Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.”

Nuestro país está deseoso de la paz, de la unidad y de la justicia. Es el clamor por ejemplo de los maltrechos familiares de las víctimas del terrorismo en Tarata y del terrorismo de estado contra los estudiantes y su maestro de la Cantuta (16 y 18 de julio de 1992 respectivamente), de los conflictos en Bagua, en Espinar (Cuzco) y en Celendín y Bambamarca (Cajamarca),… ¿Cómo no despertar la compasión del mismo Jesús cuando el pueblo se siente desamparado, olvidado, amenazado,… como ovejas sin pastor?

Sedientos de la paz. San Pablo afirma: “Jesús es nuestra paz” (ipse est pax nostra, como traduce la Vulgata) (Ef 2, 13-18). La paz recorre la misma vena con la pacificación del hombre con Dios, la reconciliación desnuda con él; sin esta actitud será difícil el acercamiento de las partes en conflicto aunque sea un deseo común. En este sentido es espectacular que Jesús logró la unidad entre pueblos irreconciliables, vale decir, de judíos con paganos, puros con impuros, los gobernantes con los “extremistas”, los inversionistas con los “ignorantes”, los del oro con los del agua (vida),…

El sufrimiento en nuestro país es un clamor con lágrimas por la paz. Hoy justamente se necesita de pastores/gobernantes que nos encaminen a la unidad. El rostro de nuestro país no se dibuja con la acción represiva de los estrategas de la operación “Brujas de Cachiche”, las lacrimógenas no consuelan, los insultos no dan lugar a la palabra. Nuestro Perú, en Fiestas Patrias debería celebrar con palabras de reconciliación. Lo que está roto por el pecado necesita restauración. En este contexto, es imperativo el don de la paz, pero éste es don de Dios, y dicho don es Jesucristo. Gracias a él la humanidad sí puede vivir en paz.

La paz es un Don de Dios al cual se llega por un camino dinámico, a todo pulmón, con mucho “punche”. Por ello, las agendas llenas, la paciencia para entender y la esperanza firme hace que este encuentro conciliador tenga sus momentos de pausa, de respiración libre y de oración íntima; pero el pueblo sigue esperando, desesperado, impotente,… como ovejas sin pastor y sin guía. El señor detectará nuestra desorientación, se compadecerá y escuchará a todos los que le siguen sedientos de su Palabra, de la experiencia con Dios.

“Señor Jesús, tu paz no se alcanza con injusticias. Danos la alegría de los apóstoles que con emoción narran historias de salvación. Haz que demos tiempo a lo importante. No permitas que lo importante desde mi egoísmo destruya mi vida. Clamo a ti, clamamos a ti. Danos la paz, danos justicia, danos reconciliación, danos tu amor”

 
(Fuente de la fotografía: http://www.capital.com.pe/)

“Les ordenó que no llevaran nada para el camino”
 
Domingo XV del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 6, 7-13) 15 de julio de 2012


Lectura del Profeta Amós 7, 12-15
En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Betel, a Amós:
–Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en «Casa de Dios», porque es el santuario real, el templo del país.
Respondió Amós:
–No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.

Jesús llama a sus discípulos

Imagen de Pixabay creada por  Thesoundofcalmness


1) Un profeta con oficio

Amós sorprende por lo sencillo. No se presenta como especialista religioso, ni como figura carismática construida. Se define por su vida concreta: pastor y cultivador de higos. Trabaja. Tiene un lugar. Tiene una rutina. Y en medio de esa cotidianidad ocurre lo decisivo: Dios lo llama.

Este detalle es importante porque purifica la idea de profecía. Amós no habla para ganar prestigio, ni para sostener una estructura, ni para “vivir de lo sagrado”. Su palabra nace de una obediencia: “El Señor me sacó… y me dijo: ve”. La profecía aparece aquí como un envío que desinstala y orienta.


2) El problema no es Amós: es la palabra libre

Amasías no entra a discutir el contenido del mensaje. No debate si Amós tiene razón o no. Hace algo más eficaz: intenta reubicarlo.

“Vete a Judá”.
“Profetiza allá”.
“Aquí no”.

Betel es “el santuario real”, “el templo del país”. En otras palabras: un espacio donde religión y poder se rozan peligrosamente. La palabra del profeta incomoda porque no se deja administrar. No se adapta. No negocia su contenido para conservar un lugar.

Por eso la tensión que aparece en Amós no es antigua: es permanente. En toda época hay sistemas —políticos, culturales, incluso religiosos— que aceptan palabras “religiosas”, siempre que sean inocuas. Lo que molesta no es el lenguaje piadoso, sino la verdad que interpela.


3) Profecías “a la carta”

Amós siente la necesidad de aclarar quién es porque existían profetas que hablaban según convenía. Profetas que decían lo que otros querían escuchar. Profetas que ganaban pan y seguridad a cambio de halagos, de silencios, de mensajes calculados.

Cuando la palabra depende del aplauso, se vuelve funcional. Puede terminar legitimando abusos. Puede justificar injusticias. Puede tratar al pueblo como masa manipulable. Y con frecuencia, los primeros en quedar fuera de foco son los humildes.

Aquí aparece una pregunta inevitable: ¿dónde está el corazón del Evangelio cuando la palabra se vuelve interesada? ¿Dónde queda la compasión por los débiles cuando la comunicación solo busca sostener reputaciones o conveniencias?


4) La verdad tiene costo (y no debe dar miedo)

La Biblia no romantiza la profecía. Decir la verdad tiene consecuencias: desautorización, difamación, destierro, cárcel. Juan Bautista lo vivió. Jesús lo llevó hasta el extremo. Y la Iglesia lo recuerda para no idealizar el anuncio: la verdad es luminosa, pero no siempre cómoda.

Eso no significa buscar conflicto. Significa comprender que la fidelidad suele implicar un precio. En tiempos de saturación informativa, también hay presiones más sutiles: miedo al qué dirán, autocensura, necesidad de agradar, prudencias que en realidad esconden comodidad.

Por eso hace falta valentía. Pero una valentía cristiana con rasgo propio: es humilde. El profeta no impone su ideología. No habla para lucirse. Habla “bajo la verdad”, buscando lo que edifica, lo que abre camino a la justicia y a la paz. La parresía evangélica no es agresividad: es franqueza con caridad.


5) La homilía: palabra recibida y entregada

Este texto ilumina de modo especial la homilía. Con facilidad la homilía puede degradarse: convertirse en un discurso bonito, en una catequesis improvisada, en una clase moral, en un comentario personal, o incluso en un espacio para ajustar cuentas indirectas.

Sin embargo, la homilía, en su sentido más profundo, es un acto de comunicación eclesial. Un puente. Un servicio. Nace de la escucha de la Palabra, se confronta con la vida real del pueblo y vuelve a la asamblea como alimento.

No se trata de hablar mucho. Se trata de hablar desde Dios. Eso exige oración, discernimiento, y también libertad interior: predicar no para agradar, sino para servir. No para exhibirse, sino para conducir hacia Cristo. No para reforzar bandos, sino para reunir en comunión.


6) “No lleven nada para el camino”

El título —“les ordenó que no llevaran nada para el camino”— puede leerse en continuidad con Amós. El mensajero de Dios no puede cargar con demasiadas seguridades. Cuanto más “dependo” de algo, más vulnerable soy a ajustar el mensaje. Cuanto más necesito conservar una posición, más fácil es domesticar la Palabra.

La pobreza apostólica no es solo material. Es también interior: libertad frente a la aprobación, al miedo y al cálculo. Esa pobreza es la condición de una palabra limpia.

Amós lo resume con sobriedad: no soy profeta de oficio. Soy trabajador. Y Dios me envió.


Para la oración final

Señor, danos la gracia de escuchar tu voz en medio del trabajo y la vida cotidiana.
Purifica nuestra palabra para que no busque aplausos, sino verdad.
Haznos humildes para hablar con caridad.
Y libres para anunciar el Evangelio sin “profecías a la carta”.


 
Domingo XIV del tiempo ordinario – Ciclo B (Marcos 6, 1-6) 9 de julio de 2012

“No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.”

Hablar del espíritu del verdadero profeta es un imperativo en nuestro contexto nacional. Me encantaría nombrar el profeta o los profetas anónimos que luchan por la justicia y la paz. Es una tentación señalara buenos y malos, a “profetas” y a quienes negocian los intereses comunes. Rompería todo pronóstico señalar decididamente que los medios de comunicación cumplen un papel profético.
Señalo algunas cualidades del espíritu del profeta: recibe el Espíritu del Señor, no se vende a nadie, ni a los reyes ni a los poderosos, sino que su corazón, su alma y su palabra pertenecen al Señor. En la historia, los profetas siempre han sido perseguidos, su ‘patología’ es vivir y abrirse a la verdad en medio de un pueblo acostumbrado a los falsos y mentirosos profetas. Esta sería una verdadera misión para los medios de comunicación social, aunque serían puestos en entredicho, pero no tendrían miedo porque su debilidad es la gracia (Charis) que le hace fuerte.
Estas cualidades de un profeta, según el Espíritu de Jesús, parece ilógico aplicarle al papel que cumplen los medios de comunicación en la cobertura del conflicto Conga. En Celendín y en Bambamarca la policía ha matado a 5 personas, ha detenido a varios líderes y les trasladan fuera de su jurisdicción para juzgarles. En este contexto, ya quisiéramos señalar profetas.
Pero el papel de los profetas no es sólo criticar, también avivan la esperanza. Los líderes de Cajamarca y el gobierno están de acuerdo que el Monseñor Hector Cabrejos y el P. Gastón Garatea sean quienes faciliten el diálogo. Ambos han expresado su disponibilidad. El Mons. Cabrejos ha invocado a los involucrados en el conflicto a la serenidad y a participar de buena voluntad en el diálogo. Esperamos que sea profeta en su tierra, como buen Chotano.
Tanto ha esperado la torpesa política para designar o pedir ayuda en este diálogo clamado a voz viva y desesperada por los cajamarquinos. El Mons. Cabrejos como presidente de la Conferencia Episcopal demostró sagacidad y prudencia en temas difíciles; obviamente le viene una misión difícil, facilitar el diálogo entre mudos y a sordos, sangrando y llorando, impotentes y perseverantes,... Jalarles la lengua y darles a cada uno su turno va ser una misión que con el espíritu de Dios llegará a buenas conclusiones.
El P. Gastón Garatea voceado ya por la Defensoría del Pueblo, por la Primera Dama y por el mismo Santos también abre la esperanza en este gran salón violento y penoso donde el aprendizaje con sangre está entrando.
Tú y yo estamos también llamados a vivir y aprender del espíritu profético. No esperes que se te bajen los bonos para tomarte tragos amargos, tampoco que alguien muera para preocuparte. La violencia siempre aumentará la violencia; la buena comunicación llevará al desarrollo humano.

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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
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