XXVI Domingo del tiempo ordinario (A): pasar de la palabra a la acción mediante la conversión
«Les doy a luz mediante continuas oraciones»
(Santa Catalina de Siena).
La importancia que tiene un padre o una madre en la motivación práctica de la obediencia tiene más dimensiones: acompañar y orar. Dos hijos, dos respuestas y un solo camino: cumplir la misión en la viña del Señor.
Santa Catalina de Siena era visitada con frecuencia por Jesús, la Virgen y Santo Domingo - Imagen generada por IA- Chatgpt)XXVI Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025-2026 (Ciclo A). Mateo 21, 28-32
1. Santo Domingo y Juan de Navarra: un buen ejemplo de exigencia y misericordia
Domingo mantiene la exigencia de la misión, pero sabe tener en cuenta la fragilidad concreta del hermano.
Algo parecido a la parábola de la obediencia filial encontramos en los comienzos de la Orden de Predicadores. El relato más preciso aparece en el Libellus de principiis Ordinis Praedicatorum de Jordán de Sajonia. En 1217, durante la dispersión de los primeros frailes, Santo Domingo decidió enviarlos a distintos lugares para predicar, confiando en la Providencia. Juan de Navarra, destinado a París junto con otros frailes para continuar sus estudios, manifestó su preocupación por viajar sin dinero y pidió algunos recursos para el camino. Domingo le exhortó inicialmente a confiar en Dios y a partir como los discípulos enviados por Jesús, sin oro ni plata. Pero, ante la insistencia y la fragilidad concreta de su hermano, terminó cediendo y le proporcionó lo necesario para el viaje (ww.dominicos.org).
El episodio muestra un rasgo profundamente humano de Domingo: la exigencia de la misión no elimina la comprensión de las necesidades de las personas. La formación necesita ideales altos, pero también paciencia, acompañamiento y misericordia. (Classical Liberal Arts Academy)
El «sí» cristiano no se construye solamente con exigencias, sino también con acompañamiento para que la persona pueda responder realmente a la misión.
2. Santa Catalina: oración continua por el hijo desobediente
Catalina tenía numerosos «hijos espirituales», los llamados caterinati, a quienes acompañaba espiritualmente. Sus interlocutores la llamaban incluso «mamá y maestra».
También tenemos una formulación extraordinariamente hermosa de la propia Catalina dirigida a uno de ellos, el cartujo Giovanni Sabbatini, en la carta 141:
«Hijo os declaro y os llamo, en cuanto yo os doy a luz mediante continuas oraciones y deseo en presencia de Dios, como una madre da a luz a su hijo». (Catecismo)
Esta cita expresa precisamente que la maternidad espiritual no termina cuando el discípulo falla; se sostiene mediante la oración, el deseo y el acompañamiento.
Además, Catalina tiene una enseñanza muy clara sobre la desobediencia en El Diálogo. En el tratado sobre la obediencia describe sus consecuencias: rompe la paz, alimenta el orgullo y el amor propio y perjudica también la vida comunitaria. Pero, al final del tratado, Dios invita a sus servidores al dolor humilde y a la oración continua por el mundo. (Biblioteca Clásica Cristiana Ethereal)
Para Catalina, acompañar a una persona no significa abandonar la relación cuando se equivoca o se aleja, sino seguir esperando, aconsejando y orando por ella. Su maternidad espiritual recuerda que la conversión de una persona muchas veces necesita tiempo, paciencia y una oración perseverante.
En conclusión, Domingo y Catalina nos ayudan a comprender algo del Evangelio de hoy. El Padre no abandona a sus hijos porque uno diga «no» o porque otro tarde en convertir sus palabras en obras. Dios sigue llamando. Y quienes acompañamos a otros en la fe estamos llamados a hacer lo mismo: corregir cuando sea necesario, exigir cuando corresponda, pero sin dejar de comprender, acompañar y esperar. Porque la conversión no siempre ocurre en el momento en que nosotros quisiéramos.
El centro de la parábola no es simplemente obedecer una orden, sino pasar de la palabra a la acción mediante la conversión.
Los dos santos permiten presentar dos dimensiones complementarias:
Santo Domingo:
«Te envío a la misión, pero comprendo tu fragilidad».
Santa Catalina:
«Te acompaño, te exhorto y sigo orando por ti aunque todavía no hayas cambiado».
Jesús:
«No basta decir sí; hay que convertir el sí en vida».
Entonces, el núcleo del Evangelio: la verdadera obediencia nace de una relación que ayuda a la persona a cambiar y a realizar el bien.



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