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Viaje sin plan


Hola, me parece conveniente escribirte una aventura, seguramente te suceda a ti y también quieras ser parte de la historia. La búsqueda y la sed de libertad no son inventos ni meras figuras literarias, son históricas, experiencias vivas.

Se acababa el año, esperaba la noticia de aprobación o corrección de tesis, no me atrevía a tomar el teléfono, sino que esperaba la comunicación, aunque sabía que el tiempo límite era un mes. En este contexto era un imperativo hacer un viaje, algo que me libere.

Viaje por bus, pese al peligro de las guerrillas, era parte de la aventura. Al arribar a la ciudad nadie sabía de mi llegada y tenía que buscar hospedaje y hacer mi plan de visitas. Para unas personas no era la mejor fecha, para otras podía aprovechar ver con mayor tranquilidad los museos.

Contemplar el paisaje desde la ventana del bus, mirar los museos, las exposiciones de arquitectura y pintura, los lugares de borracheras, los platos típicos, los centros recreacionales acondicionados y las “catedrales modernas”, aquellas que matan a las microempresas, merecían un comentario a favor o en contra,… lo hacía solo (viajar acompañado es mejor).

Después de varios días, se agotaba el presupuesto, mi álbum fotográfico se incrementaba sin freno. Debía regresar a mi aula virtual, a la avalancha de las ideas, al rincón de “superficialidades”, al horno de buenas nuevas. Mi aventura fue visitar varios pueblos, tradicionales e históricos, además inspiradores de bellas canciones.

En cada pueblo visitaba la catedral, la tienda más antigua y la más famosa, los museos pequeños pero significativos, la catarata narrativa de la sabiduría popular. Necesitaba conversar con algún(a) niño (a) adulto (a), aquellos que han visto y son parte de la historia. Siempre prudente con los taxistas y con los guías llenos de novedades gracias a su creatividad o a su investigación.

Fue un viaje lleno de sorpresas: las personas que son meras expectantes de la historia, las que se preocupan por mejorarla “ya”, y aquellas que desde sus principios de fe o de razón sienten la necesidad de ser parte de la historia. Mi viaje no creo que fue profético, sólo fue expectante. Por algo hay que iniciar, el contemplar y escuchar me hace valorar su lenguaje, sus costumbres. Cada diálogo era una cátedra de humildad, de compromiso, de generosidad, de fraternidad.

Documento de Aparecida.
“Nuestra fe proclama que ‘Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre’. Por eso ‘la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Esta opción nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano (cf Hb 2,11-12). Ella, sin embargo, no es ni exclusiva ni excluyente”: Documento de Aparecida, 392.


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