XXVII Domingo del tiempo ordinario (A): los viñadores homicidas; la viña que Dios confía a nuestras manos

Y Jesús les dice: «No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho; ha sido un milagro patente.”


La controversia de Jesús con los escribas y fariseos sobre la pasión y la muerte sigue. Jesús ha identificado al fundamentalismo como una amenaza para la religión y su cultura. La muerte no es una alternativa religiosa. En cada asesinato está muriendo el mismo enviado por Dios. Jesús es eliminado por los dirigentes como culto a Dios. En su muerte se funda una nueva religión. El fundamentalismo se queda sin Dios y sin religión.

Viñadores homicidas
Parábola de los trabajadores perversos (Притча о злых виноградарях, 2013), del artista ruso Andrei N. Mironov. La obra pone de manifiesto la actitud conspirativa de los viñadores perversos frente al hijo del propietario de la viña.

XXVII Domingo del tiempo ordinario. Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A). Mateo 21, 33-43

 

La imagen de la viña

La imagen de la viña aparece con frecuencia en la Biblia y también en las parábolas de Jesús. No es una imagen casual. Para el mundo bíblico, la viña expresa fertilidad, alegría, prosperidad y, sobre todo, el cuidado de Dios por su pueblo. El profeta Isaías utiliza precisamente esta imagen para hablar de Israel: Dios planta una viña, la cuida, la protege y espera de ella buenos frutos.

Jesús retoma esta imagen en el Evangelio de hoy. Un hombre planta una viña, la prepara cuidadosamente, la rodea con una cerca, construye un lagar y una torre, y después la confía a unos trabajadores. Todo está dispuesto para que la viña produzca fruto.

La confianza en la viña

La parábola comienza, por tanto, hablando de un Dios que confía. Dios no lo hace todo por nosotros. Nos entrega la viña, nos confía la vida, la comunidad, la familia, la Iglesia, la sociedad y también nuestra propia vocación. Somos administradores de unos dones que no nos pertenecen exclusivamente.

El problema aparece cuando los viñadores olvidan que la viña les ha sido confiada. Quieren apropiarse de aquello que han recibido. Cuando llega el momento de entregar los frutos, rechazan a los enviados del propietario, los golpean y finalmente matan al hijo.

La parábola es una denuncia de la violencia que puede aparecer cuando el ser humano convierte el don recibido en una propiedad absoluta. También es una advertencia para toda forma de religión que, en lugar de conducir hacia Dios y hacia la vida, termina justificando el rechazo, la exclusión o la violencia.

Los enviados representan a los profetas que, a lo largo de la historia de Israel, recordaron al pueblo que la alianza con Dios debía traducirse en justicia, misericordia y fidelidad. El problema no era la falta de religión, sino una religión incapaz de producir los frutos que Dios esperaba.

Matar al heredero y Salvador

Y entonces aparece el hijo.

«Finalmente les envió a su hijo, pensando: “A mi hijo lo respetarán”».

Jesús está hablando de sí mismo. La parábola anuncia su pasión y su muerte. El Hijo será rechazado y llevado fuera de la viña. Pero el rechazo no tendrá la última palabra.

Jesús cita entonces el salmo: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular».

Aquello que los hombres consideran inútil, Dios puede convertirlo en fundamento. La cruz, que parece fracaso, se convierte en el camino de la vida. Cristo rechazado se convierte en piedra angular de una nueva comunidad.

Por eso, el Evangelio no es solamente una denuncia de quienes rechazaron a Jesús. Es también una pregunta dirigida a nosotros: ¿qué estamos haciendo con la viña que Dios ha puesto en nuestras manos?

Nuestra vida no es una propiedad absoluta. Es un don recibido y una responsabilidad. La familia, la comunidad, la Iglesia, nuestro trabajo, nuestros talentos, nuestra inteligencia, nuestros recursos y nuestro tiempo son parte de esa viña que Dios nos confía.

Y Dios espera frutos.

No frutos de apariencia, ni palabras religiosas sin contenido, sino frutos concretos: justicia, compasión, honestidad, servicio, reconciliación, solidaridad, cuidado de los más vulnerables y respeto por la vida.

San Pablo nos recuerda hoy que, ante las dificultades, no debemos vivir dominados por la angustia, sino presentar a Dios nuestras necesidades en la oración. Y añade algo decisivo: «La paz de Dios custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús».

Esa paz no significa indiferencia ante el sufrimiento del mundo. Al contrario, quien contempla la realidad desde Dios no puede permanecer indiferente. Recuerdo el testimonio de una enfermera que, después de experimentar de cerca situaciones extremas de pobreza y sufrimiento, decía con lágrimas: «Me parece que Dios debe sentir vergüenza de nosotros». Más allá de sus palabras, había en ella una profunda compasión: el dolor de quien descubre que los frutos de la viña no corresponden al sueño de su dueño.

Quizá esa sea también una pregunta para nosotros: ¿puede Dios reconocerse en los frutos de nuestra vida?

Jesús nos ha revelado el rostro de un Padre que no se cansa de confiar. Un Dios que envía profetas, que insiste, que vuelve a llamar y que finalmente entrega a su propio Hijo. No es un Dios que abandona fácilmente su viña. Su paciencia revela la profundidad de su misericordia.

Pero la misericordia no elimina nuestra responsabilidad. Al contrario, la hace todavía más grande.

Somos viñadores, no dueños absolutos. Hemos recibido una vida para hacerla fructificar. Hemos recibido el amor para compartirlo. Hemos recibido la fe para comunicarla. Hemos recibido una comunidad para cuidarla. Hemos recibido un mundo para servirlo y no para destruirlo.

Como los sarmientos unidos a la vid, nuestra vida solo puede dar fruto si permanece unida a Cristo. Él es la piedra angular, el fundamento que sostiene nuestra existencia.

Por eso, la pregunta final del Evangelio no es solamente qué hicieron aquellos viñadores, sino qué hacemos nosotros con la viña que Dios nos ha confiado.

Que nuestra vida no sea una viña cerrada sobre sí misma, sino una viña fecunda. Que Dios pueda encontrar en nosotros los frutos que espera: personas capaces de amar, servir, perdonar, cuidar y construir la vida.

Porque la viña sigue siendo de Dios, pero sus frutos están hoy en nuestras manos.


Oración para cuidar de la viña

Señor,
tú nos has confiado tu viña
y has puesto tu esperanza en nuestras manos.
Enséñanos a cuidar con amor
lo que gratuitamente hemos recibido.

Que no olvidemos nunca
que la vida es un don y no una propiedad,
que nuestros hermanos no son rivales,
y que el mundo necesita de nosotros
frutos de justicia, misericordia y paz.

Cristo, piedra rechazada y piedra angular,
sostén nuestra vida cuando lleguen las dificultades.
Haznos permanecer unidos a ti,
como los sarmientos permanecen en la vid,
para que tu vida dé fruto en nosotros.

Padre bueno,
haz de nuestra existencia una viña fecunda.
Que al final de nuestros días
puedas encontrar en nuestras manos
los frutos del amor que sembraste en nuestro corazón.


Liturgia de la Palabra


Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar a mi amigo

el canto de mi amado por su viña.

Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas;

construyó en medio una torre y cavó un lagar.

Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.

Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,

por favor, sed jueces entre mí y mi viña.

¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho?

¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?

Pues os hago saber lo que haré con mi viña:

quitar su valla y que sirva de leña,

derruir su tapia y que sea pisoteada.

La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán,

allí crecerán zarzas y cardos,

prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor del universo es la casa de Israel

y los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada;

esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Salmo

Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 

R/. La viña del Señor es la casa de Israel

Sacaste una vid de Egipto,

expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.

Extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes hasta el Gran Río. R/.

¿Por qué has derribado su cerca

para que la saqueen los viandantes,

la pisoteen los jabalíes

y se la coman las alimañas? R/.

Dios del universo, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña.

Cuida la cepa que tu diestra plantó.

y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.

No nos alejaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios del universo, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestan:

«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:

«No habéis leído nunca en la Escritura:

“La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente”

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».


Comunión espiritual

Creo, Jesús mío,
que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
Os amo sobre todas las cosas
y deseo recibiros en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado,
venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya os hubiese recibido,
os abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás
me aparte de Ti. Amén.

(San Alfonso María de Ligorio)

 

A vuestros pies, ¡oh mi Jesús!,
me postro y os ofrezco
el arrepentimiento de mi corazón contrito,
que se hunde en la nada ante vuestra santísima presencia.
Yo os adoro en el Sacramento de vuestro amor,
la inefable Eucaristía,
y deseo recibiros en la pobre morada
que os ofrece el alma mía.
Esperando la felicidad de la comunión sacramental,
yo quiero poseeros en espíritu.
Venid a mí, puesto que yo voy a Vos,
¡oh Jesús mío!,
y que vuestro amor inflame todo mi ser
en la vida y en la muerte.
Creo en Vos y espero en Vos.
Así sea.

(Cardenal Rafael Merry del Val)


🎨Pintura de los viñadores Homicidas



0 Comments