Todos los Santos (A): El camino de la verdadera felicidad: Las Bienaventuranzas

 "Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa"


La felicidad encuentra su mapa en las Bienaventuranzas; los santos son, precisamente, aquellos que las viven. El gran objetivo de la vida humana es ser felices y santos. Avanzar hacia esta meta significa caminar iluminados por la fe y la esperanza, la justicia y la paz, en sintonía con el Evangelio de Jesús.

Bienaventuranzas

Le sermon sur la montagne (El sermón de la montaña, 1895-1897), obra del francés James Tissot (1836-1902). Acuarela opaca sobre grafito en papel vitela gris. Museo Brooklyn.

Todos los Santos - Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)- Mateo 5, 1-12a

Jesús revela un camino distinto

Jesús ha subido al monte, a lo más alto. Cuanto más se asciende, más cerca se está de Dios, evocando aquel monte Sinaí donde Él reveló sus mandamientos al pueblo de Moisés. La felicidad es una aspiración profundamente humana y una tarea de todos; la santidad es un llamado universal, aunque a menudo descoloque nuestras seguridades.

¿En quiénes solemos reconocer la felicidad? Con frecuencia la asociamos al tener: en las redes sociales se multiplican las imágenes de yates, vehículos lujosos y accesorios nuevos, a la vez que se aparenta una vida sin problemas ni preocupaciones. Esos aires de exclusividad nos alejan de la realidad y de las relaciones humanas genuinas. Sin embargo, la lógica de las bienaventuranzas anula toda autosuficiencia y afán de poder, proponiendo en su lugar la caridad y la cercanía a Dios.

¿Quiénes son los «bienaventurados»?

Los bienaventurados son aquellos que cultivan una relación íntima con Dios y sostienen una esperanza que no niega el dolor presente. Varias de sus promesas miran hacia el futuro: los afligidos serán consolados, los que tienen hambre de justicia serán saciados y los misericordiosos alcanzarán misericordia.

Ser bienaventurado no significa ser un «resignado» ante la injusticia ni alguien invitado a buscar el sufrimiento de forma masoquista. Justamente, la Cruz de Cristo vino para redimirnos y salvarnos del sufrimiento.

La pobreza de espíritu y el hambre de justicia

Ser pobre de espíritu es vivir con el corazón desprendido de la autosuficiencia y abierto a Dios. Conviene recordar que la pobreza material en sí misma no es deseable ni evangélica. El verdadero tesoro radica en ser justos y en construir el Reino de la mano del Señor. Esto implica un trabajo personal constante: liberarse del dominio de la acumulación, del orgullo y de la necesidad de controlarlo todo.
¿Qué injusticia o necesidad no debería dejarme indiferente? El anhelo cristiano de justicia nos mueve a la acción, a la vez que reconoce que la plenitud definitiva es un don que proviene de Dios.

La mansedumbre, la misericordia y la pureza de corazón

Los mansos no son personas pasivas o incapaces de defender lo justo. La mansedumbre es una fortaleza espiritual que no necesita humillar ni dominar; se manifiesta en la paciencia, en el dominio de las propias reacciones y en el trato respetuoso hacia los demás. Jesús mismo recorre este camino al soportar la oposición sin renunciar jamás al amor.
La misericordia se plasma en el perdón, en la compasión y en la firme decisión de no reducir a una persona a su error. Es profundamente edificante tratar al prójimo con la misma compasión que nosotros mismos necesitamos recibir.
Por su parte, la pureza de corazón va mucho más allá de las apariencias: consiste en una rectitud interior,libre de engaños y dobleces, que nos permite buscar a Dios con sinceridad y mirar al prójimo sin manipularlo. ¿Crees realmente que ser mansos significa ser manipulables?

Constructores de paz y fieles en el camino

Vivir en paz no puede confundirse con una cómoda y tentadora indiferencia. Trabajar por la paz exige vencer hostilidades, romper barreras egoístas y actuar con justicia en las relaciones fraternas. El gran reto consiste en superar divisiones y dejar de alimentar los conflictos.

Las Bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesús

Ellas son el retrato fiel de la vida de Jesús: pobre y entregado, misericordioso, promotor de la paz y firme hasta el sacrificio. ¿Dónde me llama hoy Jesús a confiar más en Él, a perdonar, a buscar la justicia, a hacer la paz o a mantenerme fiel? De este modo, el Evangelio deja de ser una fría lista de normas para convertirse en una senda viva de santidad y esperanza.


Liturgia de la Palabra


Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar diciéndoles:
«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente:
«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo:
«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno de los ancianos me dijo:
«Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?».

Yo le respondí:
«Señor mío, tú lo sabrás».

Él me respondió:
«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Salmo

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 R/. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».


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