Homilía y Reflexión

Homilía para "reflexionar la vida terrena a la luz de la Sagrada Escritura"

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He vuelto

La vida.. Un instante!

Una fotografía no arranca la belleza de una flor, pero es el arte que combina la visión del hombre y el instante decisivo para arrancar parte de su misterio.


Me quedé pasmado al saber que un amigo, joven, con éxito profesional y anímicamente feliz no respondía a mis mensajes. Por un momento pensé no insistir. Un amigo en común me contó cómo había enfermado de manera sorpresiva y cuando pensaban que era algo pasajero ya les avisaron de su muerte.

Me aferro a la vida porque cada día puede mejorar, siempre llegan chorros de oportunidades. Aunque parece la muerte ser una solución a los sufrimientos, es sólo un delirio. Es importante vivir para servir, para superar.

En los instantes difíciles siempre Dios ha puesto personas, sus ángeles, él no abandona. En mi experiencia, los humildes son un tesoro, hay un intercambio recíproco. Diferente a los corazones que con 30 monedas satisfacen sus profundas carencias pero no son mejores personas.

Hoy he vuelto. Quiero vivir, ojala servir. Las carencias de hoy las superaré. No quiero desperdiciar la vida. Esa es la Resurrección. Feliz Pascua.

Sacerdote Católico

- Cuando la denuncia ya no es denuncia,
cuando la noticia ya no es noticia.

¿Qué derechos defienden o tendrían los actores de la noticia?

Carta de sacerdote católico 
al New York Times

Querido hermano periodista:
Soy un simple sacerdote católico.  Me  siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo  en Angola como misionero.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en  vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa,  investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así  aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones  periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas  de pre-conceptos y hasta odio.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del  lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las  medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la  dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Pero ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por  millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en  los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de  información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde  Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas  de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han  retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con  la distribución de alimentos y semillas. Que hayamos dado la  oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...

No es de interés que con otros sacerdotes  hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000  personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su  rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.  No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las  noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la  calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen  de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos  que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un  refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa  por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que  más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería,  en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados  de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en  escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias  y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por  salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya  transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco  señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más  recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo  están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la  región… Ninguno pasa los 40 años. 

No es noticia acompañar la vida  de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino  simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido  comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que  un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la  Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades  como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada  criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un  tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas  ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento  ofendido.

Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el  Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

En  Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

"Mi pasado Señor, lo confió a tu Misericordia;
Mi presente a tu Amor;
Mi futuro a tu Providencia"



Tentaciones que paralizan el alma


“Detente, mira y vuelve” es la actitud a la que ha invitado el Papa Francisco en la Eucaristía el miércoles de ceniza en la Basílica de Santa Sabina de Roma.
En el invierno europeo abriga el alma la frase: “recalentar el corazón creyente” ante las tentaciones que “cauterizan y paralizan el alma”.
Detenerse y mirar para continuar, detenerse y mirar para regresar. En el pecado o en la gracia, en los círculos viciosos de la vida.
Cómo decirle a un corrupto que con la plata injusta se siente feliz, se da los gustos desenfrenados, se vanagloria de exitoso, se considera de alto nivel, viste la ropa más cara,… Decirle es fácil, pero tiene la conciencia laxa y no escucha. “Epulón, detente, mira y regresa a la honestidad, al sueldo justo,…”
¿Cómo decirle a alguien que está en una situación de doble efecto: si dice la verdad pierde lo que tiene y si vive la mentira está en pecado?
¿Cómo sanarle las heridas a alguien que sangra violencia contra las personas más débiles e inocentes? ¿Escuchará: Detente, revisa tus heridas cuando la persona no acepta tenerlas?
El Papa Francisco en su mensaje por Cuaresma 2018 dijo algo fundamental: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”.
En esa maldad que se va incrementando en la vida cotidiana, el corrupto tiene que esconder cada vez más su dinero, el perplejo no se atreve a dar pasos, la herida no quiere sanar sino herir. El corazón en el corrupto, en el tibio y en el violento late pero no tiene alegría, no es feliz, no es exitoso,..
Recalentar el alma, el corazón, la vida, la conciencia, el sentido, etc… necesita de silencio, distancia, contemplación, humildad, y de hecho del mismo Dios. Esa es la cuaresma, necesitamos de Dios, detenernos con él, mirarnos en él y volver a él.

Santo Domingo “Evangelio Viviente”


Bolonia, 22-24 de enero 2017

La misericordia de Dios me permitió viajar a Bolonia, Italia, para participar en la clausura del Jubileo de la Orden de Predicadores, celebrado con motivo de los 800 años de nuestra misión: “Enviados a predicar”. Era enero de 2017 y, más que un simple viaje, aquella peregrinación se convirtió en una oportunidad para acercarme a las raíces históricas y espirituales de la Orden.
Tumba de Santo domingo


Bolonia: una ciudad que conserva la memoria de Domingo

Lo primero que me sorprendió al llegar a Bolonia fue la cantidad de torres y construcciones imponentes que sobresalen en el paisaje urbano. La ciudad conserva también una característica singular: sus largas calles están protegidas por extensas arquerías que permiten caminar resguardados de la lluvia y del frío. En enero, la temperatura hacía sentir con intensidad el invierno europeo.
Pero la razón más profunda de mi presencia allí era otra: Bolonia fue uno de los lugares fundamentales en la vida de Santo Domingo y en los primeros pasos de la Orden de Predicadores, desde las primeras constituciones hasta la fuerza intelectual del carisma.
A comienzos del siglo XIII, Bolonia era uno de los grandes centros universitarios de Europa, especialmente en el ámbito del derecho y, progresivamente, también de la teología. Domingo comprendió muy pronto que la predicación necesitaba estar acompañada por una sólida formación intelectual. Para él, estudiar no significaba alejarse de la misión, sino prepararse mejor para anunciar el Evangelio, y un anuncio en el mundo donde la esperanza de cambio es palpitante: los centros de estudios y los medios de comunicación.
La ciudad ofrecía, además, un ambiente particularmente favorable para la formación de los frailes. La posibilidad de obtener la licentia docendi, vinculada al impulso del papa Honorio III y a su carta de junio de 1219, hacía de Bolonia un lugar especialmente atractivo para una Orden naciente que quería unir estudio, contemplación y predicación.

San Domenico: entrar en la memoria de la Orden

Aquella fría mañana, con apenas un grado de temperatura, llegamos a las puertas de la Basílica de San Domenico. Sobre la entrada se encuentra representado Santo Domingo en el momento de su glorificación. Al cruzar las puertas de la basílica tuve la sensación de entrar no solamente en un edificio histórico, sino en una parte viva de la memoria de la Orden. Allí estaba el fogón materno de nuestro "ser dominico".
Aquí se celebraron momentos decisivos para los primeros frailes y para la organización de la Orden. Aquí la oración, el estudio y la predicación fueron adquiriendo una forma concreta. Aquí se puede comprender mejor aquella intuición fundamental de Domingo: la contemplación no es el final del camino, sino la fuente de la predicación. ¿Acaso Domingo no quiso estar a los pies de sus frailes?.
Intentaba fotografiar cada escultura, cada pintura y cada detalle. Al mismo tiempo, procuraba no dejar que la curiosidad histórica desplazara la oración. Dejé una limosna de cinco euros y me llevé un libro sobre la historia de Santo Domingo, en italiano. Era también una manera sencilla de conservar algo de aquella experiencia.
coro
Me acerqué después al altar mayor y me senté durante un buen rato frente al coro. Su disposición semicircular y su antigua sillería me recordaron inmediatamente al coro alto del Convento del Rosario, en Lima. Pensé que, siglos atrás, en un espacio semejante, Santo Domingo y sus primeros compañeros se reunían para la oración comunitaria. Aunque luego, conocí el coro interno donde todavía se reúnen los frailes para las oraciones litúrgicas.Allí comprendí de nuevo que la vida dominicana no nació solamente de grandes ideas. Nació también de hombres que rezaban juntos, estudiaban, celebraban la liturgia y dejaban que la Palabra de Dios penetrara en sus vidas.
Domingo ha sido llamado un hombre que era “Evangelio viviente”. La expresión me parece particularmente significativa. El Evangelio no fue para él únicamente un libro que debía ser estudiado o una doctrina que debía ser predicada. Se convirtió en una forma de vida.
Y pensé entonces en una convicción que me acompaña desde hace tiempo: quien no estudia ni ora corre el riesgo de convertirse en una persona violenta. Violenta consigo misma, con los demás y también con la verdad. El estudio nos enseña a buscar; la oración nos enseña a escuchar. Sin ambos, la predicación puede convertirse fácilmente en imposición.

La tumba de Santo Domingo

El lugar que atrae inevitablemente a todo peregrino es la tumba (sarcófago) de Santo Domingo de Guzmán, fallecido en Bolonia en 1221.
sarcofagoEl monumento funerario, conocido como el Arca di San Domenico, fue trasladado a su ubicación actual en 1267 y constituye una de las grandes obras de la escultura medieval y renacentista italiana. En él participaron artistas de distintas generaciones, entre ellos Nicola Pisano y sus discípulos, y posteriormente Niccolò dell'Arca. Miguel Ángel también intervino en la realización de algunas de las esculturas del conjunto.
La historia del monumento es casi una historia de la propia memoria dominicana: diferentes artistas fueron añadiendo, modificando y completando la obra a lo largo de los siglos. Las esculturas y relieves narran episodios de la vida de Domingo y presentan figuras bíblicas y santos que ayudan a interpretar su misión.
Pero delante de la tumba todos esos datos históricos adquieren otro significado.
Uno puede estudiar las fechas, los nombres de los escultores y las características artísticas del monumento. Sin embargo, cuando uno se encuentra allí de pie, frente a los restos de Santo Domingo, la pregunta deja de ser únicamente histórica: ¿qué queda de Domingo en nosotros?
Ante la tumba era inevitable detenerse, guardar silencio, rezar y, por supuesto, tomar algunas fotografías. A veces el silencio se rompía por la emoción o por la presencia de otros peregrinos. Pero había un lugar que atraía particularmente mi atención: el relicario dorado que contiene el cráneo de nuestro padre Santo Domingo.
La historia de esta reliquia es antigua. El 15 de febrero de 1383 se abrió el sarcófago para extraer el cráneo, que fue colocado en un relicario de plata dorada realizado por el orfebre Jacopo Roseto. El 11 de noviembre de 1411, las reliquias fueron trasladadas para su veneración a la capilla donde actualmente se encuentran.glorificacion de Domingo
Al levantar la mirada, la arquitectura conduce hacia lo alto. En la bóveda se contempla el fresco de la Glorificación de Santo Domingo, realizado por Guido Reni en 1617. La imagen parece completar el movimiento de toda la capilla: de la tierra donde reposan sus restos hacia el cielo al que apunta su vida.

La celda

Se acercaba el momento del regreso. Era el 24 de enero.
Me desperté temprano. Sentía dentro de mí un imperativo difícil de explicar: necesitaba volver a orar ante la tumba de Santo Domingo.
Salí de la hospitalità (el hospedaje) y caminé por los pasillos internos del convento. Antes de llegar nuevamente a la tumba, pregunté en mi pésimo italiano si podía entrar a algún otro lugar. Solo alcancé a entender una palabra de la respuesta del sacristán:
“Celda”.
Me hizo señas para que lo siguiera. Mi experiencia es que los frailes se caracterizan por su hospitalidad y por mostrar lo significativo para quienes cruzamos el océano en busca de aquella raíz.
Caminamos por un pasillo hasta llegar a una habitación pequeña. Entonces comprendí: era la celda de Santo Domingo de Guzmán.
Entré.
Y allí ocurrió algo que no esperaba.
Me encontré solo, en silencio, en aquel espacio pequeño donde Domingo había rezado, pensado, sufrido y seguramente llorado por los pecadores. Un hombre había vivido allí hacía casi ochocientos años. Sin embargo, la distancia histórica desapareció por un instante.
Pensé en Domingo y pensé también en mí.
En aquel lugar había orado un hombre que había llevado en el corazón las preocupaciones de la Iglesia, de la predicación y de los hombres y mujeres de su tiempo. Allí había llorado por los pecadores.
Como yo.
Y entonces ya no pude rezar.
Solo lloré.
No fueron lágrimas de tristeza. Fueron lágrimas de agradecimiento. Agradecimiento a Dios por haberme permitido estar allí, por la historia que me había precedido, por la Orden a la que pertenezco y por todos aquellos frailes que, generación tras generación, han intentado mantener vivo el sueño de Domingo.
En la pequeña celda había un altar, antiguos leccionarios, la bula de aprobación de la Orden y algunos objetos vinculados a su memoria. Eran cosas sencillas. Pero precisamente esa sencillez hacía más fuerte la experiencia.
No estaba ante un monumento.
Estaba ante una vida entregada.
Un Evangelio que sigue caminando
Al salir de aquella celda comprendí que la peregrinación había cambiado de sentido.
Había llegado a Bolonia buscando historia y encontré una llamada.
Había querido conocer los lugares de Santo Domingo y terminé preguntándome qué lugares ocupa hoy el Evangelio en mi propia vida.
Había contemplado su tumba, pero en aquella celda entendí que la verdadera herencia de Domingo no está en un sepulcro, por hermoso que sea. Está en hombres y mujeres capaces de continuar su camino: orar, estudiar, contemplar, anunciar y servir.
Santo Domingo es llamado “Evangelio viviente” porque hizo de su propia existencia una palabra pronunciada para los demás. Su vida se convirtió en predicación antes incluso de que sus labios anunciaran el Evangelio.
Quizá por eso la celda fue para mí más impactante que la tumba.
La tumba habla de la muerte de Domingo.
La celda habla de su vida.
Y allí, en aquella habitación pequeña y silenciosa, comprendí que la pregunta fundamental no era cuánto sé de Santo Domingo, sino cuánto del Evangelio estoy dispuesto a hacer vida en mí.
celda de santo domingo boloñaMis hermanos - Carlos, +Héctor y Martín, me esperaban para desayunar y continuar aquella peregrinación por otros lugares históricos y significativos de la presencia dominicana.
Salí de la celda con los ojos todavía húmedos.
Afuera seguía haciendo frío.
Pero llevaba conmigo una certeza cálida y sencilla: el Evangelio puede seguir viviendo cuando una persona decide entregarle su vida.

Puedes ver las fotos de la tumba de Santo Domingo de Caleruega:
Click para ver





  

Séptima Palabra:


A su eterno Padre, ya el espíritu encomienda;
si mi vida no se enmienda,
¿en qué manos parará?
En las tuyas desde ahora
mi alma pongo, Jesús mío;
guardaría allí yo confío
para mi última hora.

"Era ya eso de medio día, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente dijo: ´Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu´. Y  dicho esto expiró:" (Lc 23, 46) "Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.» 48. Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho."

Padre:
-         Se dirige al “Padre”: con la seguridad de un niño, Jesús ofrece un grito muy fuerte con lo último del aliento que le quedaba: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23, 46). Cuando tenía sólo 12 años, Jesús dice a sus padres que lo habían estado buscando durante tres días: “¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre?” (Lc 2, 49).
-         Abbá Padre: es una expresión aramea, (Mc. 14, 36 Gal. 4,6 Rom. 8, 15).   “Abbá” expresa no sólo la alabanza tradicional de Dios “Yo te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra” (cf. Mt 11, 25), sino que, en labios de Jesús, revela asimismo la conciencia de la relación única y exclusiva que existe entre el Padre y Él, entre Él y el Padre. Extraordinarias palabras conservadas por Mateo (Mt 11, 27) y también por Lucas (Lc 10, 22): “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”.
-          “Abbá”  testimonia esa particular comunión de personas que existe entre el padre y el hijo engendrado por Él, entre el hijo que ama al padre y al mismo tiempo es amado por Él. Cuando, para hablar de Dios, Jesús utilizaba esta palabra, debía de causar admiración e incluso escandalizar a sus oyentes. Un israelita no la habría utilizado ni en la oración. Sólo quien se consideraba Hijo de Dios en un sentido propio podría hablar así de Él y dirigirse a Él como Padre. “Abbá” es decir, “padre mío”, “papaíto”, “papá”.
-         Abbá: en la oración en Getsemaní, Jesús exclamó: “Abbá, Padre, todo te es posible. Aleja de mí este cáliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras” (Mc 14, 36).
-         Al final de su vida, en la oración sacerdotal con la que concluye su misión, insiste en pedir a Dios: “Padre, ha llegado la hora, glorifica tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti” (Jn 17, 1). “Padre Santo, guarda en tu nombre a éstos que me has dado” (Jn 17, 11). “Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conocí...” (Jn 17, 25). Ya en la parábola sobre el juicio final, proclama: “Vengan a mí, benditos de mi Padre...” (Mt 25, 34). Luego pronuncia en la cruz sus últimas palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46). Por último, una vez resucitado anuncia a los discípulos: “Yo les envío la promesa de mi Padre” (Lc 24, 49).
-         Padre: “Ego et Pater unum sumus”  “somos una misma persona” “somos uno”, en la teología trinitaria se entiende “para que conozcan y sepan que el Padre está en mí y yo en el Padre”. La unicidad con el Padre mostrada en el diálogo con Felipe: “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta” (Jn. 14:8)  Jesús le dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (vs.9).
-         Jesucristo “conoce al Padre” tan profundamente, ha venido para “dar a conocer su nombre a los hombres que el Padre le ha dado” (cf. Jn 17, 6) Un momento singular de esta revelación del Padre lo constituye la respuesta que da Jesús a sus discípulos cuando le piden: “Enséñanos a orar” (cf. Lc 11, 1). Él les dicta entonces la oración que comienza con las palabras “Padre nuestro” (Mt. 6, 9-13 Lc. 11, 2-4).  
En tus manos:
-         La mano de Dios es la de la justicia, la del amor. Ante un Dios justo y amoroso sólo nos queda confiar, abandonarnos a sus manos. Dejar nuestra vida en sus manos.
-         La mano creadora, es remontarse al creador del mundo, del ser humano. Reconocer que es la mano que amasa la vida de cada uno.
-         Es la mano que muchas veces sanó al paralítico, devolvió los ojos al ciego, resucitó a la Hija de Jairo, al hijo de la viuda, a su amigo Lázaro. Es la mano que puede restaurarnos interiormente.
Encomiendo mi espíritu:
-         El último aliento de Jesús. La oblación de su propia vida, a disposición de su Padre.
-         La oblación de la propia vida, que Jesús pone a disposición del Padre. Invoca el salmo 30,6, en que el justo atormentado confía su vida al Dios bondadoso y fiel:
-         ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia! Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. Yo pongo mi vida en tus manos: Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. Oigo los rumores de la gente y amenazas por todas partes, mientras se confabulan contra mí y traman quitarme la vida. Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: “Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos”. Líbrame del poder de mis enemigos y de aquéllos que me persiguen.

Finalmente, 
El Unigénito de Dios no estuvo exento de la muerte.
Nació humanamente y murió humanamente.
Su madre lo vio nacer y también lo vio morir.
Sin su muerte la expiación jamás se hubiera llevado a cabo.
Jesús fue el cordero escogido desde la eternidad. (1 Pedro 1:19-20)
Jesús fue el cordero mudo que se dejo llevar al matadero. (Isaías 53:7)
Jesús fue el cordero inmolado. (Apo. 5:12)
Jesús fue el cordero de Dios que quita el pecado. Juan 1:29.


Gloria de su Gloria, Dios de Dios,
de siempre igual a El,
Tú has venido del Padre.
Y ahora al Padre vuelves
desde nosotros, igual a nosotros,
Dios y Hombre para siempre.

En el seno del Espíritu
el Padre te acoge, Hijo Bienamado,
Amén de su Amor ya satisfecho.

La Muerte ha sucumbido en tu Muerte
como un fantasma inútil, para siempre.
Y en tus Manos reposan nuestras vidas,
vencedoras de la muerte, a su hora.
En tu Paz descansa esperanzada
nuestra agitada paz.

Descansa en Paz, por fin,
en la Paz del Padre, eterna,
Tú que eres ¡nuestra Paz!

(Casaldáliga, Pedro.)

SOS

¡Ayúdame a vivir la Semana Santa!


Es una petición expresada con el corazón contrito. Si no crees, respeta. Si crees y no vives tu cristianismo, humildad. Si no te interesa no tienes autoridad para opinar. Pero, puedo expresarme y contarte algunas pinceladas de la Semana Santa.

La Semana Santa es usada por muchos para descansar, aprovechada como vacaciones y algunos como la “semana tranca”. Como descanso o como vacaciones, igual podrías vivirla mejor. En todo caso, Dios te creó libre incluso para relativizarlo o negarlo.

¿No te interesa? De todas maneras te afecta, ya seas ateo, relativista, agnóstico, indiferente,... No puedes negar los más de 500 años de cristianismo en Latinoamérica, con su aporte a la música, a la pintura, a la educación y a la comunicación de la Palabra de Dios. El canto de los humildes al Dios de la vida tiene más de 2000 años. Cuidado, que tu antipatía no se agrave con la ignorancia.

Te cuento que la Semana Santa se inicia con el Domingo de Ramos, evocando aquel día en que Jesús ingresó montado en un asno, de manera triunfal en Jerusalén, y el pueblo lo aclama como el Rey de reyes. Montar aquel asno significa humildad, como protesta al carruaje lujurioso y soberbio de los gobernadores romanos. Para algunos, la experiencia más clara de un pueblo bipolar, obvio, no es raro, muchos de los que claman y  alaban al Señor el domingo, el viernes exclamarán: ¡Crucifícalo!

Te cuento que si tú ayudas a vivir la Semana Santa aportarás a la paz y ayudarás a tus amigos a tener sensibilidad cristiana. Sorpréndete como San Pedro ante un Jesús que te lava los pies como signo de servicio y humildad en un Jueves Santo. Lavar los pies es un acto de caridad, una expresión del puro amor. ¿Acaso no es urgente desarrollar esa capacidad de amar ante la violencia y de humildad ante tanta soberbia?

Sin este gesto de Jesús, muchos enfermos, ancianos, niños y pobres no tendrían alimento, educación, cuidado de su salud. Las obras sociales de la iglesia no serían un remedio ante la injusticia y corrupción. No hay comunión sin paz, sin perdón, sin amor. Jesús invitó a cenar a todos, a la comunión, pero unos deciden no ir porque quieren salvar sus negocios, otros no quieren mezclarse con la “chusma”, otros simplemente necesitan verse al espejo. El cristianismo no plantea acciones inhumanas.

Te seguirás sorprendiendo si valoras que ese Viernes Santo Jesucristo es traicionado por su discípulo, negado por otro discípulo, abandonado por algunos discípulos y amigos. Lo único que le fortalece es la mirada amorosa de su madre y de su discípulo Juan que impotentes no pueden hacer algo contra tanta injusticia. 

Es un tipo incómodo para muchos políticos y religiosos que tienen “rabo de paja” y le han planteado falsas causales para matarlo. La injusticia no triunfó, el egoísmo se consumió en su amor propio. ¿La justicia es un imperativo en nuestro Perú? Pues, el que ama pierde poder.

En el camino a la cruz con un cansancio hasta sudar sangre, hematidrosis; castigan a Jesús con las burlas, latigazos, escupitajos y corona de espinas. Jesús revoluciona tanta maldad con el perdón, incluso a sus enemigos. Si estas actitudes cristianas se darían en tu vida, en tu hogar, el perdón no germinaría violencia, las malas intenciones de los corazones se disiparían. Por la paz, el amor, la justicia ayúdame a vivir la Semana Santa.

El viernes de dolor los cristianos nos unimos al sufrimiento de muchos Cristos en la guerra, a enfermos terminales, a niños desahuciados, con personas en conflicto espiritual y psicológico, etc. Por ello, el jueves se inició la eucaristía, el viernes continúa con la pasión de Jesucristo, hasta la Vigilia Pascual que se llena de alegría por la resurrección.

Es como llover sobre mojado recomendarte que si tienes un amigo que vive este triduo no le hagas planes, déjalo recargarse espiritualmente, asegúrate de tener un amigo con espíritu, con buen corazón. No le pongas contra la pared, no seas una tentación, con tus propuestas porque él necesita vivir la Pascua. Si me invitas a una fiesta no podré ir porque Dios ha muerto, el sentido de mi vida ha perdido base.  

El sábado, es la vigilia pascual, es la fiesta de la resurrección de Señor. Esta fiesta sí podemos celebrarla, con música, bailando, aplaudiendo, cantando, expresándonos afectividad,... La resurrección es la pieza que falta al rompecabezas para despejar toda duda de que Jesús es Dios. Es más, la Pascua se sigue celebrando una semana.

Seguimos a un Dios hecho hombre, Jesucristo, para que el hombre camine a la divinidad. Resucitado aunque a veces no tengamos cara de resucitados. Redentor aunque existan quienes no necesitan ser liberados.

El aporte de la Semana Santa a mi vida es muy importante, me plantea una tarea humana sublime. Por ello, es un pedido de corazón que me ayudes a vivir la Semana Santa. 

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Hola, soy Javier Abanto. Escribo reflexiones, vivencias y anécdotas. Publico artículos de teólogos y poetas. Estudie teología y comunicación. Desde el 2005 me dediqué a la docencia universitaria y a la gerencia de emisoras de corte cultural y religioso. La vida necesita de alegría y esperanza. Necesitamos a Dios en nuestra vida.
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¿Qué es "Luciérnaga"?

"Luciérnaga" Surge para expresarme de manera sencilla. Las luciérnagas remiten a mi origen rural - andino. Son visibles al caer la noche y hacen volar la imaginación con sus luces intermitentes, propias y naturales.

Luciérnaga se dirige a las personas de buena voluntad que buscan vivir con justicia y paz. Necesitamos del humor y la alegría. Y, sin duda, el mundo necesita de Dios.

Gracias por leer y compartir, no olvides comentar.

Javier Abanto Silva
javierabantosilva@gmail.com

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